La fuerza de la intención:

Los hombres jóvenes estaban aprendiendo a cazar con sus arcos y flechas. El arquero más astuto de la Tribu les enseñaba las técnicas para procurar alimento a su Pueblo. El viejo cazador explicó a los muchachos un extraño sistema que, según contó, constituía el secreto de su éxito. Hacía sus propias flechas y les enseñó como hacerlas con amor. Se pinchó un dedo con su cuchillo y puso una pequeña gota de sangre en cada flecha, mientras, silenciosamente, colocaba su propósito en cada creación.

Los muchachos mostraban curiosidad. ¿Qué era lo que el Viejo ponía en sus flechas mágicas? No tuvieron que esperar mucho tiempo para que el cazador les dijera: "Doy gracias al Gran Misterio por los animales que proveerán alimento a mi familia. Le pido que dirija mis flechas para conseguir una muerte limpia y sin dolor. Finalmente, pongo una gota de mi sangre en cada flecha, que representa el lazo de sangre que compartimos con nuestros Hermanos de Cuatro Patas y nuestros Hermanos Voladores, que ofrecen su cuerpo como alimento para que sobreviva nuestro Pueblo. Muestro mi gratitud al Creador por guiar mis manos y estas flechas antes de colocarlas en el arco. Mis honorables intenciones dan a mis flechas su propia fuerza. Nunca tenso mi arco por completo, pues utilizar demasiada fuerza destruiría las sagradas intenciones que llevan mis flechas".


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