Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado, 18 de Abril de 1998

Querido diario.

Cuanto tiempo, tantas cosas he de contarte que no se por donde empezar, antes que nada decirte que en Navidad llegó mi nuevo arco, un Blackwidow MAII, aun recuerdo la cara que puso el mensajero de UPS, si, esos de las furgonetas negras y letras doradas. Cuando vi aparcar la furgoneta salí disparado a la calle, bajaba el repartidor de la furgoneta y de repente se encontró con dos ojos abiertos como bolas de billar y detrás estaba yo, tembloroso y con una sonrisa de metro y medio.

No le di tiempo a decir nada y le dije ... ¿Un paquete de Estados Unidos? y la respuesta fue una sonrisa acompañada de un ... Si, efectivamente... era usted el que llamaba cada día ¿verdad?. Me entregó el paquete y como quien lleva un recién nacido lo llevé en brazos a casa, una vez dentro me dispuse a desenvolver el tesoro, y como aletargado, allí estaba, mi nuevo arco, mi compañero. Lo monté y cuando lo tuve en mis manos, cuando la madera de la empuñadura absorbió mi temperatura y recobró la vida, supe que el esfuerzo y la espera habían valido la pena, era feliz.

A partir de ese día han sido muchas horas de sensaciones que procuraré relatarte a partir de ahora, son tantas las cosas que he de contarte....

Robin


Lunes, 20 de Abril de 1998

Querido diario.

Ayer domingo fue mi primera competición con figuras 3D con el recurvado, la puntuación fue muy baja, quizás más de lo que esperaba, pero digamos que eso es ya una anécdota y que lo mejor de la jornada consistió en poder participar en la tirada con mi amigo, tirar con mi nuevo arco, conocer a otros arqueros/as y sin duda disfrutar de un bosque precioso, con unos abetos majestuosos de considerable altura, el recorrido fue un paseo de los que no se olvidan.

¿Sabes diario?, era tan precioso el bosque, que una de las flechas que no acertaron en su blanco se escondió para que no la encontráramos, y después de un largo paréntesis de búsqueda, recapacité y le dije a Jordi, no busquemos más, la flecha no quiere volver con nosotros, quiere permanecer aquí, y allí quedó en su nueva morada, sinceramente, cuando cierro los ojos, envidio a esa flecha.

Por la mañana a primera hora Jordi me dio una carta, y en casa la he leído varias veces, la carta dice más o menos así:

Querido Robin:

Después de mucho tiempo tirando con arco, un día verás que el mejor trofeo que puedes llevarte a casa es tan solo la satisfacción o la alegría que a veces surge como un rayo, en una o dos flechas que parece que se tiraron a ellas mismas, que volaron solas, y llenaron de asombro tus ojos con una luz más exquisita que la luz del Sol.

Que luego los humanos te den una chatarra encima de una peana con chapa te va a parecer tan poca cosa, pero si lo hacen Robin, tú, disimula por cortesía.

He amado con la mirada a todos los árboles de los bosques que me han hecho sentir que éramos amigos. He sentido la caricia inexplicable de las ramas y las hojas, el estallido de los mil colores del Sol en las hojas y en las flores, y a veces hasta me ha sabido mal aplastar con mi peso la alfombra de hojas muertas que tapizan el suelo del bosque.

Tu sabes Robin, que empecé a tirar con arco a finales de 1986. Lo que me costó hacerlo un poco bien, mis tres años como olímpico, el bosque, los trofeos conquistados, mis conflictos, mis artículos, TV, mis 9000 alumnos en los cursillos en el pirineo...

Y de pronto un día contigo en tu bosque estábamos haciendo un recorrido cuando se te ocurrió decir:

- Es que se te ve tan compenetrado con tu arco, es un placer verte tirar y deslizarte por el bosque, sin duda alguna has nacido para esto.

Y de pronto, (como uno no se mira a sí mismo...) como un bofetón luminoso, uno cobra conciencia de sí mismo, ¡Algo increíble!.

Uno dice tontamente... -¡Ah! ¿si...?

Pero para mi fue muy importante, y si te escribo y te lo cuento es para agradecértelo enormemente, gracias Robin.

Un cordial abrazo de tu amigo..

Me quedé un tiempo meditando, inocentemente le había dado un buen espoletazo a ese arquero esencia que algunos llevamos dentro y que solemos olvidarlo abrumados por las competiciones y el complicado vivir o sobrevivir diario.

Mañana querido diario te contaré mis cuatro días seguidos de recorridos con José, un arquero entrados los sesenta, a quien quiero que conozcas ya que rompe los cánones de todos los manuales de tiro con arco pero que me acompañó en mi bosque durante las vacaciones de semana santa.

Robin


Martes, 21 de Abril de 1998

Querido diario.

Te hablaré de José, un arquero singular, le conocí hace muchos años cuando se inició el tiro con arco en mi club, es por tanto producto de la primera hornada de arqueros. José como te conté rompe absolutamente con todo tratado de tiro con arco, empecemos por decir que en su carcaj jamás hay dos flechas iguales, distinta longitud de flechas, puntas diferentes, tubos diferentes, flechas torcidas, flechas sin punta etc, etc. José lo dispara absolutamente todo y lo exasperante es que todo lo que tira alcanza su objetivo, su arco es un poleas de caza muy sencillo (la economía no da para más), despojado de cualquier virguería tecnológica, su forma de armar el arco es también peculiar, todo en él es muy propio, pero... las flechas casi siempre logran su objetivo.

Es entonces cuando pienso, ¿que es más importante?, ¿la técnica?, o la esencia de arquero, medito y llego a una conclusión, la técnica es importante para perfeccionar a un arquero, no voy a negarlo, pero lo segundo, el arquero esencia es aquel que nace arquero, aunque lo descubra muchos años tarde, es aquel que comulga con su arco, siente la pasión de tirar con él y se integra con facilidad en el paisaje de nuestros bosques, eso amigo mío es lo más importante es lo que da carisma a un arquero.

José me dio lecciones sin querer darlas, recorríamos el bosque, nos deteníamos ante una diana, disparábamos repetidas veces, recogíamos flechas y proseguíamos el camino, entre diana y diana nos recordábamos lo mucho que disfrutábamos sin horario, sin reglamento, libres de alguna forma, a medio recorrido nos deteníamos en un claro para reponer fuerzas y comer el bocadillo de rigor, casi siempre nos dirigíamos a un lugar donde corre un riachuelo de agua cristalina y fresca, un pequeño claro rodeado de vegetación digno de hacer parada, y allí resolvíamos la mayoría de los males del mundo.

Al tercer día decidimos romper definitivamente con las reglas e iniciamos una simulación real de caza, controlando si el viento estaba a favor, y buscando la mejor posición para el tiro, a veces hay que soltar a ese pequeño depredador que llevamos en el interior, pero los objetivos fueron una vez más diversas fotos de presas adheridas a los soportes de diana colocados estratégicamente en el bosque.

Fueron cuatro días, disparamos multitud de flechas, acabamos agotados pero satisfechos, y saldamos sobradamente el largo período de tiempo en el cual no pudimos patear juntos nuestro amado bosque, desgraciadamente José trabaja incluso los fines de semana, sus hijos permanecen con él y los hijos de sus hijos también, pero jamás desfallece, aunque yo pienso que deberían darle un respiro, se lo merece con creces.

Robin


Miercoles, 22 de Abril de 1998

Querido diario.

Hoy quisiera hablarte de un árbol, si, un árbol cualquiera, quisiera tener el don de la palabra para poder transmitirte mis sentimientos que nacen en su presencia, ya te conté que este pasado domingo quedé impresionado por esos majestuosos abetos que disfrutamos en el recorrido de bosque.

Por eso hoy tengo la necesidad de hablar sobre el árbol, ese hermano al que amo desde lo más profundo de mi ser.

La vida sólo puede medirse por la intensidad con que se vive y no por su duración. Una mariposa sólo vive unos días, pero es tal la alegría con la que despliega sus alas y la luminosidad de sus colores, que en tan breve tiempo da lo mejor de sí misma.

El árbol, por el contrario, se toma su tiempo, bebe la vida en tragos cortos, la saborea solemne y pausadamente. De algún modo los árboles están fuera del tiempo o de nuestro ritmo temporal.

Su larga y sosegada vida los hace sabios y así representan la imagen y la garantía de estabilidad para el medio. No en vano son además nuestros hermanos más altos, y los más profundos, siempre auscultando la tierra con raíces infinitas.

El árbol reune en sí todos los elementos, el agua que fluye por sus venas y el fuego que encierra su materia y que puede extraerse por frotamiento. La tierra en la que se sumerge y de la cual se nutre y el aire al que se dirige y respira.

¡Ah! amigo diario, si en algún lugar tiene la felicidad su morada, seguro que se encuentra a la sombra de un árbol viejo. ¿Quiza se encuentre escondida entre sus frondosas ramas? Allí está siempre esperándome y allí la encuentro siempre que la extravío.

Caminando entre los árboles, uno se impregna de la enorme fuerza que emanan, nos sumergimos en nuestros pensamientos, allí cobran otra dimensión y ritmo. Cuando nos hacemos asiduos moradores del bosque entramos en un mundo mítico en el que la realidad cotidiana se quiebra cada instante, con cada sensación, con cada encuentro... El diálogo interno se detiene, el mundo esta parado en su centro y una plenitud calmada embarga a quienes nos internamos en el bosque y penetramos en su secreto.

A veces andando por el monte, podemos encontrar bosques especiales donde uno a penas se atreve a respirar, están envueltos en una atmósfera de solemnidad y profundo misterio, otros bosques, en cambio, tienen un carácter ligero y risueño. Todas las arboledas poseen su magia, en el crepúsculo, la luz y las sombras bajo las copas de los árboles crean la atmósfera del umbral de una gruta, el bosque estrecha su abrazo con la tierra y nuestra respiración se acompasa con la de la Madre. Este es uno de los mejores momentos para acercarnos a Ella y sentir la silenciosa presencia de los árboles.

El lenguaje que se establece con el árbol va de corazón a corazón. Por eso, a veces es necesario que la mente quede relegada a un segundo plano. Entonces, todo parece más claro y la evidencia, la intuición, la memoria que se esconde en nuestro ser profundo, nos revela mundos insospechados.

Querido diario, que el gran árbol nos cuide!

Robin



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