Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado 27 de Febrero de 2016

Querido diario.

Buscando tesoros...



(Escuchando: "Piratas del Caribe BSO (Hans Zimmer)")

Una de mis aficiones ha sido siempre la búsqueda de pequeños "tesoros", un tesoro para mi puede ser un viejo pergamino del siglo XVII, una pepita de oro extremeña, una vieja moneda persa o un pequeño objeto de plata inglés de la época Victoriana, entre otras miles de cosas.

Me fascinan los objetos con historia, como también me fascinan los objetos sobre los cuales puedes imaginar una historia. Así que para satisfacer esta particular búsqueda de "tesoros" soy un asiduo a los mercadillos dominicales de antigüedades y tengo además un sinfín de contactos con otros loco-aficionados.



Además de cientos de objetos, el oro, el metal más noble y más codiciado a lo largo de nuestra historia siempre ha tenido gran atracción para mí, por su belleza, y por la facilidad con la que puedo hacer transacciones con él. Desde hace meses he seguido con interés esos documentales sobre la extracción de oro en el Yukón y me he dado cuenta de que aunque por mis manos han pasado infinidad de monedas de oro, nunca había tenido un pepita de oro nativo, así que investigando y de contacto en contacto fui a dar con el coleccionista más importante de pepitas de oro de este país, la suerte estaba echada, empecé a conocer muchas particularidades sobre la localización de este metal y cientos de anécdotas de los amantes del oro y de los minerales, al final he conseguido unas cuantas pepitas de oro de nuestro país, concretamente de las Casas de Don Pedro de Badajoz, una muy buena zona aurífera. Ahora estudiando estas pepitas vírgenes que no han sido limpiadas con ácido, puedo observar distintas formaciones de cristales de cuarzo y óxidos de hierro con mi lupa binocular, incluso me parece haber encontrado un diminuto granate en una pequeña caverna en una de las pepitas, es hermoso poder introducirse en ese micro mundo a través de mi potente lupa binocular, la misma que siempre he utilizado para investigar mis viejas monedas.

Mi colección de monedas y objetos antiguos se auto-financia, quiero decir que mis recursos para adquirir nuevos tesoros surgen de la venta de esos mismos tesoros, eso es importante para no arruinarse con las adquisiciones, es necesario mantener a salvo nuestra economía doméstica, hay que saber comprar y saber vender, algunas veces compro para mi, otras muchas para vender más tarde y en muchas otras ocasiones hago intercambios.



El valor de las cosas es siempre subjetivo, cuantas veces he alucinado viendo la serie Cazadores de Tesoros (American Pickers) en la que te muestran viejos graneros con objetos oxidados por los que no darías ni un céntimo, y sin embargo esa gente parece que encuentre minas de oro entre tantos trastos y óxido, lo que puede tener valor para uno no necesariamente lo tendrá para otro, salvo el oro que es apreciado por todo el mundo desde hace miles de años.

El oro puede encontrarse en la naturaleza en los ríos. Algunas piedras de los ríos contienen pepitas de oro en su interior. La fuerza del agua separa las pepitas de la roca y las divide en partículas minúsculas que se depositan en el fondo del cauce.



Los buscadores de oro localizan estas partículas de oro de los ríos mediante la técnica del bateo. El utensilio utilizado es la batea, un recipiente con forma de sartén. La batea se llena con arena y agua del río y se va moviendo provocando que los materiales de mayor peso, como el oro, sean depositados en el fondo y la arena superficial se desprenda. Así pues, el bateo de oro es una técnica de separación de mezclas heterogéneas.

La batea puede ser de diferentes materiales. Se han encontrado bateas antiguas de madera y actualmente se están realizando en fibra. Pueden tener diferentes formas, posiblemente la más común sea la cónica, conocida vulgarmente como sombrero chino.




Los objetos tienen poder, estoy convencido de ello, pero además de tener su propio magnetismo poseen información. Vienen ahora a mi memoria mis años de juventud en los que formaba parte del grupo de arqueología del museo de mi ciudad, los sábados recuperábamos y restaurábamos hallazgos de nuestras excavaciones, lo dibujábamos todo y lo catalogábamos concienzudamente, también recibíamos clases magistrales de los experimentados arqueólogos. Los domingos al despuntar el alba estábamos todo el grupo en las excavaciones del poblado ibérico de Burriach trabajando duro, muy duro, pues antes de trabajar con el paletín y el pincel era necesario cavar con pico y pala y cribar montañas de tierra hasta alcanzar la profundidad donde se requería un trabajo minucioso y extremadamente delicado, fue para este amante de la historia una etapa de su vida muy enriquecedora, la información permanecía enterrada y capa tras capa como aquel que va leyendo página a página un libro reconstruíamos lo que ocurrió y cómo vivían nuestros ancestros hace unos 2.300 años, nuestros abuelos los íberos.



He visto trabajar a los arqueólogos (no penséis ahora en Indiana Jones que nada tiene que ver con ellos) y los he admirado secretamente. El gran puzle de la historia depende de ellos. En sus manos las piedras adquieren la elocuencia de un poema épico. Mi más profundo respeto por todos ellos.

Hasta pronto amigos.



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