Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo 29 de Marzo de 2015

Querido diario.

El sentido de la competición...



(Escuchando: " Lullaby (Nickelback)")

En la cultura occidental contemporánea hay mucha controversia acerca de la competencia. Unos la valoran mucho, ya que la consideran responsable del progreso y la prosperidad en Occidente. Otros afirman que la competición es mala, que enfrenta a las personas y es por lo tanto divisiva, que lleva al antagonismo entre las personas y a una falta de cooperación que acaba produciendo ineficiencia.

Aquellos que cuestionan el valor de la competición tienen muchas municiones para apoyar sus argumentos. Hay abundantes evidencias de lo mucho que se altera la gente durante situaciones competitivas. Es verdad que la competición para muchos no es más que un marco en el que canalizar la agresividad, el escenario en el que se establece quién es el más fuerte, el más resistente, el más listo. Cada uno piensa que al haber derrotado a otros ha mostrado su superioridad sobre ellos, no solo en la práctica del tiro con arco, sino en cuanto a persona. Lo que no se suele reconocer es que la necesidad de demostrar tu propio valor está basada en la inseguridad y en la falta de confianza en uno mismo. Uno sólo necesita demostrar su propio valor, ante sí mismo o ante los demás, en la medida en que se siente inseguro acerca de quién es.

Cuando la competición es usada como una forma para crear una imagen de uno mismo en relación con los otros, es cuando sale a relucir lo peor de la naturaleza humana, entonces se exacerban en gran medida los típicos miedos y frustraciones. Si secretamente tenemos miedo de que nuestro mal tiro con arco o nuestras derrotas en las competiciones significan que somos inferiores en cuanto a seres humanos, entonces es obvio que vamos a estar mucho más molestos con nosotros mismos por haber fallado un disparo. Y, por supuesto, esta misma tensión nos va a hacer difícil que disparemos a nuestro más alto nivel. No habría ningún problema con la competición si no estuviese en juego la imagen de nosotros mismos.

He acompañado a niños y a adolescentes atrapados en esa creencia de que su propio valor dependía de su buen desempeño en el tiro con arco o en otras actividades. Para ellos, disparar bien y ganar eran cuestiones primordiales. Estaban continuamente comparándose con sus amigos y usaban su habilidad con el arco y las flechas como una de las varas de medir. Es como si algunos creyesen que sólo siendo los mejores, sólo ganando, iban a conseguir el amor y el respeto que necesitaban. Muchos padres fomentan esta creencia en sus hijos. Sin embargo, al aprender a medir nuestro valor según nuestros logros y habilidades, se ignora el verdadero e inconmensurable valor de cada individuo. Los niños a los que se les ha enseñado a evaluarse a sí mismos de esta forma suelen convertirse en adultos poseídos por un afán de triunfo que eclipsa todo lo demás. La tragedia de esta creencia no reside en que no vayan a encontrar el éxito que buscan, sino en que no van a encontrar el amor, o incluso el respeto por uno mismo, que supuestamente venía con ese éxito. Además en su búsqueda unilateral del éxito medible, descuidan el desarrollo de muchos otros potenciales humanos.

Pero mientras algunos parecen estar atrapados en la compulsión por alcanzar el éxito, otros adoptan una posición de rebeldía. Al señalar las evidentes limitaciones y la crueldad de una cultura que sólo atiende a valorar al ganador e ignora las cualidades positivas de los que no ganan, estos rebeldes critican con vehemencia esta compulsión competitiva. Entre los más elocuentes se hallan jóvenes que han sufrido las presiones competitivas que les han impuesto los padres o la sociedad. Cuando acompaño a este tipo de joven arquero, suelo notar en ellos cierto deseo de fracasar. Parecen buscar el fracaso al no hacer ningún esfuerzo por ganar o triunfar. Se han dado de baja por decirlo de alguna forma. Al no intentar ganar, siempre tienen una coartada: "Puedo haber perdido, pero no cuenta porque realmente no intenté ganar". Lo que no suelen admitir es su creencia implícita en el hecho de que si realmente lo hubiesen intentado y hubiesen perdido, entonces sí habría contado. Esa derrota habría sido una medida de su valor. Evidentemente, esta creencia es la misma que la del competidor que está intentando demostrar su propio valor. Ambas creencias tienen que ver con el ego intentando promoverse a sí mismo, ambas están basadas en la errónea suposición de que el respeto por uno mismo depende de lo bueno que sea nuestro desempeño en relación con los otros. Ambas reflejan el miedo de no dar la talla. Sólo cuando este miedo primordial e insidioso comience a disolverse, podremos descubrir un nuevo sentido en la competición.

Mi propia actitud con respecto a la competición ha evolucionado mucho hasta llegar a mi posición actual. Al principio el hecho de disparar bien como el hecho de ganar eran importantes para mí. Pero a medida que empecé a explorar el proceso de aprendizaje del yo interior, tanto para enseñar a disparar como para practicar el tiro con arco, me fui convirtiendo en una persona menos competitiva. En lugar de intentar ganar, decidí dedicarme sólo a disparar con elegancia y excelencia, en otras palabras, comencé a tirar con arco de una forma bastante pura. Mi teoría consistía en despreocuparme por completo de lo bien que estaba disparando con relación a otros arqueros y dedicarme únicamente a alcanzar la excelencia como un bien en sí mismo. Era muy estético: yo flotaba por el bosque disparando con gran fluidez, precisión y "sabiduría".

Pero faltaba algo. Como no tenía deseos de ganar, muchas veces no tenía la determinación necesaria. Yo había pensado que el deseo de ganar era el responsable de que el ego entrara en escena, pero en un momento dado comencé a preguntarme si no podía haber una motivación en la que el deseo de ganar estuviese libre del ego. ¿Acaso la voluntad de ganar siempre tiene que querer decir "ves, soy mejor que tú"?

Ganar es superar obstáculos para alcanzar un objetivo, pero el valor de la victoria no es mayor que el valor del objetivo alcanzado. Alcanzar el objetivo puede no ser tan valioso como la experiencia que puede obtenerse al hacer un esfuerzo supremo para superar los obstáculos que se presenten. El proceso puede ser más gratificante que la victoria en sí.

Esforzarse al máximo no quiere decir que haya que emplear al yo externo (el tocapelotas se entiende). Quiere decir concentración, determinación y confianza en tu propio cuerpo y tu propia habilidad para permitir que las cosas sucedan por sí mismas. Quiere decir... hacer el máximo esfuerzo mental y físico.

La diferencia entre preocuparse por ganar y preocuparse por hacer el esfuerzo necesario para ganar puede parecer sutil, pero en realidad es muy grande.

Y aquí lo dejamos por ahora.

Hasta pronto amigos.

Lunes 30 de Marzo de 2015

Querido diario.

Estabilidad-Inestabilidad...



(Escuchando: " Someday (Nickelback)")

Antes de dejarlo quisiera añadir un poco más a la entrada anterior.

De hecho, casi todas las actividades humanas implican un juego exterior y otro interior, al igual que nuestro yo externo y nuestro arquero interior, me explico... Siempre hay obstáculos externos entre nosotros y nuestros objetivos externos, sea lo que sea que busquemos: riqueza, conocimiento, reputación, amistad, paz en la tierra o únicamente algo de comida para la cena. Y los obstáculos internos siempre están ahí, la propia mente que usamos para alcanzar esos objetivos externos se ve distraída por su tendencia a preocuparse, a lamentarse o a complicar las cosas, y causa así dificultades innecesarias. Es útil comprender que nuestros objetivos externos son múltiples y variados, y requieren el aprendizaje de todo tipo de habilidades para alcanzarlos, los obstáculos internos provienen todos de una misma fuente, y las habilidades para superarlos son siempre las mismas. Mientras no se le controle, el yo externo (el tocapelotas) es capaz de producir miedos, dudas y falsas ilusiones dondequiera que estés y hagas lo que hagas. La concentración en el tiro con arco no es fundamentalmente diferente de la concentración que se necesita para desempeñar cualquier tarea o incluso apreciar una sinfonía. Debes aprender a abandonar el hábito de juzgarte a ti mismo basándote en alguna suelta defectuosa o cualquier otra cosa, no juzgues, evalúa lo sucedido y sigue entrenando, se aprende fallando, no hay otra forma.

Debemos adquirir estabilidad interior. La aptitud más indispensable para los seres humanos en estos tiempos es la capacidad para conservar la calma en medio de cambios bruscos y desestabilizadores. La estabilidad interior no se logra enterrando la cabeza en la arena a la primera señal de peligro, sino adquiriendo la capacidad para ver la naturaleza de lo que está sucediendo y reaccionando apropiadamente. Es por ello que no debemos juzgar, sin embargo, si, debemos evaluar porque suceden las cosas, no te sientas culpable de un error.

La inestabilidad, por el contrario es una condición del ser en la que perdemos con más facilidad el equilibrio cuando el Yo externo se siente contrariado ante algún hecho o circunstancia. Ese Yo externo al que me gusta llamar "tocapelotas" tiende a distorsionar su percepción del hecho y nos lleva a actuar de forma equivocada, lo que a su vez ayuda a crear circunstancias que menoscaban aún más nuestro equilibrio interior, es el básico círculo vicioso del Yo externo.

La gente se pregunta: "Entonces, ¿cómo puedo lidiar con mi estrés?". Se siguen cursos, se intentan soluciones, pero generalmente el estrés del Yo externo continúa. El problema de "lidiar con el estrés" es que uno tiende a pensar que el estrés es inevitable. Tiene que haber un estrés para que tú puedas lidiar con él. He notado que el Yo externo suele prosperar cuando se lucha contra él. Un enfoque alternativo consiste simplemente en fortalecer tu estabilidad. Alienta y apoya al Arquero interior porque, cuanto más fuerte sea, más difícil va a ser desequilibrarlo, y más rápidamente vas a recuperar tu equilibrio.

El estrés del Yo externo es un ladrón que, si lo dejamos, nos robará la capacidad para disfrutar de nuestras vidas. Con el paso del tiempo ha ido creciendo mi capacidad para apreciar el maravilloso regalo que es la vida. Un regalo más grandioso de lo que yo hubiese podido imaginar, y por tanto, si vivo en un estado de estrés quiere decir que estoy perdiéndome muchas cosas, dentro y fuera del campo de tiro. Quizá la sabiduría no sea tanto encontrar nuevas respuestas como reconocer realmente la profundidad de las antiguas. Algunas cosas nunca cambian. La necesidad de confiar en uno mismo y de ampliar la comprensión de nuestro verdadero ser nunca va a disminuir. La necesidad de abandonar el juicio sobre uno mismo y los demás mediante los conceptos de "bueno" y "malo" nos abrirá el camino para acceder a la claridad.

Hasta pronto amigos.



Febrero 2015

Marzo 2015

Abril 2015

Calendario (diario de Robin)