Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo, 11 de Febrero del 2001

Querido diario.

Carta a un entrañable joven arquero:

Estimado Blai, este fin de semana con tus 410 puntos has rebasado con creces aquella barrera que te parecía infranqueable en nuestros paseo-recorridos de bosque.

Recuerdo perfectamente tu primer correo en el que te presentabas como un chavalín de 15 años que disparaba un pequeño arco de madera que le había fabricado su padre. Cuando terminé la lectura de ese primer mensaje tuve un presentimiento, de alguna forma intuí que en el interior de ese joven chaval algo pugnaba por salir.

Durante todo el tiempo que ha transcurrido desde tu primer correo, unos pocos hemos estado a tu lado: José, nuestro carismático y viejo José al que tu y yo queremos a rabiar, quien te escribe en estos momentos, y Jordi, otro arquero apasionado que un día supo escucharme cuando le relataba tu aparición en el mundo del arco y la flecha.

Creo que es buen momento para decirte que esos 410 puntos son el resultado de ti mismo Blai, de ese ser como eres, ese don que llevas dentro que no se aprende... algo que viene de serie en determinados individuos, algo que solo necesita pulimento, algo que en estos momentos empieza a brillar por mérito propio.

Quienes hemos estado a tu lado poco tenemos que ver con tu veloz progresión en el tiro con arco. A medida que obtengas buenas puntuaciones cabe la posibilidad de que alguien quiera atribuirse parte de tus éxitos, que si yo le dije, que si yo le enseñé... Dar unos insignificantes empujoncitos a un Blai que lleva una muy buena motorización no es mérito ninguno. Sabes escuchar, aplicas todo cuanto se te enseña, el más cualificado monitor de tiro con arco estaría encantado de enseñarte cualquier cosa, eres buena tierra para siembra chaval.

Pero hay algo en ti pequeño gran arquero, que deslumbra a quienes tenemos la fortuna de conocerte, y no se trata de tu especial condición como arquero, sino la de tu amistad incondicional, tu sonrisa amplia y generosa, tu alegría contagiosa, tu abnegación y tu humildad en tu trayectoria arquera y humana.

Sabes amigo Blai, que mi enano "Miki" desafortunadamente tiene serias dificultades para desenvolverse con su arco y sus flechas, el don de la habilidad manual fue excluido en la lista de sus cualidades, quizás porque necesitaba espacio para otros dones, quien sabe. A "Miki" le he visto llorar cientos de veces rendido a los pies de esa falta de habilidad, en muchas ocasiones ha sido pasto del comentario sarcástico de otros pretendidos amigos y eso a los 16 años es hueso duro de roer. Un día me confesó que siempre se sentía feliz cuando disparaba su arco en tu compañía, porque tú jamás te reías, y siempre le aconsejabas dedicándole tu tiempo y tus atenciones. Este domingo cuando ha conocido el resultado de tu participación en la 2D, ha saltado de alegría y apretando el puño ha exclamado un ... ¡¡¡Biennn!!! que le ha salido del alma.

Sé que tienes la capacidad de digerir todo esto, y se también que tu sencillez y encantadora alegría conquistará el corazón de muchos arqueros.

Enhorabuena Blai, y gracias por los muchos buenos ratos que he pasado y pasaré a tu lado, gracias también por mostrarnos la cara amable del ser humano que con tanta facilidad perdemos los pretendidos adultos.

Robin

Viernes, 16 de Febrero del 2001

Querido diario.

Estamos recuperando tiempo de luz, el día le está ganando terreno a la noche, terreno que será devuelto progresivamente transcurrido el verano.

Nosotros, quienes habitamos bajo la luz y nos arropamos bajo el manto de la noche, adaptamos nuestra actividad a esa marea lumínica en constante movimiento. Disponemos ya de un buen montante de horas para disfrutar con nuestros arcos y flechas, por esa razón el sábado día 24 me escaparé a Pardines con Jordi, Blai y Miki.

Robin

Sábado, 17 de Febrero del 2001

Querido diario.

Encuentro con Blai en nuestro campo de tiro, reparaciones y bricolaje arquero durante la tarde.

Esta mañana mi arco ha emitido un gemido que ha tronado en mi cabeza. A primera hora estabamos disparando una serie de calentamiento sobre una diana a 25 metros, después de una docena de disparos he tensado la cuerda para soltar de nuevo una de mis flechas, cuando al soltar un grito de dolor emitido por mi arco ha ensordecido mis oidos, asustado, he bajado la vista hasta descubrir a unos dos metros la flecha en el suelo, la he recogido, he inspeccionado mi arco y no se apreciaban fisuras, la flecha estaba intacta, el culatín en su lugar, sorprendido, no entendía porque se había producido una suelta en vacío. Las palas habían recibido toda la energía que no habían podido transmitir a la flecha. Examinando de nuevo el arco mi vista se ha detenido en el forro de la cuerda que estaba extremadamente desgastado, razón por la cual el culatín al no pinzar correctamente el serving abandonó antes de la suelta su alojamiento. Un disparo en vacío es uno de los peores castigos que puedes propinarle a un arco.

Recobrada la tranquilidad he tomado la firme decisión de cambiar la cuerda, afortunadamente siempre llevo una de recambio. He montado una nueva flemish a la que previamente le he colocado los silenciadores y más o menos a "ojimetro" he colocado el nock, no disponía de regla para controlar el fistmele y la ubicación exacta del nock point.

Han sido necesarios unos cuantos disparos para asentar y estirar un poco la cuerda pero a media mañana y en compañía de Blai disparábamos sobre algunas dianas del circuito 2D y a excepción de una "minicabra" y un difícil zorro que parecía brincar a cada una de nuestras sueltas hemos colocado nuestros palos en zona deseada, curiosamente mis flechas y las de Blai acertaban en la misma zona o se desviaban por igual, parecía que estuvieran imantadas. Al mediodía hemos regresado al campo de entrenamiento para montarnos en el cuatro ruedas y partir hacia el cemento.

Por la tarde he corregido el fistmele y con las tenacillas apropiadas he asegurado la posición del nock en la cuerda.

Después la pelea ha sido para determinar el vástago adecuado para las flechas de madera a utilizar con mi Longbow, creo que aun no lo tengo definitivamente resuelto, pretexto para otra sesión intensiva de bricolaje arquero.

Robin

Domingo, 18 de Febrero del 2001

Querido diario.

Una mañana lluviosa, el cielo extremadamente gris. Afortunadamente al mediodía ha escampado permitiendo al Sol sugerirme una tarde de paseo forestal.

Por la tarde me asomo a la ventana, seducido por un cielo cristalino, calzo mis viejas botas, relleno mis bolsillos con infinidad de objetos, lupa, libreta, tabaco, y emito un grito cual tarzan de los monos para reunir a mi peluda compañía, Ote, Nuka y Wolf, mis inseparables golden retrievers. Tomamos rumbo, iniciamos el paseo.

En la calle arrastrado por 3 perros soy presa de las miradas de todos cuantos se cruzan en nuestro camino, creo que con un perro adicional bien podría competir en una carrera de cuádrigas, anoto la idea... nunca sabe uno cuanto puede retroceder la humanidad.

Abandonamos el cemento, Ote mi golden de 7 años encabeza la comitiva, de los tres es el más audaz y vigoroso, Wolf le sigue, a sus 2 años es la imagen de la adolescencia perruna, su singular y exquisita inteligencia me tiene cautivado, Nuka es la que siempre cierra el grupo, ella con sus 5 años y su exceso de peso es el lastre necesario para que yo siga con los pies en contacto con el suelo.

Tomamos un camino que nos aleja del ruido, viramos a la izquierda, luego a la derecha y en un rellano a la linde de un hermoso bosque suelto a la jauría. En unos segundos una explosión de vivacidad se apodera de mis tres inseparables, observo un fondo verde recortado por tres bolas doradas al galope tendido, se cruzan, hábilmente se esquivan, increíblemente no colisionan, las lenguas cuelgan a un lado de la boca y corren, saltan, y se detienen para ubicarme, a los segundos reinician sus persecuciones.

Transcurridos unos 15 minutos, Nuka que más se parece a una rolliza oveja merina regresa, toma asiento a mi lado y sin perder de vista a sus dos machos apoya su dulce barbilla en mi rodilla, mis dedos peinan su hermoso pelo, puedo notar como se estremece al explorar su espalda, cuando mi mano alcanza su cabeza percibo en sus ojos el éxtasis perruno. Un fuerte silbido advierte a Ote y Wolf que debemos reunirnos, juntos proseguimos nuestro camino, Ote siempre a la vanguardia inspeccionando el terreno, Wolf mantiene mi paso y cada 10 segundos eleva su cabeza para comprobar que sigo a su lado, Nuka es la retaguardia, no hay nada más seguro y firme detrás de uno.

Llegamos a una vieja casa rural derruida, tomo asiento en un banco de piedra junto a la entrada, un inmenso Roble nos da cobijo. Los dos machos en una actitud frenética marcan territorio con su orina en los alrededores de la vieja casa, Nuka con su hocico golpea repetidamente mi mano reclamando mi atención.

Extraigo de una pequeña mochila un libro: "Las claves de Egipto" una apasionante historia sobre la carrera en Europa para descifrar los jeroglíficos egipcios, en 1822 el francés Champollion dio el paso decisivo.

Cien páginas más tarde observo mi reloj, hora de regresar a casa. Al incorporarme noto una agradable sensación de tranquilidad, posiblemente el aura del viejo Roble centenario nos ha reparado durante nuestra estancia en el lugar.

Tres perros y un humano más unidos que nunca abandonan una vieja casa derruida, transcurren unos minutos y la construcción desaparece de nuestra vista pero la copa de un viejo y sabio Roble centenario se balancea marcando un suave ritmo, compruebo como todos los árboles siguen esa pauta. Viejo Roble centenario, viejo corazón del bosque, sin duda hemos de volver a encontrarnos.

Robin



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