Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Lunes, 4 de Junio del 2001

Querido diario.

Dicen que la vida es un campo de pruebas para los propios principios morales.

Cuando uno sabe qué tipo de persona quiere ser, toma la decisión consciente de vivir con integridad. La integridad personal es esa cualidad dominante del carácter que hace que te atengas a tus principios y los apliques en tu vida.

Parece fácil, pero solo lo parece. Nos gusta pensar que toda persona buena quiere vivir con integridad. Pero puede ser más duro de lo que alcancemos a pensar, ya que en ciertas situaciones o con determinadas personas resulta difícil mantenerse íntegro. No, no es fácil, a veces nos vemos forzados a tomar decisiones duras, penosas, y en ocasiones tenemos la impresión de que el "tipo malo" sale ganando y el "bueno" se lleva la peor parte. Algunas personas intentarán perjudicarnos por el hecho de actuar con rectitud, por no ceder a intereses particulares. Consciente o inconscientemente, tal vez envidien nuestra integridad o se sientan culpables por no haber elegido seguir el mismo camino.

El mundo de los negocios y el mundo de las relaciones personales son ambientes donde puede verse desafiada nuestra integridad. Un pretendido amigo, un amante, quizá trate de persuadirnos para que actuemos en contra de nuestros principios. Es posible que nos sintamos impulsados a comprender nuestros valores con objeto de preservar la armonía de una relación o de conservar un trabajo. Pero hemos de recordar que siempre es factible encontrar otro amigo, otro empleo u otro amante. Encontrarnos con nuestro antiguo yo, no es tan factible.

Algunas veces las pérdidas externas son el precio que hay que pagar a corto plazo por tener integridad, no hay otra alternativa.

En nuestra vida hemos de saber quienes somos y comunicarlo a través de nuestras palabras y acciones. Hagamos de la integridad nuestro ideal más sagrado, de esa forma cuando examinemos nuestra vida no nos parecerá mediocre.

Este es el hilo de oro número once de los doce imprescindibles para tejer el manto de nuestra vida, es quizá el hilo más importante. Una anciana de 85 años me enseñó a utilizar los hilos adecuados.

Para Alicia con todo mi corazón.

Robin

Sábado, 16 de Junio del 2001

Querido diario.

Únicos e innumerables como las estrellas del firmamento son los lugares sagrados, los centros de poder que como un imán han atraído al hombre desde la más remota antigüedad.

En muchas ocasiones, es la propia fuerza del lugar la que genera esta vibración capaz de renovar al ser humano, pero otras veces es el hombre quien instaura el centro mediante la celebración de un ritual, o simplemente utilizando un determinado lugar para su introspección.

Árboles sagrados, piedras centrales, templos o santuarios ubicados entre los bosques. Son algunos de estos sitios de poder a los que el hombre se dirige para hablar con la divinidad en la búsqueda de una revelación, para elevar sus súplicas a lo alto o para dejar sus ofrendas. Una casa o ciudad se constituían en la antigüedad como centros del mundo o lugares sagrados y adquirían de este modo una cualidad espiritual. Cada acción del hombre estaba regida de algún modo por una acción unitaria de la vida, en la que el mundo físico y el mundo del gran espíritu se interpretaban hasta el punto de no diferenciarse. Y aún es así, aunque en la actualidad el espejismo y la opulencia de nuestra sociedad favorezcan la visión material y egocéntrica del mundo.

Los centro de poder pueden seguir utilizándose y podemos también consagrar nuevos altares y santuarios desde donde elevar una voz y recoger una inspiración. Cualquier lugar es válido, aunque existan lugares con especial disposición y otros en los que sería dificilísimo neutralizar la energía negativa.

Un centro del mundo es el lugar en el que confluyen todas las direcciones, es la cruz o el cuadrado inscrito en el círculo de los indios lakotas y otras tradiciones como la irlandesa, es el centro del que de forma natural o por intercesión del hombre, brota y confluye la energía. Es, por fin, la representación exterior de nuestro propio centro interno, que en estos lugares entra en resonancia. Esté o no presente un determinado lugar sagrado, el árbol es la imagen perfecta de la expansión y atracción que se opera en estos sitios y la entidad arbórea actúa de forma semejante.

Esta mañana me ha despertado el canto de un gallo que hay en el vecindario, he salido de casa a primera hora para dar un paseo con el fresco matinal, andando sin rumbo mis pasos me han llevado una vez más hacia el bosque. Bajo la copa de un inmenso árbol he recordado unas duras imágenes que esta semana emitieron en la televisión, se trataba de una joven mujer de 30 años que sufría un cáncer terminal, sus débiles y agónicas palabras reclamaban una muerte digna. He imaginado que quizá el sufrimiento se había extinguido al igual que la llama de su vida y le he deseado un feliz regreso al punto de partida.

El inmenso hermano de madera agitaba poderosamente sus ramas, el bosque recién despierto parecía desperezarse y desprenderse del mágico manto de la noche. Los primeros rayos del Sol disiparon los restos de frescor matinal, de regreso a mi casa pensaba en mi arco que estaría deseando fundirse de nuevo en mis manos.

A media mañana en la parte más alta de un hermoso bosque, un arquero tensa su arco, su flecha emprende el vuelo partiendo hacia la nada, en lo más alto del cielo el rostro de una joven mujer de 30 años sonrie de nuevo.

Robin



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