Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo 22 de Febrero de 2015

Querido diario.

Atardecer en el bosque...



(Escuchando: " Far Away (Nickelback)")

Sumergido en un hermoso bosque ha transcurrido un hermoso atardecer, recordando, recuperando tantos y tantos momentos. En mi íntima soledad recuerdo ahora la luz filtrándose entre los troncos. Aquella vida intensa y muda, tendida alrededor, alzada al cielo. Nunca se está enteramente solo entre los árboles. El viento, las ramas mecidas, el brillo de las hojas, los caminos de lluvia, las grietas que recorren las cortezas de los árboles, me fascinan.

El tiempo, que todo lo vuelve ceniza, parece detenerse ante los árboles, y como el viento, los abraza y se va. Ellos crecen ante nuestros ojos, pero nosotros no nos damos cuenta. Alargan sus ramas al cielo y no envejecen. Acaso, un día, alguien dice: "Ese árbol ha muerto." Y entonces nos damos cuenta, de un modo brusco, total, de que el árbol ha dejado de vivir, de que sólo es un altivo cadáver en pie. Se deja arrollar cuerdas, cercenar. Cae sin dolor, levanta un polvo leve, caliente, y desaparece con su gran dignidad inmaculada. Nadie puede humillar a un árbol. Nadie le ha visto nunca agonizar. He amado siempre a los árboles y siento su nostalgia.

Paseando relajadamente por el húmedo bosque, es cuando soy capaz de observar, de respirar en paz la suave brisa, de impregnarme del ritmo, el orden y la cadencia del paisaje. Me nutro de la tranquilidad que emana de lo espiritual, me empapo de lo divino que reside en la montaña, sintiendo un gran respeto y comulgando con la madre naturaleza.



Es esta respetuosa conducta hacia el entorno, esta adhesión al espíritu que reside en todas las cosas y en todos los seres, el motor que permite desarrollar un conocimiento intuitivo imposible de alcanzar por medio del frío análisis o de la lógica. Esta toma de conciencia -una atenta y relajada observación de la naturaleza- tiene como consecuencia más inmediata la progresiva expansión de nuestros limitados sentidos y la apertura hacia una nueva y más amplia perspectiva en la que no solo se siente, sino que ante todo se es.

La conciencia del bosque reúne en un todo las diversas especies que lo componen, y como organismo vivo que es cada espécimen cumple con fidelidad la misión que le ha sido asignada. La sensibilidad del bosque no tiene parangón, no juzgan los árboles ni pierden el tiempo analizando lo que está bien y lo que está mal. Se limitan a fluir en armonía con la corriente evolutiva del espíritu, conservan así una conciencia sensible, abierta, y una gran paz.

El bosque es el espacio sagrado donde es posible realizar el milagro de transformarnos. Es el lugar en el que nuestra individualidad se funde con el paisaje y nos sana, y es ahí donde se encuentra el remedio de las enfermedades que su ausencia provoca.

Hace poco he regresado a casa, está anocheciendo, en la profunda oscuridad... toco ahora con mi corazón una cúpula llena de estrellas, el cielo nocturno se me abre, la creación fluye por mi cuerpo mientras la luz centelleante de las estrellas baila. Animando al hombre del interior, mis sentidos gritan con viveza. En ese instante los preciosos momentos persisten, el calor del día permanece con los viejos amigos. El valor de los recuerdos es una reserva de riqueza, una sonrisa, es un fuego que alimentará esta noche mi alma.

Hasta pronto amigos.



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