Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo, 1 de Abril del 2001

Querido diario.

Esta noche he acompañado a Miki en una de sus prospecciones estelares. Hace un par de Navidades que le regalamos un pequeño telescopio para que el aprendiz de astrónomo diera sus pinitos nocturnos. Le enseñé a mirar por el tubo y atisbar esa enormidad que nos envuelve, aprendió a aproximar más y más esas intermitentes estrellas que posiblemente ya no existen en nuestro tiempo presente. Cuando el telescopio agotaba su alcance le decía al enano que las acercara un poco más, y él con cara de sorpresa hurgaba en el chisme sin saber que pieza debía retorcer. Sonriendo le dije que la pieza necesaria no estaba en el telescopio, que era él mismo quien debía aproximarlas, con su imaginación, esa ruedecita que al cabo de los años algunos olvidan manipular.


Constelación de Casiopea

Imaginábamos como sería la vida lejos de nuestro espacio conocido, al principio clonamos aquello que teníamos bajo nuestros pies, pero con un poco de esfuerzo conseguimos eliminar alguna que otra odiosa característica idealizando una réplica de nuestro planeta azul. La película "Contact" vino a nuestra mente, especulamos sobre la existencia de vida en otros planetas, repetimos al unísono la frase de Jodie Foster "Si no hay nadie más ahí fuera... ¡cuanto espacio desaprovechado!".


Jodie Foster "Contact"

Observando el negro cielo salpicado de multitud de estrellas el enano susurró: -espero que ellos, si existen, hayan sabido resolver sus diferencias, siento vergüenza cuando imagino que pueden ver nuestros telenoticias.

Mi vista se perdía intentando alcanzar una estrella lejana, cuando una multitud de terribles imágenes se proyectaron en mi cabeza, la mayoría procedentes del telenoticias mediodía, muerte, hambre, insolidaridad, guerra, opresión, cientos de tarjetas de identidad humana.

Le hablé a Miki, le dije que la violencia es nuestro mal, y la no violencia el único camino de quienes despiertan. Que este camino nunca será el de todos y nunca el de los gobernantes, ni el de los que hacen la historia y dirigen las guerras. Que la tierra nunca será un paraíso, ni el hombre será uno con Dios, ni se reconciliará con él. Pero, cuando uno sabe de que lado está, vive más libre y tranquilo.

Agradablemente perdidos en la inmensidad de la noche, Miki se hizo un poco mayor, y Yo, un poco más niño.

Robin

Domingo, 15 de Abril del 2001

Querido diario.

Flechas, ¡Cientos de ellas!.

Estoy agotando estas cortas vacaciones de semana santa. Esta mañana le he dado descanso a mi arco para poder visitar el mercado numismático dominical. Nos hemos reunido media docena de amantes de la historia antigua, hemos debatido hasta la saciedad sobre Cartagineses, Romanos, Iberos, Partos y también sobre investigaciones arqueológicas, hemos intercambiado monedas y conocimientos, ha sido una mañana provechosa.

Mañana me reuniré nuevamente con el viejo José para dar vida a nuestras flechas. Los dos primeros días de vacaciones han sido intensos en su compañía, hemos practicado disparos a largas distancias, más de 60 metros, en los que uno puede extasiarse siguiendo el vuelo de la flecha. En esos disparos largos, silenciosos, majestuosos, la mirada se clava en las plumas de la flecha para seguir atentamente su vuelo. Cuando sueltas la cuerda, la mano queda suspendida en el aire, el tiempo se detiene, no hay palabras, no hay gestos, solo la flecha que traza su camino. La estela invisible que deja tras de sí es el cordón umbilical que nos mantiene unidos a ella.

Mañana regreso al bosque, con mi arco, mis flechas y mi viejo amigo.

Robin

Lunes, 16 de Abril del 2001

Querido diario.

A primera hora de la mañana llego con el enano a las inmediaciones del campo de tiro, José nos obsequia con una enorme sonrisa al divisar nuestro cuatro ruedas. El cielo esta un poco cubierto pero no amenaza lluvia, aguantará quizás hasta el mediodía.

Primeros disparos en la zona de calentamiento, unos relojes a 15 metros, unas 2D a 25, 35 y 45 metros para finalizar con una cabra blanca volumétrica plantada sobre un montículo en la esquina izquierda del campo, se le puede disparar a más de 60 metros. Después de una lluvia de flechas abandonamos el campo en busca de una mesa donde saciar nuestro apetito.

Debidamente alimentados encaramos las primeras dianas de bosque de la mañana, José sustituye sus aluminios por unas nuevas flechas de grafito denominadas "gold tip" que soportan verdaderos castigos sin sufrir torcedura alguna, con el tiempo constituyen un buen ahorro en reposición de flechas y garantizan que el tubo se mantenga recto a pesar de los múltiples impactos laterales producidos en la frondosidad del bosque, y como no... soportando también esos castañazos frontales contra la dura piedra cuando se falla alguna volumétrica, en esos terribles impactos el aluminio siempre pasa a mejor vida. Interesantes estos tubos, espero que algún día se permita su uso en mi modalidad de recurvo de caza.

El enano ha perdido los nervios por enésima vez, en lugar de disfrutar disparando sus flechas se ha convertido en una olla a presión sin válvula de escape propiciando que sus flechas literalmente coman tierra o vayan a esparragar como diría el amigo Enrique, un desastre. Le digo que procure disfrutar con el arco y que posponga el ser campeón mundial si ello genera tales dosis de mal humor y sentimientos de inferioridad, que olvide compararse, que no dispare para los demás, que intente aislarse y procure sentir el tiro con arco... pero creo que hoy sus oídos estaban ensordecidos por sus propios lamentos, mal asunto porque no es un problema de arco o de flecha sino de sus 16 años, una difícil etapa que hay que superar para seguir el camino de aprendiz de hombre.

A media mañana el enano toma una sabia decisión permaneciendo en el campo de entrenamiento para practicar distancias, posturas y esa jodida suelta que se produce antes de tiempo. Para evitar que sus flechas salgan disparadas fuera de la zona de impacto, José le aconseja que encare primero la diana con el arco y la flecha y sin desencarar tense la cuerda para no perder la zona de seguridad en el tiro. Para no presionar al enano y dejarle un poco a su aire le indico un gesto a José expresandole mi intención de desaparecer en el interior del bosque, a los pocos minutos el enano parece que empieza a pinchar diana.

Al filo del mediodía un viento cargado de humedad no nos presagia nada bueno y regresamos al campo de entrenamiento cerca de los cuatro ruedas por si al segundo diluvio universal le da por aparecer. A la media hora, absorto en unas dianas escucho el ruido de un motor familiar y al dar la vuelta veo a Montse abriendo la puerta de su cuatro ruedas del que salen disparadas tres bolas peludas y doradas, mis tres queridos e inseparables golden retrievers.

Corren los "velociperros" por la explanada, recogen flechas y nos las devuelven en la línea de tiro, seguidamente se encaraman al montículo inspeccionando ese animal de plástico que permanece estúpidamente inmóvil, cuando tienen la certeza de que permanecerá toda la eternidad allí plantado emprenden una persecución perruna a través de los matorrales. Me despojo del carcaj y demás parafernalia me introduzco en el bosque y corro entre los árboles perseguido por mis tres inseparables, unas minúsculas gotas de agua se fijan en mi cara y una extraña sensación de libertad me embarga a medida que penetro en la frondosidad del bosque, a mi lado, Ote, Nuka y Wolf eternos compañeros de travesura y galope cubren todos mis flancos. Sus ojos no se despegan de los míos más de cinco segundos.

Regresando del bosque centro mi atención en un poderoso árbol bajo el cual imagino ver a un joven Robin garabateando unas hojas, quien sabe... quizás las de un diario donde sueña con las evoluciones del Robin adulto que le está observando.

Una cortina de lluvia me devuelve a la realidad, animando a mis "velociperros" emprendo la última cuesta que nos lleva hacia Montse, Miki y José, quienes desde el interior de los cuatro ruedas nos llaman a refugio porque el tiempo ya no va a concedernos ni un minuto más.

Robin



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