Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Lunes, 12 de Junio del 2000

Querido diario.

No creas que te tengo en el olvido, esa no es la razón de mi ausencia, no, el motivo es una acumulación de problemas de diversa índole, digamos que he tenido que detenerme, centrarme antes de presentar batalla, antes de resolver, como cualquier estratega romano que se detiene ante distintos frentes expuestos de su ejercito. No voy a contarte mis problemas porque puedo aburrirte con ellos diario, pero si, como obtengo la fuerza para resolverlos. De alguna forma la vida puede convertirse en un pequeño recorrido de bosque, con diversas dianas a las que dar impacto, un arquero debe estudiar cada una de ellas para resolverlas lo mejor posible. Uno de los factores que conducen al error la mayoría de veces es una incorrecta apreciación de la diana (del problema), si no determinamos exactamente la distancia y todo aquello que la envuelve, estamos condenados al error, y lo terrible es que una vez disparada nuestra flecha no hay posibilidad de repetición, hay que ir a por la siguiente. La vida en cierto modo es un recorrido de bosque, un recorrido complejo.

El viernes pasado me encontré profundamente agobiado, como te he contado se han abierto diferentes frentes de distinta naturaleza, Montse deberá operarse en Septiembre, esta vez es una operación más compleja que puede ocasionar desequilibrio psíquico además de la problemática que conlleva una intervención quirúrgica y su recuperación posterior. Cabe la posibilidad de que ello me excluya de los campeonatos de tiro con arco en los que deseaba participar, lo que confirma el maleficio que arrastra este jodido 2000. En otro frente, Meri esta perdiendo la carta de navegación y es muy posible que una decisión precipitada se convierta en un grave error. Sumemos ahora unos cuantos cañonazos recibidos en la linea de flotación de nuestra economía doméstica, y terminemos aderezando este guiso con una multitud de pequeñas inconveniencias que en conjunto agravan el resto de situaciones.

Pues bien, este viernes por la noche sentí como mi vaso se había llenado en exceso, y tuve la necesidad de un tratamiento de choque, cuando la noche cubrió el día, decidí salir de casa para explosionar lejos de ella. Y ¿donde crees que fui esa noche húmeda y fría? pues es fácil adivinarlo conociendo a este enloquecido arquero amante de los bosques, efectivamente, a un bosque cercano a mi casa.

Salí de casa, hacía un poco de frío, la temperatura calurosa de estos días había descendido debido en gran parte a una intensa lluvia que nos cubrió durante toda la mañana. Me interné en el bosque de pinos que delimita con la parte trasera de mi casa, vivo en la parte casi exterior de un pueblo. La sensación que da un bosque cuando nos adentramos en él en una noche cerrada sin más compañía que el sonido de nuestros pasos es algo más que impresionante, sabes cuanto amo el bosque, como conozco los animales que habitan en él, incluso los que no se ven, pero incluso conociendo bien al bosque, confieso que de noche me sentí literalmente acojonado.

Bien, sigo querido diario, me introducí en el bosque por un sendero conocido, a medida que penetraba en él, me giraba y comprobaba como iba desapareciendo la luz del pueblo, el pueblo iba reduciéndose mientras el bosque se apoderaba de mi, al principio como te he dicho llegué a sentir miedo, si, miedo, pero algo retumbó en mi cabeza y tras unas traicioneras lágrimas abrí mis brazos y permití que la fragancia húmeda del bosque me inundara ya por completo, dejé de sentir frío, me abrí al bosque, me es difícil relatar la compleja amalgama de sensaciones que empecé a experimentar, inicié a partir de ese instante la que iba a ser mi terapia, apoyé la espalda en un árbol, uno cualquiera, y permanecí en silencio inmerso en la oscuridad, escuchando. En la oscuridad del bosque no se observa, solo se escucha, se siente, primero nuestro propio miedo al que hemos de vencer, vi en ese miedo la manifestación de los miedos que se habían producido fuera del bosque, los que habitaban en mi propia vida tan cargada últimamente, pensé que la única forma de vencer al miedo era conociendo su naturaleza, identificando correctamente su origen y que debilidades lo alimenta.

Arropado por el bosque, embriagándome con la humedad sembrada por la reciente lluvia, encendí un cigarrillo en un pequeño claro, iniciando una distensión, una relajación, escuchando ruidos, jugando a reconocerlos, hay miles de ellos, pudiendo alcanzar en determinados instantes la intensidad de un barullo, escuchando y reconociendo, el temor desaparece. Mi vista se estaba haciendo un lugar en la oscuridad de la noche, en esos momentos empecé a revisar mis preocupaciones, hice lo que un viejo me contó hace ya muchos años, recuerdo sus palabras: "Robin, cuando estés agobiado, cuando te sientas saturado coge papel y lápiz, haz una lista de todo lo que te preocupa, como si fuera una lista para ir al supermercado, cuando termines, verás todo lo que te preocupa en ella, no olvides ningún detalle por insignificante que parezca, entonces dimensionarás aquello que te preocupa, solemos sobredimensionar los problemas, sobre todo cuando son un cúmulo de ellos", de esa forma, sin papel ni lápiz empecé a enumerar infinidad de pequeñas cosas en mi cabeza, incluso, pequeñeces laborales que aunque insignificantes, sumadas, son una fracción del agobio. Cuando completé la lista, empecé a sentirme más fuerte, el conocimiento, la valoración, la enumeración todo ello me estaba dando la distancia a la que debía disparar mis flechas, como resolver mis propias dianas.

Me incorporé, inicié de nuevo mis pasos, a cada paso sentí crecerme, conceptos, imágenes, todos mis frentes, todos mis problemas, todos mis ejercitos, toda mi vida estaba esperando a que retomara el mando y dictara la estrategia, a cada paso me sentía más dueño de mi mismo, sabía exactamente la magnitud del ejercito al cual debía librar mi batalla, supe también por cual de los flancos iba a penetrar mi respuesta, ¡Dios! que fuerza me inyectó el bosque.

Un trueno aceleró mis pasos, presentí que una lejana lluvía se dirigía hacia mi, ráfagas de aire cargado de humedad me ponían en alerta retomando el camino de regreso, cuando el pueblo se divisaba a lo lejos unas diminutas gotas de lluvia aceleraron mis pasos, a cada paso, a cada gota, un resto del temor que resistía se desvaneció por completo.

El Robin agobiado y confuso no regresó, otro Robin más expeditivo emergió de la espesura como recién parido por el bosque. De regreso a casa, unos cuantos estornudos me acompañaron, pero me pareció escasa moneda con la que pagar esa húmeda, fértil, y mágica noche.

Robin

Miércoles, 14 de Junio del 2000

Querido diario.

Esta mañana he recibido
una triste noticia. Ayer
por la noche, falleció
Josep Maria Rovira-Brull,
pintor, escultor, y padre
de nuestra emblemática
"Laia L'Arquera", colosal
escultura ubicada en la
Puerta Laietana de Mataró.

Laia, es el testimonio que Rovira-Brull ha dejado a la ciudad, esta inmensa arquera ha concluido la trayectoria artística de uno de los autores más representativos de la ciudad de la segunda mitad del siglo XX.

De esta forma relataba Rovira-Brull los motivos que le indujeron a crear la obra: "Laia tiene el espíritu de las esculturas prehistóricas, simboliza la unión del hombre y la tierra. La tierra fértil, maternal y terrible cuando se defiende. El atributo del arco de la figura es un toque referencial de Artemisa, esposa de un rey griego, cazadora, recolectora de hierbas medicinales que tambien lleva su nombre. Esta mujer arquera vivió en el poblado de Burriach. Con el paso del tiempo su tribu de Laietanos bajó al Maresme y se convirtió en Artemisa, diosa de la luz de la luna. El arco de Laia apunta a Burriach y la flecha de la energía positiva simbólicamente une el presente y el pasado"

Descansa en paz Josep Maria.

Robin

Jueves, 22 de Junio del 2000

Querido diario.

Mañana por la tarde subiré al club de tiro, un arquero de bosque quiere regalar un recurvado a su compañera y está interesado en probar el Black Widow, así que aprovechando la cita he quedado con José y Blai en el club. Será ocasión para comprobar como vuelan mis flechas y mi forma física. Esta semana Xuri me ha recordado que el próximo 23 de Julio se celebrará el Campeonato de Catalunya 3D en Pardines, estaba convencido que tendría lugar en Septiembre por lo que tenía serias dudas en poder participar coincidiendo con la peregrinación quirúrgica de Montse, así que ... a tensar cuerda durante un mes y a prepararme para pasar una buena jornada de tiro con arco en Pardines.

Hace unos días me comentaron que a Joan Cano se le partió el Big Horn (recurvado) y me he quedado muy extrañado, es una buena marca y sus arcos son de gama alta, es decir, que valen unos cuantos doblones de oro, además, no se han partido las palas sino el cuerpo del arco, generalmente la parte de un arco que recibe más bofetada son las palas, pero el cuerpo, francamente me ha sorprendido. Quizás haya tenido algo que ver el hecho de que Joan utiliza estas nuevas flechas de grafito, igual el calibre era insuficiente y por ello el arco ha ido absorbiendo parte de la energía generada en las palas para incidir en algún punto flaco en el cual se ha producido la rotura. Según más informaciones Big Horn le enviará un arco nuevo, a ellos también les ha extrañado mucho este tipo de rotura.

Yo seguiré con mis aluminios, aunque sea un coñazo la facilidad que tienen para doblarse, estoy muy bien adaptado a ellos y la verdad no me apetece meterme en la paranoia de volver a encontrar el calibre, la punta, el peso y el copón bendito adecuados para conseguir otra flecha adecuada a la potencia de mi arco. Conozco arqueros que llevan muchos años experimentando y experimentando como si de la busca del Santo Grial se tratara.

Robin

Viernes, 23 de Junio del 2000

Querido diario.

Esta mañana he recibido visita de José, ha entrado en la oficina con el semblante alterado, le he recordado nuestra cita de la tarde preguntándole seguidamente el motivo de su cara abatida. Intentando ocultar su nerviosismo me relata lo sucedido: "Estoy hecho polvo" -me dice, "¿Sabes aquel lugar donde solemos ir a entrenar en verano junto al pozo?" afirmo con la cabeza y le escucho con atención... "Pues el otro día subí a entrenar y me quedé paralizado... ¿sabes aquellos cuatro pinos centenarios que hay junto al pozo?" empiezo a ponerme nervioso e intuyo lo que José va a contarme: "Pues, ¡Que los han cortado! ¡Han cortado aquellos cuatro árboles que tenían más de 150 años cada uno! se me ha hecho un nudo en el estómago, aquello ha sido una visión dantesca Robin, aquel lugar tan entrañable en el que tantas veces nos hemos sentido arropados ha sido destruido." Me quedé perplejo, intenté racionalizar lo sucedido pero no encontré ninguna explicación, ¿porque esos cuatro árboles? ¿porque a esos centenarios moradores del bosque? comprendo que la vida de un árbol debe tener un principio y un fin, pero ... ¿que sentido tenía sesgar la de aquellos cuatro magníficos e imponentes pinos? no obtuve respuesta, y desvié rápidamente la conversación hacia la jornada arquera que iba a tener lugar por la tarde, contamos unos cuantos chistes escandalosamente horribles y fijamos la hora del encuentro.

Al mediodía en casa se han repetido en mi cabeza las breves pero dolorosas palabras de José, triste final para cuatro centenarios árboles, me he sentido frustrado y he tomado la decisión de evitar ese lugar durante una temporada.

Por la tarde el cielo totalmente cubierto de nubes, el toyota repleto de arcos, flechas y carcajs. Robin y el enano rumbo al campo de tiro. Durante el trayecto cruzamos los dedos, amenazaba lluvia.

Llegamos al club, y esperamos a la entrada del camino de acceso la llegada del resto de arqueros, a los quince minutos llegan nuestros invitados, Eloy y Eva, prácticamente seguidos de José y Blai. Hacemos las presentaciones iniciando seguidamente la habitual ceremonia del equipamiento en la que como un mutante te conviertes exteriormente en arquero. En esos momentos deposito el objeto del deseo (el Black Widow) en las manos de Eva y se produce el primer intercambio entre arco y arquera.

En el campo de entrenamiento, entrego a Blai el Century Hunter del enano para que lo pruebe, y cuando ha tirado un par de flechas veo que lo abandona, me dirijo a él y elevando mi cabeza le pregunto, la respuesta no puede ser más contundente: "No es un Black Widow, ni de lejos."

Eva toma el arco, le gusta el grip, dispara sus primeras flechas, minuciosamente comprueba el grip en su mano, el peso del arco. Las flechas que no llegaban lanzadas con su martin, alcanzan diana, el vuelo de sus flechas se ve firme, seguro, primer destello en sus ojos. El jodido Black Widow estaba haciendo de las suyas, con su increíble forma de insinuarse al disparar las primeras flechas, recuerdo muy bien esa sensación, se estaba acoplando a la arquera, primero su mano, después su brazo, para terminar con todo su cuerpo. Eva al disparar sus flechas abre la mano, le recomiendo que la cierre alrededor del cuerpo del MAII, es necesario sentir completamente la empuñadura y le recuerdo que no tira con dragonera. Eloy me había comentado que le preocupaba el peso del arco, que el Martin de Eva era muy ligero con un grip muy delgado, que el Black Widow pesaba igual que su Big Horn y que podía ser excesivo para ella. Matemáticamente pesaba casi el doble que el Martin, pero en sus manos no daba esa sensación, el MAII y la arquera disiparon una multitud de dudas.

Reuní al grupo, José andaba descontrolado por el bosque persiguiendo dianas, reunidos los seis arqueros nos sumergimos en el bosque y disparamos sobre unas 7 dianas 3D. Las nubes proferían amenazas de lluvia, pero lo que realmente hicieron fue impedir que los rayos del Sol nos achicharraran, con una luz tenue y una temperatura agradable realizamos nuestro recorrido de bosque, hora y media más tarde despedimos a la pareja de arqueros. El resto quemamos los últimos cartuchos en el bosque de mi club, lejos del lugar donde yacían cuatro hermosos y centenarios árboles.

Robin

Domingo, 25 de Junio del 2000

Querido diario.

Primera hora de la tarde, observo el cielo ... nubes, podría ser una buena clausura del fin de semana. Arco, flechas, carcaj, 4 ruedas y zumbando hacia el campo de tiro, esta vez solo, esta vez a entrenar y observarme a mi mismo. Los domingos por la tarde son perfectos si lo que uno quiere es entrenar con la única compañía de su arco, y así ha sido durante la primera hora, unas 2D alternadas con otras 3D, repitiendo disparos, buscando todos los ángulos posibles a las dianas, resolviendo situaciones nuevas y abandonando las piquetas que ya no me eran de utilidad por conocer demasiado las distancias y su dificultad, así que... detrás de aquel árbol, buscando pasillos entre las ramas y metiendo obstáculos que debían sortear mis flechas.

Todo transcurría perfectamente, el cielo se mantenía nublado y el aire seco no anunciaba lluvia. Salgo del bosque y realizo unas series en el campo de entrenamiento, disparo unas flechas desde una zona que me procura una distancia de unos 80 metros a una diana, analizo el vuelo de la flecha, la caída, la parábola, a partir de los 50 metros la caída es crítica, un error de elevación y la flecha se va a las nubes o come hierba por un tubo, no deseaba pinchar amarillos, quería conocer el rendimiento de mi arco a largas distancias. Satisfecho con mis lanzamientos a 80 metros me sitúo en la línea de tiro alternando disparos a las cuatro dianas, 15 metros, 45, 25, 35, bastante bien pero eran distancias conocidas, cambio de método, me aproximo a la diana que esta a 45 metros, a 6 metros de ella le doy la espalda, empiezo a alejarme de ella y a cada 3 o 4 pasos me giro y lanzo una de mis flechas.

Acusando un poco el cansancio me despojo del carcaj y tomo asiento junto a la línea de tiro, respiro hondo, unos sorbos de agua e intento relajar mi cuerpo soltando un poco mi mente. A los diez minutos me parece escuchar un gemido ... no, serán imaginaciones mías, intento blanquear mi mente, de nuevo un lamento que no provenía de ningún lugar, emergía de mi interior, cuelgo el carcaj en mi espalda, recojo algunas flechas clavadas en las dianas y con el arco en la mano me introduzco en el bosque, veinte pasos, me detengo y me digo: "¡Maldita sea, no debes ir allí!", reanudo la marcha, disparo algunas flechas a medida que localizo dianas en el bosque, cada vez estoy más cerca hasta que llego a un cruce de caminos, tengo dos opciones, el de la derecha o el de la izquierda, lo pienso... tomo el de la derecha, avanzo lentamente, mis ojos exploran a lo lejos, todo parece igual, no hay cambios. Al salir de una curva del camino veo una intensidad de luz desconocida, el corazón golpea fuertemente mi pecho, mis pasos se aceleran hasta que me encuentro clavado junto al pozo, paralizado, no están, no hay nada, solo restos de ramas por el suelo. Me despojo del carcaj que me oprime el pecho, y contemplo una visión dantesca de lo que había sido y ya no era, ya no hay árboles, solo los tocones enraizados en el suelo, ya no hay nada.

Sigo el sendero que bordea lo que antes era una columna de pinos, la desolación se extiende, no han cortado los cuatro pinos centenarios, no, han deforestado toda la zona, los tocones se cuentan por decenas. Alguien había decidido la transformación de aquellos árboles en algo útil. Recurro a la razón, si queremos papel, si queremos muebles, hay que talar árboles, lo entiendo, pero aquel lugar era sagrado para José y para mi, allí nos reuníamos infinidad de veces tomando descanso bajo la sombra y el cobijo de los árboles que ya no estaban, allí llevábamos a los enanos a practicar sobre pequeñas dianas. Sigo andando hasta el final de la tala, a los pies del muro de un convento de monjas, mi vista penetra en él y observo a algunas de ellas meditando en sus huertos, de espaldas a los muros del convento observo por última vez la deforestación, me aproximo a un enorme tocón y reemplazo con mi cuerpo el espacio que antes ocupaba el tronco del árbol talado, me parece notar una energía que emerge de las raíces, la parte subterránea del árbol aun tiene vida, me doy la vuelta y mis ojos se detienen presos en los de dos monjas que me están observando, reina el silencio, sin pronunciar palabra alguna nuestros corazones hablan, y una bocanada de paz me inunda, levanto la mano, ellas alzan la suya, media vuelta, acelero la marcha y en breves minutos abandono un lugar que ya no es. No mencionaré nunca más ese lugar como "el pozo" a partir de ahora será "el convento".

Robin



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