Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado, 7 de Julio del 2001

Querido diario.

¡Tregua!

Esta mañana la temperatura ha descendido notablemente, supongo que para recuperarse mañana. Por la tarde he querido aprovechar al máximo el aire fresco de este día de tregua, he recogido carcaj, flechas, arco y mis inseparables velociperros tomando rumbo hacia el bosque del club de tiro.

Parada en el peaje de la autopista, el empleado que ya me conoce sonríe al ver a los tres velociperros perfectamente sentados con la cabeza erguida detrás del auto, desde el exterior parece que viajen conmigo un grupo de diplomáticos, pero desde mi retrovisor tres lenguas colgantes y seis ojos vivarachos delatan a los cuatro patas ansiosos de llegar a destino.

Abandonamos la autopista e iniciamos el ascenso dejando atrás la zona urbanizada, llegamos a la explanada del campo de tiro y tres bolas de fuego peludo salen disparadas del cuatro ruedas. Primera sensación de reencuentro al colgar el carcaj en mi espalda, introduzco mis dedos en el guante mientras la vista vuela de diana a diana. Efectúo el primer gesto arquero de la tarde, alzo mi mano derecha hasta contactar con las plumas de mis flechas, extraigo del carcaj mi primera flecha, compruebo la correcta posición de mis pies, mi vista se detiene en una de las cuatro dianas del campo de calentamiento, mi voz intensa y corta advierte a mis peludos que deben regresar a zona de seguridad, sentados en hilera, mis tres inseparables no me quitan el ojo de encima. Primera suelta, es un tiro largo... los peludos observan el vuelo de la flecha durante unos segundos, vuelven la cabeza y me miran preguntándome... ¿vamos a por ella? un ¡Quietos! es suficiente para disipar cualquier conato de estampida, se relajan y esperan pacientemente a que vacíe mi carcaj. Cuando parte la última flecha les doy una voz dándoles libertad, mientras me dirijo a la diana observo a los peludos en su alocada carrera y pienso que si les pusiera plumas en la cola... igual echaban a volar.

Llega el momento de perderse por el bosque. En cabeza Ote marca el ritmo, Wolf en los flancos, y digo flancos porque constantemente alterna la derecha con la izquierda, Nuka junto a mí, solo me abandona cuando alguno de los machos se distancia del grupo, es entonces cuando ella sale disparada a la carrera para volver en unos minutos con el evadido manteniendo así el grupo de peludos unidos.

El bosque parece como esterilizado, no hay olores ni fragancias, ni una pizca de humedad, la ausencia de lluvia y el calor insoportable de estos últimos días es cada vez más evidente en su interior, el temor a los incendios me invade, quiera Dios que la lluvia devuelva algo de humedad al bosque y disminuya esa invitación provocadora al fuego.

Descendemos por un camino y conducido por una fuerza desconocida tomo un viejo sendero que creía olvidado. A unos cincuenta metros Ote se detiene, parece desorientado, cuando le alcanzo compruebo como los tocones de lo que fueron unos pinos centenarios siguen allí, ese es un triste capítulo que relaté el 25 de Junio del 2000. Sigo el sendero ignorando ese cementerio de elefantes arbóreos hasta llegar a escasos metros del convento.

A cobijo de una enorme encina tomo asiento dejando a los peludos a su aire. Desde mi posición algo elevada examino el patio del convento que está completamente vacío, repentinamente tengo esa extraña sensación de que alguien me está observando, levanto la cabeza y puedo ver una joven monja en la terraza del piso superior del edificio, nos miramos fijamente durante unos eternos instantes, cuando ella alza su mano, levanto mi arco devolviéndole el saludo, se trata sin duda de una de las monjas que presenciaron el lamento de un arquero cuando hace un año la sombra de ningún árbol oscureció mi corazón. Examino las evoluciones de los tres peludos durante unos segundos y al regresar mi vista a la terraza la monja ha desaparecido.

Me incorporo para aproximarme al muro del patio del convento, descanso mi espalda en la pared y sigo atentamente las evoluciones de los inagotables velociperros. Al cabo de unos minutos cuando estoy inmerso en mis pensamientos, escucho una voz suave detrás del muro: -¿Eres el arquero? -me pregunta, le respondo afirmativamente y le pregunto por su nombre. A partir de ese momento la monja desconocida es Clara una joven religiosa. Le pregunto sobre el convento y con una dulzura exquisita Clara me relata algunas de sus actividades. Le hablo del bosque, del arco, las flechas, y también de como un día me observó entristecido por los viejos árboles abatidos. Intercambiamos sentimientos naturalistas hasta que una campanilla la reclama desde el interior del convento. Recupero a mis peludos y regreso por el camino que me ha llevado al convento. Atrás queda un voz dulce con el nombre de Clara que alza sus plegarias al cielo rogando por humanos, a partir de hoy, también rogando por bosques.

Robin

Miércoles, 11 de Julio del 2001

Querido diario.

Un diario-web es como una baliza que flota en el inmenso mar de la red, a través de ella se establece contacto con navegantes que comparten afinidades. El Caballero Negro navegante intrépido dio con la baliza, con paciencia escuchó que sonidos emitía hasta que cruzó la barrera del anonimato y contactó con Robin el aprendiz de todo. Con el debido tiempo el aprendiz ha descubierto que el color negro del noble caballero en realidad no es otra cosa que una protección para una luz que le irradia desde dentro, esa luz que a menudo le trasluce. El Caballero Negro bien pudiera llamarse Caballero Luz, o Caballero amigo, o sencilla y grandiosamente: Amigo.

El valiente Caballero Negro sabe expresar el fuego de su alma, es sin duda un espíritu con instinto, un intrépido humano. Querido lector, ojalá tengas algún día la oportunidad de encontrar algún Caballero Negro, aunque para ello deberás construir puentes y quién sabe si derribar algún que otro muro.

Para Fernando, mi amigo, porque es más grande de lo que él imagina.

Robin

Jueves, 19 de Julio del 2001

Querido diario.

Lluvia!!!!

Este fin de semana la lluvia ha devuelto la vida al bosque. Hoy jueves el cielo esta cubierto y la lluvia ha regresado una vez más, es posible que durante todo el día nos cubra con su preciado liquido elemento.

El próximo sábado puede ser un día perfecto para deambular por el bosque y dar buenas vibraciones a mi arco, hace ya muchos días que no se nada de José y me apetece una enormidad disparar mis flechas en su compañía.

Mientras espero el fin de semana quiero visualizarme en el interior del bosque, seguramente un bosque rebosante de humedad en el que pueda contactar con la realidad viviente de sus árboles. El sentimiento de estar vinculado con la trama de la vida me invade repentinamente cuando me encuentro en el interior del bosque. Amigo diario ... los árboles, enraizados en su profundo silencio, parece siempre que son conscientes y están observando, totalmente vivos con su presencia poderosa. Recuerdo la primera vez que experimenté esta sensación, hace ya mucho, mucho tiempo, me pareció amenazante, en esa ocasión activé esos mecanismos de defensa que desplegamos cuando nos resistimos a la fuerza de la vida, pero cuando me acostumbré a su presencia pude disfrutar contactando con aquello que nos une a todos, la sensación de la fuerza de vida interior.

Cuento las horas para regresar al bosque, a la humedad, a la flecha, a los amigos, a la libertad.

Hoy, escribo estas líneas recluido en una oficina, eres tu querido diario, la lima que cortará los barrotes y dejará volar mi imaginación.

Este sábado está siendo sin haber llegado ... un gran día.

Robin



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