El Tiller, y su importancia


Como Tiller se conocía antiguamente a una varilla de madera que contaba con una serie de ranuras, y que se colocaba en el centro del arco, introduciendo la cuerda en la ranura más cercana a él. Se medía entonces la curvatura que adquirían las palas. Una vez hecho esto, la cuerda se introducía en la ranura siguiente, volviendo a medirse de nuevo la curvatura de las palas, y así sucesivamente en las demás ranuras. La intención, como os habeis podido imaginar, era comprobar si, a lo largo de la tensión del arco, las dos palas actuaban por igual.

Hoy en día, el término Tiller se emplea para designar la debida proporción que entre sí han de tener las dos palas del arco.

El arco es un elemento que almacena una energía estática, que se transforma en cinética al cumplir su función de impulsar la flecha. Los antiguos constructores de arcos sabían muy bien que el satisfactorio vuelo de una flecha dependía básicamente de que cada una de las dos palas liberase en su impulso la misma cantidad de energía acumulada.

En la edad media, el arquero cogía el arco justo por su mitad, apoyando la flecha sobre su mano. Esto hacía que las palas del arco trabajaran por igual. De ser siempre así, de encontrarse el punto de presión de la mano siempre en el mismo centro del arco, y hacer que las palas trabajaran por igual, lo convertiríamos en un arco simétrico. Al coger el arco por la mitad y responder las palas de igual manera, el reglaje del arco era del todo innecesario.

En la actualidad, en nuestros arcos hemos complicado bastante las cosas. Son las empuñaduras de los arcos las que se amoldan a nuestra mano. Hacen que el punto en el que situamos la empuñadura, no corresponda al de la flecha, ya que la situamos entre 4 y 5 centímetros por encima de él. Al no estar, por la circunstancia que anteriormente he descrito, el punto de enfleche en el centro de la cuerda, la parte superior de ésta, que va desde el punto de enfleche hasta el tip de la pala superior, es más corta que la parte inferior de la cuerda que va desde el mencionado punto de enfleche hasta el tip inferior. La parte superior de la cuerda hace dar más energía a la pala superior que a la inferior. A esta circunstancia debemos añadir que la colocación de los dedos y la presión de la mano sobre la empuñadura hacen variar aun más el equilibrio energético de cada pala.

Los constructores de arcos modernos han resulto este problema dando más resistencia a la pala inferior que a la superior, o bien debilitando a la superior con respecto a la inferior, de ahí la importancia que tiene el hecho de que, al montar un recurvado por ejemplo, se nos indique claramente cual es la pala que debemos colocar en el anclaje inferior del cuerpo de nuestro arco, y cual en el superior. Esto nos hace despreocuparnos también en los arcos compuestos o de poleas, ya que, hasta hace pocos años, se aconsejaba por los fabricantes aumentar la presión en el tornillo de la pala de abajo una o dos vueltas para equilibrar así, en cierto modo, el problema. Hoy en día, esta descompensación ha sido equilibrada por los ingenieros a la hora de fabricar los arcos, por lo que no es necesario dar esa potencia de más a la pala inferior.

El problema ahora lo presenta el arquero y su forma de colocar los dedos índice, corazón y anular en la cuerda a la hora de abrir el arco. Sobre todo si se utilizan arcos con mucha potencia, se puede hacer más presión sobre uno de los dedos que sobre los otros, elevará sensiblemente la presión más sobre la parte superior de la cuerda que sobre la inferior, o lo que es lo mismo sobre la pala inferior o sobre la superior, llegando a producirse una pequeña descompensación.


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