Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo 1 de Abril de 2012

Querido diario.

"La Reina del Bosque"



(Escuchando: "Adagio (Albinoni)")

Los vendavales, los rayos, las intensas nevadas y, por supuesto su avanzada edad, habían contribuido a dotarla de su impresionante aspecto. Se había visto desprovista de su copa por un vendaval que hizo retemblar el bosque entero dañando a la mayor parte de los árboles. Sin embargo, en el lugar de la herida apareció una masa de brotes nuevos. Estos brotes, demasiados, compitieron por la luz y el aire superponiéndose unos a otros hasta que finalmente sólo unos cuantos llegaron a convertirse en ramas mientras el resto moría.

Su venerable tronco llevaba hueco varios siglos. Sin embargo no era motivo de alarma, dado que como ella misma decía, todos los tejos de avanzada edad se libran de su madera muerta.

Su copa era bastante irregular, con muchas ramitas secas y ramas a medio crecer, y solo sus ramas más altas no estaban completamente desprovistas de follaje. Sobre las fisuras antiguas y recientes habían crecido excrecencias y nudos de un tamaño considerable, vestigios de innumerables mutilaciones provocadas por las tormentas. Como resultado, la característica dominante en su aspecto era la asimetría. No es que los árboles aprecien la simetría, porque ésta es propia de seres inferiores. Pero lo cierto es que la vieja Tejo había superado con creces a la propia asimetría, porque tenía el aspecto de un conglomerado azaroso de madera y hojas, no era un árbol normal, y es que… ¿cómo puede aplicarse el adjetivo "normal" a la Reina del bosque?



Con el tiempo sus congéneres se dieron cuenta de que su aspecto tremendamente desaliñado constituía el emblema de la verdadera ancianidad y del fructífero matriarcado. El poco color que se veía en la vieja Tejo, la Reina del bosque, era el que le proporcionaba una fina capa de algas y musgos verdosos que habían cubierto buena parte de su cuerpo donde se había desprendido la corteza. Los líquenes medraban en torno a sus tortuosos miembros, e incluso dentro de la vasta cavidad de su tronco, al igual que los mohos. No obstante, la vieja Tejo decía que no se preocuparan y que algún día lo entenderían, que lo único que había hecho había sido reducir el ritmo de su crecimiento. Cuanto menor es el crecimiento, menor es el esfuerzo.

Hacia finales del verano, el fresno lo contó. El pino alto y los demás pinos lo contaron. Incluso las liebres corredoras (y los zorros tras ellas) se tomaron un respiro en sus mortíferas cacerías para avisar: "Cuidado, el hombre santo se acerca".



Unos días después, adornada por sus nuevas hojas e inmersa en el gorjeo y cantos de reyezuelos, petirrojos, herrerillos comunes y pinzones que se alojaban en sus ramas poderosas, la Reina esperaba ansiosamente a unos humanos encargados de construir una abadía.

A pesar de ser un día muy lluvioso, una docena de monjes llegó al lugar donde se levantaría el edificio. Trajeron consigo unos bueyes cuya misión consistía en tirar de carros repletos de materiales de construcción y los instrumentos necesarios para ella.

Aquella lenta procesión se prolongó durante días, incluso semanas. La tarea estaba revestida de un halo de solemnidad, quizá bastante apropiado, dado que no iban a construir una casa cualquiera, sino un lugar de adoración.

"No podía ser más afortunada" pensaba la Reina. ·No cabe duda que eligieron este lugar por su belleza natural, que debe haber inspirado a estos hombres santos".

Y el acebo le advirtió: -Nunca te puedes fiar del hombre. Por manso que parezca, siempre es traicionero.

Habiendo apilado un impresionante montón de materiales, los monjes se aprestaron a comenzar la construcción excavando unas trincheras que describían lo que sería el perímetro de la abadía, donde había que echar los cimientos. Una mañana en que se combinaban extrañamente la lluvia y el sol, aquellos hombres con sus túnicas cogieron sus herramientas de excavar y se dirigieron hacia la Reina madre.

Pero, ¿qué eran aquellos instrumentos que llevaban entre las manos? ¿Eran picos y palas que sujetaban mientras se aproximaban? Pero, ¿dónde estaban las cabezas puntiagudas de sus picos? ¿Por qué en lugar de eso tenían una hoja cortante? Y aquella hoja larga y dentada, ¿qué era? No era una pala, era imposible. ¿Y por qué se le habían acercado tanto? Con todo aquel espacio disponible se suponía que no querrían levantar uno de los muros de la abadía justo a su lado. ¿Y cómo es que no habían dibujado en la tierra el perímetro del edificio? ¿Dónde iban a excavar las trincheras si no tenían una línea que les guiase? Esto no era propio de ellos, habían clasificado y apilado tan cuidadosamente los materiales, anotando todos y cada uno de ellos… No era posible que de repente se hubieran vuelto tan descuidados… todos los árboles se estremecieron…

Entonces llegó el primer golpe. Aterrizó en la cara norte de su tronco recubierto de musgo. "El lado del diablo", se les oyó decir:

-¡Empecemos aquí para obtener un principio auspicioso! ¡Alabemos al Señor!- dijo uno, mientras caía el segundo golpe, seguido de otro, y de más y más, cada vez más copiosos.

¿Qué hacían aquellos animales enloquecidos? ¿Era esta la labor de un monje, de un hombre de la cruz, aquella cruz de madera ante la que todos se inclinaban… convertirse en verdugo? ¡Qué criaturas más rastreras, viles, depredadoras! ¿Qué eran? ¿Qué le estaban haciendo a la Reina? ¿Por qué? ¿Cómo se atrevían? ¿Qué mano sacrílega osaba profanar a la Reina del Bosque?

El dolor la estaba enloqueciendo, durante un momento parecía que podría soportarlo, incluso que podría superarlo, como si no estuviera sucediendo, como si todo fuera una pesadilla.

Un día extraño, uno en el que se mezclaban el sol y la lluvia, un día de dolor, un dolor tan intenso que al final, parecía casi dulce.

Los últimos pensamientos de la Reina cuando los golpes se sucedieron de una forma incesante, eran de sentir como si la estuvieran desarraigando, como si una fuerza alocada la lanzase por los aires. Cuando el hacha detenía su vaivén, aunque sólo fuera brevemente, el dolor la asaltaba de nuevo, las heridas abiertas la hacían volver a este mundo. Entonces, los sacrílegos empezaban de nuevo, las bestias retomaban su tala impía. La cortaban, rasgaban, violaban su suave alburno, golpeando, cortando ciegamente su madera y sus células, matándolas por decenas de millares, cientos de miles, millones… Cada golpe que recibía clamaba MUERE, MUERE, MUERE…

Aunque yo aún no existía cuando la Reina fue talada, mi madre sí vivía. Era un miembro importante del Círculo de los Perennes. Poco antes de morir me contó lo que le había sucedido a la Reina, aunque de alguna forma toda nuestra comunidad siempre lo ha sabido, somos una comunidad arbórea intercomunicada, somos una entidad con una memoria colectiva donde quedan registrados todos los acontecimientos importantes.

Mientras yo escuchaba atentamente sus últimas palabras, fui elegido como aquel, que a su vez, contaría lo que pasó durante aquel tumultuoso período.

Lo que la Reina había considerado, quizá con una ligera vanidad, el paisaje más hermoso del bosque, el tono púrpura amarronado de su corteza, el verde pálido de su tierno follaje, los monjes lo habían entendido de una forma diferente.

La cavernosa vaciedad de su tronco y su fantasmagórica (así la definieron) corteza purpúrea y hojas pálidas conformaban en sus mentes, visiones de fantasmas y cosas sobrenaturales.

Finalmente la Reina se desmayó tras unas horas de terrible sufrimiento, pero a los monjes les costó meses de un trabajo voluntarioso, aunque también malicioso, derribarla.

¡Qué visión más triste puedo imaginar! La Orgullosa e Indomable Reina del Bosque yaciendo tumbada en el suelo rocoso, reducida a la impotencia, desprovista de sus raíces, cortada de la vida. Cuando al fin se vino abajo, los monjes celebraron durante días y noches la consecución de su desmonte preliminar. Entonces, la cortaron en miles de troncos pequeños, para disponer de una inmensa cantidad de leña para el invierno.



Era el año 1448 de Nuestro Señor, el año que comenzó la construcción de la abadía.

Los árboles del bosque se sintieron muy tristes. Olvidados, aterrados, impotentes.

La historia de la anciana Tejo podía haber llegado a su punto final en ese momento. Pocos árboles de los bosques alimentaban la esperanza de volver a ser gobernados y guiados por una gran Reina. El hombre estaba sobre ellos, y era malvado…

Así que todo había acabado. Las hojas bailando con la brisa, las ramitas, ramas y tallos que las sujetaban, los pájaros que anidaban en ellas, los ratones de campo, los tejones y los zorros que usaban su tronco vacío como hogar. El cielo, la lluvia, el sol, la fotosíntesis: adiós a la vida. Se acabaron las hojas, la clorofila, la absorción de energía, la manufactura de alimento. En una palabra… la muerte.

Y sin embargo, algo la mantenía en vida.

Había perdido todo lo que vivía por encima de la tierra, pero por debajo de ella… estaba intacta. Allí tenía alimentos almacenados. Había un considerable volumen en el engrosamiento y la longitud interna de sus grandes raíces. Al principio, podía haber vivido de la energía almacenada en esas células. Sin embargo, tarde o temprano, se agotarían esas provisiones. Antes no había sido consciente de esa técnica de supervivencia. Aunque tardaría años en agotarlas, dado el volumen monumental de sus raíces, al final se enfrentaría al hambre, tras lo cual llegaría la muerte. Por consiguiente la táctica de supervivencia parecía estar incompleta. Pero sería eficaz si la unía a otro recurso de emergencia.

Continuará... algún día.

Robin

Domingo 8 de Abril de 2012

Querido diario.

Ventanitas al pasado...



(Escuchando: "BSO Gladiator (Hans Zimmer - Lisa Gerrard)")

Hoy va de circulitos metálicos, pequeñas ventanitas a nuestro pasado, a nuestra historia, porque eso es para mi la numismática de la antigüedad, un pretexto para bucear en el tiempo y descubrir que no somos tan distintos como creemos. Tecnológicamente hemos avanzado, pero nuestra "humanización" sigue pendiente, algo que nos aleja de un posible proyecto universal, al mismo tiempo vamos alejándonos de Gaia, nuestra Madre Naturaleza que nos ha acunado durante siglos, la vamos degradando y sometiendo a nuestro estúpido capricho.

Pero centrémonos en estas pequeñas portadoras de historia, las monedas...

Desde pequeño me ha apasionado la historia, la arqueología mucho más, en mi juventud tuve la fortuna de disfrutar de un profesor de historia que me abrió ventanas al pasado estimulando mi apetito por el conocimiento y la investigación, fue entonces, ávido de conocimiento, cuando ingresé en el grupo de arqueología del museo de mi ciudad, y fue allí donde pude tener en mis manos las primeras monedas ibéricas y romanas, pedacitos de historia con verdadera propaganda política escrita en sus leyendas.

Han pasado muchos años, no curse la carrera de Historia para dedicarme de pleno al negocio familiar que fundo mi padre, negocio que ha permitido en mi tiempo libre costear mis investigaciones dentro del campo de la numismática y como no... de todo lo que un aprendiz de todo puede estar interesado. Hace unos buenos años con un reducido grupo de amigos en la red creamos la web de divulgación denarios.org, tiempo después nacería el foro de denarios.org especializado en moneda de la antigüedad.

La moneda íbera de Ilturo, que era la moneda de aquellos íberos que después romanizados fundarían la ciudad romana de Iluro (la actual Mataró donde nací), es por proximidad la que más me atrae. Hace un año a raíz de una pequeña exposición de la moneda de Ilturo en Cabrera de Mar, lugar donde se ubican los restos del poblado ibérico, conocí al segundo arqueólogo del municipio, y mientras escuchaba con atención sus explicaciones y percibía su entusiasmo, se me encendió la bombilla, y sin preámbulo alguno le dije directamente a Alex el arqueólogo, que le parecería editar un libro partiendo del contenido de esa exposición. Aún recuerdo los ojos desorbitados de mi amigo mirándome fijamente. Le dije que no era necesaria ninguna crisis para no poder editar un libro sobre numismática o historia y que yo solucionaría ese tema. Y desde ese día fuimos perfilando lo que en pocos días va a ser una realidad... un proyecto privado de edición de un libro sobre la moneda de los íberos en el que después de unos aspectos generales se profundiza sobre la ceca de Ilturo y la moneda de su entorno.

Gracias a los contactos de Alex hemos contado con la participación de prestigiosos estudiosos del tema, Marta Campo del Gabinete numismático del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC)y Alicia Arévalo de la Universidad de Cádiz dan con sus artículos el contexto general de la moneda en la sociedad ibérica. Joan Ferrer del grupo Littera de la Universidad de Barcelona trata sobre las leyendas de las monedas íberas y el lenguaje ibérico aún intraducible a día de hoy, nos falta una piedra de Roseta. Pepita Padrós del Museo de Badalona aborda el tema de las cecas de la Layetania y profundiza en la de Baitolo (Badalona). Alex G. Sinner mi amigo arqueólogo de Cabrera de Mar y Carles Martí del Museo de Mataró desarrollan el tema de la circulación monetaria en el valle de Cabrera de Mar. Finalmente Alex aporta un estado de la cuestión sobre la ceca de Ilturo.

Nunca hubiera podido imaginar que contaría con la colaboración desinteresada de tan buenos estudiosos, esta es una de las buenas lecciones de este proyecto, nadie va a cobrar por su colaboración, y yo soy consciente de que posiblemente no recupere la inversión, pero eso es poca moneda con la que pagar el nacimiento de un proyecto acunado con tanta ilusión, a mi me estimula y satisface más invertir en cultura que cambiarme el automóvil cada cinco años, mis cuatro ruedas viven más allá de los veinte años en mis manos.

Esta es la portada del libro, es una edición en la que no hemos escatimado calidad de edición, es en color y eso no es precisamente barato. Son noventa páginas, no es un libro grueso sino más bien ligerito, pero tiene condensadas en sus páginas... años de estudio e investigación.



Gracias por leer hasta aquí, soy consciente de que estos temas son poco atractivos para la sociedad actual, pero Robin sigue siendo fiel a sí mismo y cuando tiene necesidad de decir algo... aporrea su teclado.

La tendinitis que me tiene alejado del arco y las flechas va remitiendo, pero el síndrome de abstinencia hace que sueñe con cientos, miles de flechas tapizando el cielo de mis adorables bosques mediterráneos.

Hasta pronto amigos.

PD: La moneda que encabeza esta entrada en el diario es un As (Unidad) de Ilturo de más de dos mil años de antigüedad, se caracteriza por el símbolo de una oreja detrás del busto del anverso y el jinete lancero sobre la leyenda de Ilturo en caracteres ibéricos en su reverso. Las monedas con el símbolo de la oreja son las últimas emisiones de la ceca y posiblemente acuñadas ya en la Iluro romana (la actual Mataró).

Robin



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