Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Viernes, 1 de Enero de 2010

Querido diario.

Gracias a la vida...



(Escuchando: "Dances with wolves BSO (John Barry)")

Atrás quedó 2009, iniciamos una nueva etapa y seguimos nuestro viaje, con los pies en la tierra y la mente surcando el espacio.

Desde hace muchos años voy contando lo que antes me contaron mis pensamientos, muchos de ellos metabolizados en el bosque, al aire libre, casi todos, creo, susurrados por el mundo que me contiene.

Lo que me rodea me ha enseñado a ser puente, pero no el de obra que se está quieto, sino el otro, el que pasa por debajo que es de agua y une muchas más cosas. No acabar nunca el viaje es el propósito. También lo es fluir hacia el origen, para ser el destino.

No cultivo la soledad aunque sí la mimo y la practico ya que a veces me parece una de las mayores suertes. Estar allí, en medio de un bosque, sin nadie, pero definitivamente conmigo, y con todo un cosmos dialogante me ha aportado delicias innumerables.



Tengo en medio del bosque tanta compañía como cualquiera en medio de una gran ciudad. Una vecindad sabia, entre otras razones porque varias decenas de millones de seres vivos me demuestran constantemente que no tienen prisa por llegar antes a parte alguna.

Qué suerte estar y sentirse vivo, un verdadero lujo al alcance de todos.

Hoy, primer día del año, desde este viejo diario, me sumo a la alegría de todos los enamorados de la incomprensible sorpresa de estar vivos, la vida amigos es un don que merece ser exprimido, pues con seguridad... ¡hay vida antes de la muerte! después, seremos sustituidos, cierto, pero eso en lugar de un irremediable final es la inabarcable importancia de ser comienzo de otro, de otros, de la vida... ese lujo del universo que se esconde en un diminuto rincón construido con polvo de estrellas. En ese rincón late la vida, y en ella... nosotros.

¡Bienvenidos a la vida amigos!

Robin

Domingo, 24 de Enero de 2010

Querido diario.

A donde mis pasos me lleven...



(Escuchando: "When you say nothing at all (Alison Krauss)")

Bailan de nuevo mis flechas en el interior del carcaj, danzan nerviosas al compás que les marcan mis pasos. A mi alrededor, una comunidad arbórea se alza desafiante, y lentamente el bosque se me revela más y más exquisito, puedo percibir con intensidad sus fragancias, sus tonalidades, sus murmullos, intuyendo toda esa comunidad que vive y late bajo su protección.

Llega el momento de detenerse, a lo lejos espera una diana, observo con atención su disposición y la distancia que nos separa, tomo mi flecha y la coloco en la cuerda. Cuando elevo el arco el bosque parece enmudecer, posiblemente sea fruto de mi abstracción y concentración. Inicio la liturgia de la suelta, ese íntimo y sagrado momento de soledad entre arco y arquero, el bosque se desvanece, solo la diana caprichosamente dispuesta espera paciente el impacto de la flecha.

El chasquido de la cuerda y el zumbido de la flecha se expanden en el bosque, en esos momentos mi vista amarrada a las blancas plumas de la flecha se pierde en la lejanía, mi corazón me da la pauta, la misma que le dicta el corazón del bosque, hasta que de repente... todo se detiene tras el impacto que se propaga entre los árboles, la flecha ha culminado su vuelo.

De nuevo mis pasos me llevan a otro rincón del bosque, las flechas siguen danzando contándose unas a otras esos instantes de vuelo que les dan su verdadero sentido. Sigo maravillado por todo cuando va apareciendo a mi paso, asciendo, desciendo, me detengo, reemprendo la marcha hasta desvanecerme en ese bosque que siempre germina en mis sueños.

Robin



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