Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Jueves 6 de Enero de 2011

Querido diario.

Pequeñas ceremonias...



(Escuchando: "Chevaliers de Sangreal (Hans Zimmer)")

Primeros pasos en el bosque en esta nueva andadura del 2011, dispuesto a conectarme al momento y a lo que se me ofrezca, este nuevo año es el momento de tensar el arco de mi vida con firmeza, con todos los sentidos abiertos, sin los filtros de las expectativas ni de los prejuicios. Descanso ahora la mente, devolviéndola a su línea base de equilibrio. Mi vista veloz sortea cada uno de los árboles mientras me adentro en la espesura captando toda su grandeza.

Una buena dosis de calma me permite caminar con intensidad y con sentido, esta mañana el bosque está especialmente hermoso. Asciendo por una ladera frondosa, es un paraje que conozco desde hace muchísimos años, tiene para mi cierta trascendencia. Es una mañana fría y mi respiración fatigada produce bocanadas de vapor, unos pasos más y me situaré bajo la protección de mi viejo amigo, un habitante centenario del bosque. Me detengo un momento esperando que mi respiración se recobre, desciende el ritmo de los latidos de mi corazón, miro alrededor para reencontrar un antiguo sendero iniciando de nuevo mis pasos hasta alcanzar mi destino en un pequeño claro, al fondo se encuentra mi viejo amigo, majestuoso, imponentemente aferrado a la tierra extendiendo sus ramas hacia el cielo, últimos pasos hasta que finalmente apoyo mi arco en su rugosa corteza.

Ha llegado el momento, desanudo una pequeña bolsa que llevo atada al cinturón de mi carcaj, de ella extraigo mi fetiche diana que no puedo citar para no revelar su misterio. Lo deposito junto a un árbol situado a unos 30 pasos y regreso. Está próximo el momento.

Extraigo mi flecha ceremonial, la sostengo frente a mí depositando en ella mis deseos para este 2011. Un haz de luz me alcanza a través de los árboles, es ahora esa misteriosa entidad quien a través de mi mente me habla con entereza... "¡Robin!" me dice... "la vida es arder a fuego lento" mi mano izquierda se afianza a la empuñadura de mi arco elevándolo y encarándolo hacia su objetivo, escucho de nuevo la voz... "No debes desconectarte del flujo de la vida" inserto la flecha en la cuerda y me preparo para el lanzamiento, en ese mismo instante el bosque empieza a rugir como un mar que quisiera engullirme, cierro mis ojos y tenso mi arco, algo resuena en el epicentro de mi ser, mi mente se relaja, también lo hacen mis dedos y de improviso la flecha parte hacia su destino.

Desnudo mi alma ante Dios, y también ante mi viejo amigo, extiendo mis brazos abarcando lo que puedo de su círculo, el bosque se nos une y el círculo se cierra, una vez más, como cada año, el aprendiz de druida se funde con el bosque para reafirmar su alianza, la flecha es el sello que estampa esta simbólica mañana ritual, el futuro aguarda.

Tomo asiento y fijo mis sentidos en todo cuanto me envuelve, escucho ahora el silencio. El silencio me enseña lo que debo callar y lo que debo decir, saber cuándo la palabra es oportuna o no, es una habilidad difícil de adquirir. De hecho, tardamos unos tres años en aprender a hablar, y a veces toda una vida en aprender el difícil arte del silencio.

A unos pocos pasos un indomable guerrero del bosque me desafía, se trata de un petirrojo que con su tic tic insistente me advierte de su territorio, lo observo mientras va dando saltitos aproximándose, no hay nada más atrevido en un bosque que un diminuto petirrojo. Escaramuzas en las copas de los árboles, un par de ardillas disputándose quien sabe que semilla. Solo hay que prestar atención, nuestro silencio amplifica los sonidos del bosque, y permite además escuchar nuestra propia voz interior.

Extraigo de mi bolsa un pequeño cuaderno y un portaminas, tomo algunos apuntes y hago unos pocos bocetos para futuros trabajos con mis lápices de colores, he de captar una infinidad de detalles, al mismo tiempo aspiro la humedad de la tierra y escucho el rumor del bosque, comprendiéndolo y formando parte de él.

Misión cumplida, deposito en la bolsa mis artilugios, recojo mi arco y me cuelgo nuevamente el carcaj en la cintura. De pie, frente al poderoso, mi último pensamiento de agradecimiento, me doy la vuelta e inicio el descenso, el mundo no espera, es necesario tomar carrerilla y montarse de nuevo en el tren de la vida.

De esta forma, sencilla y solemne, inicio un nuevo año.

Hasta pronto.

Robin

Sábado 8 de Enero de 2011

Querido diario.

Formas, texturas, colores... la melodía de la naturaleza.



(Escuchando: "If I Give My Heart (Eva Cassidy)")

Y llegó el día de desentumecer el arco, las flechas y al arquero.

Algo inquieto me despierto muy temprano, he soñado bosque, flechas, arcos y arqueros, posiblemente la abstinencia arquera me ha generado algo de ansiedad sacándome literalmente de los brazos de Morfeo. Me levanto, aseo y salgo como cada mañana a mi terraza para recibir un nuevo día, contemplo con satisfacción como va amaneciendo bajo un cielo totalmente despejado, esto promete.



Me preparo un café y cargo el cuatro ruedas con toda mi parafernalia, monto en él y juntos partimos hacia el club. El bosque estará ya desesperezándose y mis amigos arqueros desayunando... cargando las baterías para su jornada de tiro en bosque, falto yo... falto yo!!

Llego al restaurante del club y una alegría me invade al reencontrarme con mis buenos arqueros y amigos, Oriol, Fani, Parreño, Dani, Antonio, Oscar, y tantos otros, tampoco voy a pasar lista ahora. Cargo de combustible mi depósito, es decir... me atizo un desayuno como marcan los cánones del buen arquero y me incorporo en el campo de entrenamiento a la tribu arquera que hace rato está dando vuelo a sus flechas.

Todos estamos algo entumecidos, estas fiestas navideñas pasan su factura, es necesario normalizar las comidas y bajar esos kilos de más que con tanto placer hemos acumulado.

Empiezan a desfilar las patrullas de arqueros hacia el recorrido de volumétricas, yo decido quedarme en el campo de entrenamiento, dos meses es mucho tiempo sin disparar regularmente y a base de pequeñas series de tres o cuatro flechas voy recuperando el tono, aunque acuso como es lógico la falta de práctica, por la tarde me acordaría de las agujetas y de la madre que las inventó.

En cuanto al tiro no puedo quejarme, las locas de mis flechas siguen bajo mi control y eso me da confianza, así que finalmente recojo mi cámara de fotos y me voy al recorrido de dianas de campo en la zona más hermosa del bosque, mi intención es alternar el tiro a las dianas de campo con la captura de instantáneas en el bosque, primeros planos de texturas, formas y colores de aquellos detalles tan comunes que suelen pasar inadvertidos. Mi idea es la de hacer un pequeño tapiz para colgar en el diario, no hay nada extraordinario, son las más comunes de las hojas, cortezas y musgos, pero no por comunes menos hermosas.




Mis disparos con la cámara...



Todas ellas instantáneas de lo más común del bosque, y sin embargo hermosas, ya sabéis... en vuestra próxima visita al bosque, prestad más atención, no solo hay que ver... es necesario mirar y sentir la melodía de la naturaleza.



Convertiré ahora estas instantáneas en notas musicales, pensaré que si la vida fuera una melodía universal, cada ser vivo sería un compositor que con su propio instrumento crearía variaciones, la complementaría y aportaría, en determinados momentos, sus silencios, sus solos, sus acordes... Las melodías, fruto de la aportación de cada uno, se unirían a la melodía esencial de la existencia creando una sinfonía armónica o disonante. Hay tres condiciones para que el resultado sea bello. Una: es preciso tener presente la melodía base. Desoírla provoca desarmonía. Dos: podemos sorprender y dejarnos sorprender aportando o captando las notas inesperadas que embellecen la melodía de la existencia. Ahí está la emoción y la calidad de una vida. Tres: todos los seres vivos somos un equipo... si, si, somos un equipo. ¿Qué sería de una orquesta en la que cada músico fuera a su propio aire desoyendo las instrucciones del director que marca el ritmo, da la entrada, silencia, pauta, marca el inicio y el final?... el caos más absoluto.

Así sucede con nuestra vida. A veces no estamos atentos a las señales, prescindimos de los demás músicos, intentamos ser los que tocamos más alto pensando que así nuestra melodía luce más, no permitimos los solos de los demás y nos sentimos celosos de ellos, queremos marcar el ritmo del grupo o pretendemos tocar la melodía de los violines cuando quizá nuestro instrumento sea el trombón, aceleramos cuando lo que suena es un adagio, nos sentimos insatisfechos del resultado. Realmente, podemos hacerlo mucho mejor.

Nuestra misión es producir nuestra propia música y aportar notas armoniosas a la partitura universal. Pero para que sea así debemos estar atentos a la melodía que suena y a los intérpretes que la crean. Tampoco lo conseguiremos si desoímos nuestro "diapasón interior". Sin atención viviremos dando traspiés, descompasados, frustrados y desencajados. En cambio, si estamos atentos y participativos podremos sentir el gozo de fluir con la gran música de la existencia.

Ya sabéis... hay que prestar más atención.

Hasta pronto.

Robin

Sábado 15 de Enero de 2011

Querido diario.

Entrenando, paseando...



(Escuchando: "Layla (Eric Clapton)")

De nuevo en el bosque entrenando el recorrido de campo.

Esta mañana además de recuperar el tono físico y depurar un poco mi tiro con arco, he estrenado mi nueva cámara con la opción de vídeo, hice un par de secuencias pero desafortunadamente olvidé recargar las baterías antes y no pude captar todo lo que tengo en mente, pues uno de mis objetivos estos próximos meses será ir colgando vídeos en youtube sobre aspectos concretos del tiro con arco además de interesantes secuencias video auditivas del bosque, espero que sean del agrado de todos.

Es hermoso esto de tirar con arco. Todo empieza con un primer contacto bañado en entusiasmo, a partir de ese momento se aprende lo básico bajo la tutela de un monitor, posturas, sueltas, etc. y después siguen meses mecanizando todo el tiro. Hasta aquí todo anda bien, se progresa y se disfruta, pero llega un momento (no a todos por supuesto) en el que uno no recuerda esa hermosura inicial, nos encontramos embarrancados, luchando contra nosotros mismos, dominamos el arco pero no al arquero, apenas le conocemos, o lo que es peor, creemos conocerlo.

Se lee un manual y se contesta unas cuantas preguntas y uno oficialmente ya está capacitado para enseñar a dar los primeros pasos, hasta aquí no hay problema. Lo difícil viene después cuando el aspecto psicológico del arquero no le permite alcanzar sus posibilidades. En ese estado avanzado puede suceder que nos perdamos en las posturas, nos obsesionemos con las sueltas y hagamos el primo cambiando de material con excesiva frecuencia. Muchas veces, aunque no siempre, el problema se ha generado en nuestra cabeza, y ese, precisamente ese, es el aspecto que en la actualidad más me interesa trabajar para ayudar a resolver lo que dificulta la progresión del arquero intuítivo. No existe manual para resolverlo, es necesario por tanto saber ver... ni la postura ni la suelta, es necesario descubrir, intuir de una forma clara lo que sucede en el interior del arquero que se bloquea, en eso, dicen quienes me han solicitado ayuda, que me desenvuelvo bastante bien. Poquito a poquito iré desmenuzando algunos de esos ovillos que tan generosamente liamos los arqueros en nuestra etapa madura.

Pero volvamos a esta mañana fría de invierno...

Entrenar paseando por el bosque es muy relajante, me permite además distraer mi atención, ya habrá momento de focalizar la diana. Se decía que ya no había setas en el bosque, gracias a esta "sentencia" el bosque se ha librado de una avalancha de malos buscadores, el bosque siempre recompensa a quienes lo cuidamos y no lo abandonamos, a quienes conocemos sus micro climas de pocos días, como está sucediendo ahora, esta mañana el bosque me ha obsequiado con un par de buenos puñados de "Rosinyols" esas setas amarillas que tanto me gustan...



Sigo mi camino descendiendo por el recorrido, voy alternando dianas de campo, tiros medios muy interesantes colocados en buenos desniveles. A lo lejos escucho un pájaro picapinos martillear un pino, parece que empiezan a excavar sus agujeros para que las hembras en época de celo puedan hacer su elección, el próximo día con la batería bien cargada intentaré captar a uno de ellos, o al menos el curioso y característico sonido del repiqueteo, un sonido que se expande profundamente por el bosque.

Me encuentro ahora en una diana muy interesante, es un "Gran huevo frito" plantado a 40 metros de la piqueta de tiro, es un disparo para el que hay que tomarse tiempo, unos pocos segundos más antes de soltar la cuerda. Aprovecho ahora para colocar el único vídeo del día, si estáis escuchando la música de fondo os aconsejo pausarla, aunque en el vídeo no digo absolutamente nada, el bosque si lo hace, y como mínimo os pondrá en situación...



Una de las cosas que un arquero intuitivo debe aprender en el transcurso de su camino de eterno aprendiz es el de saber entrenar. La forma más primitiva de felicidad que conocemos es la tranquilidad que nos da la repetición de algo que es bueno para nosotros, desde el latido del corazón de nuestra madre, la suave cadencia de la respiración que como una ola sube y baja envolviéndonos con calidez, los horarios que se van repitiendo a diario y dan seguridad y estructura a nuestros días...

Adquirimos rutinas que ponen en marcha circuitos casi automáticos de conducta. No invertimos energía en repensar las situaciones ni en buscar nuevas formas de abordarlas. Anclados en la felicidad primaria de la repetición, no dejamos espacio a la novedad, a la creatividad, a los cambios, a las sorpresas, porque cerrarnos a ellas será dejar de crecer y mejorar.

Craso error, como diría mi buen amigo Jordi. Lo que era aceptable antes, la cadencia de la repetición y la seguridad de las rutinas, ya no es tan aceptable después, incluso puede llegar a ser algo muy peligroso. Eso sucede también en la forma como entrenamos, decía Bertran Russell... ¿Por qué repetir los mismos errores habiendo tantos nuevos errores para cometer? Hay multitud de cosas a modificar en nuestras rutinas de entrenamiento, si es que realmente estamos entrenando claro, también podemos salir al bosque a disparar sin más pretensión que disfrutar haciéndolo. Pero a los que entrenan recorridos de bosque les diría que prueben abandonando las piquetas como un primer paso, sin atentar la seguridad de los circuitos, es importante modificar las distancias y las situaciones respecto a la diana, incluso las posiciones de tiro, no sirve de nada disparar cien flechas iguales a lo loco, es preferible hacerlo diez veces con sus consecuentes reflexiones del porque sucede una u otra cosa. Esto es bosque, y cada flecha... es una aventura.

Seguiremos con este tema, pero de momento será otro día, hoy, empuñé mi arco y disfruté del bosque, mañana intentaré recordar su esencia bajo el puto influjo de los fluorescentes de la oficina.

Se me cuiden todos!

Robin

Sábado 22 de Enero de 2011

Querido diario.

Silencio... se rueda.



(Escuchando: "Sweet Home Alabama (Lynyrd Skynyrd)")

Pues sí, se intenta rodar. De momento voy haciendo pruebas con la edición de vídeo familiarizándome con el programa que utilizo. También voy dándome cuenta de cómo debe y no debe hacerse una captura de vídeo. El problema es que en muchas ocasiones lo hago solo y la cámara ha de trabajar en el suelo o colgada de un árbol, los gnomos del bosque se resisten a ayudarme activando el zoom, pero cortando de aquí y pegando de allí van saliendo algunas cosillas. Cuando me maneje bien con las tomas y la edición ya montaré alguna cosa con guión previo, digamos que algo un poco más estudiado y pulido, de momento os cuelgo un montaje de este sábado en el que tiro a cero grados de temperatura, el cuerpo más o menos calentito, pero los dedos... hay señor los jodidos dedos como duelen cuando sueltas con ese frío!!!

No pongo la ventana de vídeo por un problema de copyright en YouTube, algo habitual cuando insertas alguna música en tus vídeos, en el próximo volveré a los sonidos del bosque que por suerte no tienen copyright o quizás inserto un solo de mis silbidos que seguro me salgo del altavoz.

Por cierto, si conectas desde Alemania, no escucharás nada, Sony los tiene castigados, y por último... el siguiente enlace es el mismo que encabeza esta entrada del diario.



Vídeo: Disparando a 0 grados de temperatura (pulsa la foto para acceder)


La secuencia de la suelta sin música y libre de copyrights...



Y ahora solo queda esperar hasta el próximo fin de semana para seguir rodando.

Buenas flechas.

Robin



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