Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Martes, 7 de Mayo de 2002

Querido diario.

A través de la ventana una lluvia incesante cae del cielo gris. Desde mi confortable habitación deslizo las yemas de mis dedos por el teclado, deseando escribir... cualquier cosa.

Llegaron los primeros días de mayo, llegaron las lluvias, el bosque está a punto de estallar, todo el paisaje es en esta época verde, verde, verde, es ahora cuando el bosque deja de ser transparente, los castaños comienzan a echar hoja, cuando los últimos cerezos silvestres se desfloran y las primeras acacias comienzan a florecer, el follaje es aún escaso dejando ver el cielo, las estrellas y las lejanas montañas. El rey del bosque es ahora el cuclillo, en los valles solitarios, en las cimas soleadas se escucha su profunda voz de reclamo, es el anuncio de la primavera. Profunda y cálida suena su llamada a través de los bosques. Su voz ha permanecido idéntica, como el Sol, como el bosque, como el verde de las tiernas hojas y el blanco y el violeta de las nubes viajeras de mayo. Año tras año canta el cuclillo, y nadie sabe si es el del año anterior, y qué fue del cuclillo al que un día escuchamos de niños, de adolescentes, de jóvenes. Rara vez se le ve, esquivo pájaro que no se deja ver fácilmente, quiere ser independiente. Para la mayoría de las personas el cuclillo no es sino esa voz bella, honda y seductora en el follaje... lo han escuchado miles de veces, pero nunca lo han visto. Yo he podido ver algunas veces al risueño pájaro del bosque, invisible para casi todos, y del que se cuentan tan encantadoras leyendas. Invisible, pero a lo largo de dos meses es el señor y rey de todo el bosque. Sonoro y excitante heraldo de amor, sabe poco de fidelidad, hogar y cría de hijos.

Pronto llegará el tiempo estival. Pronto el bosque estallará en pujante vegetación, y en los claros germinará la tierna hierba, y de noche oiré cantar al búho. Nuevos sonidos llenarán el bosque, nuevos aromas y nuevos colores, y lo que hoy asoma del suelo verde y minúsculo y germinante, mañana será viejo, duro y pardo.

Robin

Lunes, 20 de Mayo de 2002

Querido diario.

Las cinco de la tarde... hay que sacarle más jugo a este lunes festivo, recojo equipo y velociperros y fijo el rumbo hacia el bosque donde daré vuelo a mis flechas.

Llegamos a un claro del bosque junto a una vieja casa rural derruida, aparco el auto y suelto a la jauría para que estiren las patas, mientras ellos inspeccionan cada uno de los rincones coloco tres de mis dianas 3D junto a una pared de tierra que hará de paraflechas, un ciervo, un jabalí y un pequeño conejo.

No hay nadie, solo, con mi arco, mis flechas y mi tres inseparables, rodeados de árboles y de una multitud de pulsaciones de vida ocultas entre los matorrales. Llamo a la jauría para que descansen detrás de mi zona de tiro. Atentos observan el vuelo de cada una de las flechas torciendo levemente sus cabezas a cada sonido de impacto en las dianas, ellos no juzgan, solo observan. Cuando finalizo la serie de disparos sus ojos se clavan en los míos a la espera de una señal, sonrío y con una voz les doy el toque de salida. Tres flechas peludas y doradas van hacia las dianas, cuando les alcanzo extraigo mis flechas de las dianas y haciendo unos manojos entrego a cada uno su ración de flechas, con la cabeza erguida mostrando a todo el bosque su trofeo regresan a la zona de disparo con un paso majestuoso, algo típico del Golden Retriever. Así una y otra vez hasta que tomo un descanso, me despojo del carcaj y dejo el arco reposando junto a un árbol. Tomo asiento en una enorme piedra a 4 pasos de la casa derruida, a mi alrededor las tres bolas peludas cierran todos mis flancos, Wolf apoya su espalda en mi rodilla, Ote la suya en mi hombro izquierdo y Nuka relaja su hocico en mi barriga, dentro de ese circulo de protección puedo degustar un pedacito de cielo.

Pronuncio sus nombres y al momento tres pares de ojos buscan mi mirada, cuando establecemos contacto visual empiezo a hablarles, ellos no entienden el significado de muchas palabras pero si el tono y el sentimiento que las acompaña, Nuka con los dos ojos perrunos más dulces que he conocido me mira al alma mientras mis dedos se deslizan por su cabeza y le hablan.

Les hablo de los humanos, del bosque, de la felicidad que ellos aportan a mi familia y de lo mucho que les queremos, es entonces cuando percibo un destello brillante en sus ojos, en un solo destello hay tantas palabras...

Mis últimas flechas vuelan, el día cae y el misterio de la noche se anuncia levemente a lo lejos, mi voz se desliza como una flecha a través de los árboles, regresamos a casa.

Robin



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