Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Martes 1 de Enero de 2013

Querido diario.

Historia de una pugna interna...



(Escuchando: " Building A Mystery (Sarah McLachlan)")

Voy a empezar este año escribiendo sobre un tema que me apasiona, pero antes os presentaré a sus protagonistas, el bueno… "el arquero interior" y el menos bueno el "yo coñazo".

Para que os hagáis una idea imaginaros a un arquero con un angelito tipo cupido rondándole la cabeza y un demonio picarón persiguiendo al angelito. Hace ya muchos, muchos años descubrí que en mi cabeza habían dos entidades, una estaba tirando con arco y la otra estaba diciéndole como debía hacerlo, me fui dando cuenta que una de esas entidades, la que no paraba de hablar la que denomino "yo coñazo" pensaba que lo sabía todo sobre como tirar con arco y estaba supervisando al otro, al "arquero interior" que tenía que disparar el arco.

Lo más alucinante era que no solo daba instrucciones el yo coñazo al arquero interior, sino que encima le criticaba por sus errores pasados, le advertía de los posibles fallos que podría tener en el futuro, y le sermoneaba cada vez que cometía uno. Era fácil ver que el sentimiento principal en la relación entre ambas identidades era la desconfianza. El Yo coñazo no confiaba en que el arquero interior pudiera disparar bien la flecha, y en función de ello intentaba forzar al arquero interior para que obedeciera sus instrucciones verbales.

Con el tiempo noté que cuando tenía más confianza en mis disparos había un correspondiente descenso de instrucciones del Yo coñazo, podía disparar perfectamente bien sin él. Cuando estaba en racha no había comentarios de Yo coñazo.

Cuando tomé conciencia de Yo coñazo, se me hizo cada vez más evidente que esa vocecita que gruñía órdenes dentro de mi cabeza como un sargento perjudicaba a mi rendimiento. El Yo coñazo era más un estorbo que la gran ayuda que pretendía hacerme creer que era. A partir de entonces empecé a buscar formas de reducir la interferencia de yo coñazo y ver qué pasaba cuando confiaba en el potencial del arquero interior. Descubrí que cuando podía callar a yo coñazo y dejar que el arquero interior aprendiera y disparara sin interferencia, mi rendimiento y mi ritmo de aprendizaje mejoraban considerablemente. El arquero interior era bastante más competente de lo que yo coñazo reconocía.

Es por esa razón que como maestro no suelo darle al yo coñazo del aprendiz (siempre hambriento de instrucciones) una gran cantidad de información técnica sino que, en su lugar, confío en la capacidad de su arquero interior, un claro ejemplo de ello es el de Emma y mi interacción con ella, de esa forma está aprendiendo de una forma mucho menos frustrante.

Resumiendo, descubrí que el yo coñazo (el ser verbalizador y productor de pensamientos) es un jefe pésimo cuando intenta controlar el sistema muscular del cuerpo. Cuando se le deja el control al arquero interior (el cuerpo en sí), mejora la calidad de los disparos, el nivel de disfrute y el ritmo de aprendizaje.

Pasado un tiempo comprendí que yo coñazo era realmente un compuesto de diferentes personalidades del ego que surgía en determinados momentos, seguía siendo útil agrupar todos estos elementos bajo la etiqueta identificadora de yo coñazo como origen de la interferencia con nuestro ser natural. Descubrí que para reducir la interferencia y mejorar el rendimiento no era necesario analizar por qué se producían la duda, el miedo, las críticas y los lapsus de concentración, era suficiente con darse cuenta de su intrusión y acto seguido concentrar la mente en algo real del entorno cercano. Esta idea dio lugar a una serie de ejercicios de concentración que en otra ocasión comentaré.

El objetivo finalmente no es el de tratar de convencer al arquero interior para que haga lo que es capaz de hacer, sino reducir las interferencias de yo coñazo, que impiden que el arquero interior se exprese plenamente.

Sin embargo descubrí que, como les sucede a la mayoría de los tiranos, a yo coñazo no le gusta perder el control y resiste todos los esfuerzos por minimizar su influencia. El proceso de reducir su control a favor del arquero interior resultó bastante complicado, requería el desarrollo de técnicas de concentración diseñadas para mantener a yo coñazo ocupado en actividades que no interfirieran al arquero interior y permitirle disparar conscientemente la flecha. Una vez que yo coñazo se enfocaba en un ejercicio de concentración su interferencia con el arquero interior decrecía de forma considerable y el rendimiento mejoraba de inmediato.

Liberar a la mente del control consciente es posible, pero concentrarse hasta el punto de llegar a la absoluta exclusión de todos los pensamientos es algo considerablemente difícil.


Josep Barceló (Robin)


Hasta pronto amigos, mis mejores deseos para este nuevo año, disfrutad del tiro con arco permitiendo que su práctica mejore el conocimiento de vosotros mismos, pues es ahí donde reside la clave del éxito. Primero hemos de aprender a mecanizar los movimientos hay que hacer cursillos con monitores capacitados, pero inexorablemente llegará el momento que deberemos aprender además de manejar un arco, a manejarnos a nosotros mismos, y eso solo es posible desde el conocimiento a fondo de cómo somos y cómo reaccionamos ante las situaciones.

Que 2013 sea un año de crecimiento!!

Robin

Martes 8 de Enero de 2013

Querido diario.

A las que siempre van conmigo…



(Escuchando: " Celtic Music (Instrumental)")

Son mis niñas, mis arañitas, mis flechas. A día de hoy 17 siguen operativas, otras pocas dieron su vida por dispararlas desde la duda o la precipitación. Una de ellas lleva una marca en el vástago, es una flecha especial que pesa un poco más en su parte anterior debido a un impacto que hizo penetrar un inserto en el tubo. Es una flecha que tiene nombre, una flecha que me da seguridad, es una flecha mágica que ante un desafío antecede al vuelo de las demás, para que estas… disciplinadas sigan su trazo en el aire. En alguna ocasión esta disciplina ha sido tan eficaz que una de ellas ha acabado con su antecesora penetrando en el interior de su cuerpo, eso que muchos denominamos "Robin" y que yo contabilizo como una muerte innecesaria.

Cuando camino por el bosque puedo escucharlas en el interior de mi caracaj, excitadas, esperando ese impulso que las devuelve a la vida, una acción de arco y arquero que les da sentido. Cuando regresan al carcaj después de uno de sus vuelos puedo escuchar también sus susurros, aunque… nunca he conseguido entender lo que se dicen.

Mis adorables y fieles compañeras de plumas blancas, como lo debe ser la intención del que las dispara, y digo fieles porque hacen exactamente lo que el arco les habla, lo que el arco interpreta del arquero, si alguna de ellas hierra el camino es siempre porque el arquero no ha sabido susurrar al arco la instrucción correcta.

Adoro a mis niñas, las quiero tanto que cuando una de ellas besa la dureza de la piedra, algo en mí se quiebra con ella.

Aquí os dejo el último video que he grabado, es sencillo, la música unida al bosque y al vuelo de las flechas es bálsamo para el alma.


Regresando al bosque (Video)


Hasta pronto !!!

Robin



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