Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado, 13 de Marzo de 2004

Querido diario.

Tengo pocas y muchas ganas de escribir.

Lo que ha sucedido en Madrid este jueves día 11 ha sido y seguirá siendo... una pesadilla.

Atónito ante las noticias sentí como mi corazón se rompía en mil pedazos, la muerte y la crueldad se habían apuntado un buen golpe. Han muerto estudiantes y obreros que se dirigían al trabajo, ha muerto también nuestra inocencia y nuestra confianza. La enfermedad de la crueldad humana se ha llevado a doscientos inocentes, heridos... más de mil.

Hemos de encontrar el valor para sanar estas heridas. Hemos de luchar para cantar victoria sobre la oscura noche de la muerte.

No puedo escribir más... me duele el alma.

Robin

Martes, 23 de Marzo de 2004

Querido diario.

A media mañana suena el teléfono, me comunican que el viejo José ha sufrido una embolia y que lo han ingresado en el Hospital. ¡Mazazo! el corazón toca a batalla, me brillan los ojos... tengo que saber más... llamo a su casa, hablo con su hija, me dice que ha perdido la movilidad de la mano izquierda y que habla con dificultad, me da el número de habitación del hospital, cuelgo el maldito engendro telefónico y detengo durante unos segundos mi vida... este mes de Marzo va a conseguir ponerme a parir...

Una hora para terminar con el trabajo mientras mentalmente recorro bosques y escucho la voz de mi viejo compañero, recuerdo sus risas, su amabilidad, esa mirada que acaricia los fríos sábados por la mañana en el campo de tiro, esa mano impresionantemente fuerte... ¿inmóvil? ¿el viejo José sin poder disparar su arco? no puede ser... esto es una mala pesadilla.

La una en punto, salgo disparado de la oficina para comer en un restaurante cercano, tengo que ver al viejo testarudo, en 30 minutos liquido la comida y voy en busca del cuatro ruedas para visitar a mi amigo.

Atravieso las puertas del Hospital, segunda planta... ¿habitación número?... no encuentro el jodido papel donde he apuntado la habitación, recorro la planta buscando en los bolsillos cuando la memoria me susurra un número, recorro visualmente el gran pasadizo hasta que mi vista se detiene en una puerta abierta, al fondo una cama... en ella mi entrañable amigo... mi viejo testarudo amigo me recibe con su sonrisa, un fogonazo de calor surge de mis entrañas, empiezo a tranquilizarme, el viejo José está conmigo, habla por los codos sin dificultad mientras una mano inmóvil descansa entre las mías.

Conversamos durante un buen rato, dentro de la gravedad de estos batacazos le veo bien, mejor de lo que esperaba, y le digo que esa mano la vamos a recuperar. Me cuenta como el pasado domingo después de hacerse tres recorridos por el bosque sintió que la mano le fallaba y que se encontraba mal, el muy tozudo se detuvo en el bar para beberse una cerveza antes de coger el automóvil para regresar a su casa con la dificultad de una mano que ya no obedecía. Pienso para mí... caído en combate... este es arquero hasta el tuétano de sus huesos.

Anochece, intuyo a lo lejos un bosque, escucho una sonora carcajada, ¡si! es José, el espíritu del viejo arquero que sigue en el bosque, incluso puedo sentir el vuelo de sus flechas. Vas a recuperarte amigo, y volverás a disparar tu arco... aunque tenga que cargar contigo a cuestas de diana a diana.

Este fin de semana regresaré al bosque, para disparar mis flechas y las de José que seguirá recuperandose en el Hospital, su espíritu me acompañará entre los árboles, como siempre lo ha hecho. Vamos a recuperar esa mano... vamos a recuperar a ese viejo amigo.

Robin



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