En Chiapas, los enmascarados desenmascaran al poder.
Y no solamente al poder local, que está en manos de los
devastadores de bosques y los exprimidores de gentes.
La rebelión zapatista viene desnudando también al poder
que reina sobre todo México, un poder cuyas peores costumbres
enseñan que las urnas y las mujeres están para ser violadas,
y que hacer política consiste en robar hasta las herraduras
de los caballos en pleno galope.
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