Mira a lo Lejos:

La Madre del Clan se afligió por los caminos errantes de sus hijos humanos. Mira a lo Lejos sabía que sus propias lecciones, que permitían a sus criaturas ver por ellas mismas, eran una parte de su crecimiento. Era muy doloroso ver cómo la tribu Humana se martirizaba. Sus lecciones humanas eran dolorosas de soportar cuando veía su angustia, debida a los golpes duros que experimentaban continuamente.

El ojo de su mente se encendía con las imágenes de los caminos que tomaban. Algunos se alejaban del carácter sagrado de la vida a través de sus heridas, corazones rotos y sueños perdidos. Otros seguían los vacíos caminos de la codicia por dinero, fama o poder que prometían valores superficiales. En verdad, los que habían sido seducidos por la codicia sólo necesitaban el reconocimiento de que eran amados.

Estas criaturas sumidas en el dolor no se daban cuenta de que sus conexiones con su propio Yo y con el Creador se habían roto, creando los cortocircuitos que les hacían perder de vista el camino. Algunos renunciaron, otros fueron traicionados por su incapacidad para curar su propio dolor, todos sus hijos errantes habían perdido la intuición que podía señalarles el camino a casa.

Mira a lo Lejos estuvo entre los mundos, en la Puerta Dorada de la Iluminación, y se dió cuenta finalmente de que tenía algunas lecciones propias. Podía aprender muchas cosas mientras mantenía la puerta de la iluminación abierta para los otros. ¡Al acordarse de esto, descubrió que su lección, en esta situación, era aprender a tener paciencia!


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