Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Miércoles, 1 de Enero de 2003

Querido diario.

2003, primeras sensaciones...

Siguiendo lo que es ya una vieja costumbre, iniciaré el nuevo año dando vuelo a unas cuantas flechas en buena compañía, por ese motivo he quedado citado con el viejo José para descorchar nuestros carcajs, extraer unas flechas y brindar con ellas en nuestro bosque. Pero esta vez he madrugado un poco más, tengo una primera cita con el bosque a solas, sé que me está esperando.

Primera hora de la mañana, cuando todos duermen... me encuentro en el interior del bosque caminando silencioso haciendo crujir con suavidad una capa de hojas y agujas de pino, envuelto en una fragancia que me acaricia y me habla de montaña, asciendo la dura pendiente y escucho el rozar de las ramas, arriba, por donde apenas asoma entre las copas un trozo de cielo azul, está amaneciendo.

Cierro un instante los ojos para volver atrás, y es como si en cualquier momento pudiese aparecer un gnomo, una hechicera, un templo abandonado, una caverna amenazante y repleta de tesoros, una Venus derruida, un ciervo de ojos brillantes, una enigmática mujer vestida de negro... es la magia de los bosques que susurran, crujen y sueñan como gigantes dormidos y se agitan inquietos al sentir mis pasos. Pero soy demasiado pequeño, demasiado insignificante para despertarlos, mis pies se deslizan tenues sobre la alfombra perfumada a pino inventando crujidos sobre las hojas secas, a mi espalda, como si alguien invisible estuviera siguiendo mis pasos.

¿Como si alguien...? ¡por las barbas de mis ancestros! tengo la sensación de que alguien me está siguiendo, además... puedo leer cierta complicidad en los árboles que me rodean. Es momento de detenerse y tomar un respiro, mis pensamientos vuelan, retroceden unos días, la imagen de Matho mi hermano lakota con quien comparto el camino del arco aparece en mi mente, a su lado la pequeña Apawin sonríe abrazada por Weeko su madre, elevo mi vista al cielo y entre las copas de los árboles distingo a Ikoyake nuestro querido cuervo loco sobrevolando la zona, Ikoyake (Jordi) el cuervo loco más cuerdo que he tenido el placer de conocer. Resuena en mi interior la voz de Matho pronunciando un nombre... "Iya Can" (el que habla con los árboles) mi nuevo nombre lakota que Matho me ha revelado antes de finalizar el año, no creo que le haya sido difícil conociendo mis pasiones arbóreas. Un murmullo de ramas me envuelve mientras escucho en mi mente una y otra vez una voz hueca como de madera vieja pronunciar... "Iya Can".

Prosigo mi camino con la certeza de que no estoy solo en el bosque, desciendo una ladera de la montaña hasta encontrarme con un árbol centenario inmenso. Los árboles centenarios suelen tener alrededor muchos hijos, nietos y biznietos, a veces bosques de sus sucesores. Sus semillas tienen un potencial genético de especial interés por su demostrada resistencia ante enfermedades y avatares de la vida de un árbol. A pocos metros de distancia lo que fuera otro inmenso árbol centenario ha finalizado sus días, un viejo tronco hueco y podrido me sugiere que algo debe sucederle, en su interior me dispongo a plantar uno de sus retoños. La sustitución de un árbol centenario por su sucesor puede hacerse plantando su hijo o mejor sembrándolo en el interior del tronco hueco, así se beneficia la nueva planta de los restos de la anterior y sigue el camino de sus antepasados por las vías abiertas en la tierra.

Una vez efectuada la siembra del retoño me comprometo a repetir la visita a esta vieja cuna, es importante que mis próximas visitas al futuro árbol no se conviertan en algo rutinario, nuestra relación ha de ser creativa y viva para que el beneficio sea mutuo. La comunicación querido diario se establece cuando nuestros ritmos se encuentran y bailamos al mismo son por decirlo de algún modo. Podemos acercarnos a este ritmo común mediante el sueño, la relajación y la meditación, la contemplación, el ayuno, el silencio... a veces ni siquiera es necesario estar junto al árbol para gozar de su compañía. Una vez establecido el vínculo, la evocación de la entidad arbórea sirve para comunicarme con ella, lo mismo despierto como en sueños.

Regreso a la zona de entrenamiento, monto la cuerda a mi arco y mientras preparo unas cuantas flechas escucho a lo lejos el sonido de un viejo motor, es José que acude a la cita.

Saludo a José con la mano alzada, voy a su encuentro y nos damos un fuerte abrazo deseándonos un 2003 cargado de ilusión y salud. Preparados con los arcos en la mano y los carcajs repletos de flechas iniciamos lo que serían tres vueltas a 11 dianas 3D, más unas cuantas series en algunas 2D.

Al mediodía damos por inaugurado este nuevo año.

Que el gran árbol siga protegiéndonos.

Robin

Viernes, 3 de Enero de 2003

Querido diario.

Voy a comentar algunas de las dianas 3D sobre las que disparamos habitualmente con José.

Solemos iniciar el recorrido en la entrada del bosque, allí localizamos las piquetas azul y roja, contactando con el pie la piqueta hay que disparar a un pavo gordote colocado de lado frente a nuestra posición, no entraña ninguna dificultad a una distancia aproximada de 25 metros, no hay obstáculos por lo que no es necesaria ninguna postura forzada, fijamos nuestra atención en el cuerpo del pavo, allí donde termina el color blanco de las plumas es donde está situado el pleno, lo resolvemos bastante bien.

Seguimos el recorrido bajando una pendiente y siguiendo un pequeño sendero en el bosque, alcanzamos las piquetas, en esta ocasión tenemos un pecari a muy poca distancia, es un tiro sin dificultad aparente, salvo que la diana queda en diagonal por lo que habrá que precisar el tiro, soy consciente que en muchas ocasiones los disparos aparentemente fáciles se fallan.

Ascendemos una escalinata labrada en el terreno hasta divisar un jabalí de pequeñas dimensiones, la distancia no es excesiva pero hay que estar atento al pleno que en esta diana está localizado un poco más arriba de lo habitual, soltamos las dos flechas. Hasta el momento no hemos tenido complicaciones que resolver, seguimos ascendiendo por el sendero hasta alcanzar el camino de acceso al club el cual atravesamos para seguir ascendiendo por la parte alta del bosque en busca de la siguiente diana.

pecaripavocastor

Nos encontramos en un desnivel importante, desde la posición de tiro hasta la diana hay un buen disparo hacia arriba, situados en las piquetas de tiro vemos un castor en un punto elevado de un margen de tierra que linda el bosque de pinos de la zona alta, la distancia y el tamaño de la diana exige precisión, observo como detrás de la diana no hay ningún obstáculo natural, si fallamos... las flechas pueden ir a esparragar, soltamos sin miedo alcanzando la zona de herido sin problemas, recogemos y nos dirigimos hacia la siguiente diana recorriendo un hermoso sendero cubierto por una alfombra de agujas de pino.

Nos encontramos ante un urogallo, es un tiro corto hacia arriba pero el bicho está colocado con picardía, José dispara su primera flecha que rebota en el lomo del animal perdiéndose entre los matorrales superiores, cuando toca mi turno analizo lo que ha sucedido... una rama gruesa atraviesa el espacio que hay entre la diana y el arquero por lo que coloco mi rodilla izquierda en el suelo para evitarla y poder ignorarla, al estar la diana más alta que la posición de tiro y arrodillarme cierro la posibilidad de acertarle al pleno que se encuentra situado sobre las alas del animal, opto por asegurar las dos flechas disparando a la panza del animal, dos heridos siempre son más que dos flechas perdidas.

Seguimos en busca de la siguiente diana, posiblemente la más difícil de este mini circuito, es la que denominamos el ciervo de la piedra, se trata de un ciervo que está situado arriba en una pendiente, la flecha ha de atravesar prácticamente un túnel entre la maleza y las ramas de los árboles, me doy cuenta de que es un tiro difícil para vuelos con parábola, por ello me agacho un poco para evitar que la flecha choque con las ramas que atraviesan el túnel por la parte superior, pero al agacharme, la enorme piedra situada frente a la diana tapa visualmente la mitad de la zona del pleno lo cual intimida bastante. Aspiro profundamente y borro de mi cabeza esa enorme piedra fijándome solo en el ciervo, en mi mente no hay ramas, no hay piedra, solo hay ciervo y una flecha que disparar, suelto y veo como la flecha sobrepasa la piedra en el justo momento de iniciar el descenso de su parábola clavándose en la zona de pleno, ¡bien!.

José lanza su primera flecha y da de lleno en la piedra, las chispas resultantes del impacto nos dan a entender que la flecha ha pasado a mejor vida. A consecuencia de este primer disparo y tal y como temía que iba a suceder el segundo disparo de José resulta excesivamente alto sobrepasando al ciervo, el miedo a la piedra ha hecho que la segunda flecha se clave en un terraplén que hay detrás de la diana, recogemos flechas mientras le recuerdo a mi compañero que "flecha disparada, flecha olvidada" hay que evitar que nuestros anteriores tiros o resultados de puntuación nos condicionen, si nos dejamos llevar por ello estamos literalmente perdidos.

Abandonamos la puñetera piedra de mechero come flechas y nos dirigimos hacia un pequeño zorro que aparentemente no entraña dificultad, "aparentemente"... pero un árbol grueso situado a la izquierda a mitad de recorrido hará que nuestras flechas se desvíen hacia la derecha del animal, tocando zona de herido y alejándonos del pleno, de nuevo, el temor al obstáculo ha condicionado nuestro tiro.

Bajamos una pendiente hasta situarnos frente a un pecari, esta vez un poco más alejado, está a una distancia algo larga, hay que precisar bien la distancia puesto que el momento del impacto coincidirá con el descenso de la flecha, una pequeña imprecisión y la flecha sobrepasará la diana o comerá hierba frente a ella, ¡que cojonudo es tirar con arco!

Seguimos el recorrido bajando a la zona que linda con el campo de entrenamiento, hasta situarnos en las piquetas. A unos 35 metros un hermoso oso negro espera nuestras flechas, no entraña dificultad, solo precisión para alcanzar la zona de pleno situada en la panza junto a la pata delantera. Las primeras flechas alcanzan el lomo del animal, las segundas el pleno al corregir el excesivo alzamiento del arco.

segundo pecarioso

Nos encontramos en la explanada de la zona de entrenamiento, desde campo abierto hemos de disparar nuestras flechas a un ciervo que se encuentra en el interior del bosque que linda la zona, hay que estar atento a la distancia, disparar de claro a oscuro engaña, además hay que bajar un poco la visera de la gorra porque el sol nos da de frente dificultando la perfecta visualización de la diana, disparamos las flechas escuchando ese "TOC" característico que nos indica que la figura 3D ha sido alcanzada, ignoramos si hemos alcanzado pleno. Al ir a recoger las flechas comprobamos que todas se han agrupado hacia la izquierda, posiblemente uno de los árboles ha influido en esa derivación, me repito mentalmente... hay que tener en cuenta los obstáculos pero no hay que dejar que influyan de esa forma en nuestros tiros.

Por último le atizamos un buen par de flechas a una pequeña diana que hace unos días hemos ubicado en la zona de entreno, desde la piqueta solo es posible dispararle a través de un agujero que hay en un gran matorral a unos 20 metros hasta la diana, no hay que precipitar el disparo ya que la zona de pleno es extremadamente pequeña. Nuestro mini recorrido ha llegado a su fin.

Robin

Sábado, 11 de Enero de 2003

Querido diario.

Pon tus sentidos a flor de piel y lee...

Algunos años atrás, en las Olimpiadas Especiales de Seattle, nueve participantes, todos con deficiencias mentales o físicas, se alinearon para dar la salida en una carrera de 100 metros lisos.

Al sonar la señal, todos salieron, no exactamente a toda velocidad, pero con la voluntad de dar lo mejor de sí, terminar la carrera y ganar.

Todos, con la excepción de un muchacho que tropezó, cayó al suelo y comenzó a llorar.

Los ocho restantes escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron hacia atrás. Todos ellos se detuvieron y dieron la vuelta.

Una de las muchachas, con Síndrome de Dawn, se agachó, le dió un beso al muchacho y le dijo: "Tranquilo, ahora te vas a curar".

Los nueve competidores se tomaron de las manos y caminaron juntos hasta la meta.

El estadio entero se puso de pie y los aplausos duraron varios minutos. Las personas que estaban allí continúan repitiendo esta historia hasta hoy.

Tal vez los atletas eran deficientes mentales... Pero con seguridad no eran insensibles.

¿Por qué?

Porque, en el fondo todos sabemos que lo que importa en esta vida, más que ser un ganador solitario es ...

... ayudar a los otros a vencer, aunque esto signifique disminuir el paso y cambiar el rumbo.

Buenas noches diario...

Robin



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