Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado 13 de Julio de 2013

Querido diario.

Nocturno en el bosque...



(Escuchando: " A Nice Ride (Seabiscuit)")

Hacía tiempo que deseaba someterme de nuevo a una prueba singular, sin arco, despojado absolutamente de todo excepto de mis propios miedos e inseguridades. Para ello he transitado durante una hora en un ancestral bosque a altas horas de la noche y en soledad.

Puede parecer una tontería, pero no lo es, de noche el bosque te pone a prueba y si no te entregas a él la inseguridad te devora inyectándote el virus del miedo, terror si te rindes.

Inicio mi andadura abandonando zonas iluminadas y habitadas, frente a mí una entidad arbórea imponente parece querer cerrarme el paso, mi inseguridad hace que mire atrás, cierro los ojos, lleno mis pulmones con una bocanada de aire fresco y tomo un camino que se pierde hacia el interior del bosque, he de hacerlo, una vez más he de hacerlo.

Conozco la ruta, no soy un imprudente, el móvil (celular) lo tengo desconectado, no quiero ninguna interferencia, inicio la prueba. Al cabo de unos minutos un silencio ensordecedor me envuelve, escucho mil ruidos distintos, debo identificarlos y visualizar en mi mente aquello que los produce, debo confiar, esta noche a lo único que he de temer es al propio miedo, por esa razón no he de caer en sus garras, si me atrapa estaré perdido.

Sin darme cuenta hablo en voz alta, el bosque percibe mi inseguridad y una ráfaga de viento agita con fuerza las ramas de los árboles, me detengo, a lo lejos algo me llama la atención, me ha parecido ver que alguna cosa se movía... y es en ese instante cuando me doy cuenta de que estoy perdiéndome en mí inseguridad. Hay vida en el bosque, hay movimiento, y te sientes observado por innumerables ojos, diminutos la mayoría, no tan pequeños otros pocos. Sé que debo desnudar mi mente, entregarme, confiar y ser uno más, formar parte de ese bosque, solo de esa forma podré seguir adelante.



Me detengo de nuevo, no intento ver, solo sentir todo cuanto me rodea, me acerco a un poderoso árbol y me abrazo a él con todas mis fuerzas, cierro los ojos y trato de recomponerme, abrazado al viejo ermitaño siento como ese entorno hasta ahora hostil me rodea, me susurra acariciando mi alma, me dejo llevar por el balanceo del viejo árbol, al rato abro los ojos, no siento temor, y una paz profunda se aloja en mi ser, soy ahora... una pequeña porción de ese bosque centenario, todos los seres que presiento cerca me siguen observando, entiendo que no es fácil confiar en un humano.

Sigo adelante tomando otro camino que desciende a una zona húmeda, cuando pasan unos minutos me detengo, oigo perfectamente unos ruidos que identifico como algún animal en una charca, no transcurre ni un minuto y un trote que se aleja me advierte que el animal ha detectado mi presencia, posiblemente unas ráfagas de aire con mi olor corporal le han alarmado. Al poco rato alcanzo la charca de agua, extraigo una pequeña linterna y compruebo las huellas que mi desconocido amigo ha dejado impresas en el suelo húmedo, se trata de un zorro, pero bien hubiera podido ser un jabalí, hay muchos por esta zona y no quiero incordiarlos, no me apetecería pasar la noche encaramado a un árbol.

Percibiendo la biodiversidad que me envuelve va desvaneciéndose por completo el temor, mi vista se ha adaptado a la oscuridad, siento que estoy en casa, en el bosque, mejor guardaré el temor para la ciudad, allí hay depredadores letales, es allí donde hay que estar en guardia.



Me detengo de nuevo y tomo asiento en un viejo tronco abatido, voy a permanecer en silencio observando con todos mis sentidos excepto la vista, quiero percibir una vez más la solemne y callada respiración de la naturaleza. Siempre el bosque, esa entidad que me enseñó a fluir hacia el origen, para ser el destino. La naturaleza me ha enseñado que el tiempo más que destruir ama la vida. Casi todo lo que aprecio intensamente crece cerca de mí y se desvanece un poco más allá, donde también estoy. Pienso ahora como los exteriores enriquecen siempre los interiores, el bosque me restaura, sintonizar con la naturaleza con nocturnidad me permite también un viaje de introspección hacia mi ser esencial.

Flotando en este mar de calma pienso en ese mundo que he dejado atrás, me preocupa que la alegría de vivir quede hoy demasiado pendiente de lo que decidan otros y demasiado aplazada por el auge de una de las más sólidas mentiras de todos los tiempos, la de que la vida debe ser gastada en poder comprar cosas muertas, lo vivo, la riqueza de lo no transformado en mercancía es todavía inmensa e incesantemente ofrecida gratuitamente aquí, en plena naturaleza. Vivo todo lo que puedo con lo que vive. No lo quiero distinto, modificado, porque me resulta manifiestamente inmejorable. Amo el bosque, amo la vida, amo sentirme vivo, aquí, en la oscuridad donde puedo observar y sentir sin prácticamente ver.



Reanudo mi camino, es hora de regresar, sin temor, seducido una vez más por el bosque, silenciosamente reparado, regreso a mi otra casa donde habitan otros seres que amo intensamente, sin ellos quizá el bosque no sería tan hermoso, ni la vida tendría el sentido que tiene para mí, porque si no amas si no te sientes amado... estás constantemente muriendo.

Diviso a lo lejos pequeñas luces, muchos estarán ahora durmiendo, son las 2 de la mañana. Feliz, inundado por la creatividad de la vida y la vivacidad que no apaga nunca la luz y brilla de forma incesante como brillan ahora mis ojos anegados de paz.

Ha transcurrido una hora y media desde mi partida, estoy ahora en casa, abrazado al último de mis Goldens, Wolf, que poco a poco va apagándose tras 14 años de existencia, mucho para un Golden. Escucho ahora un susurro... -Robin... ¿eres tú?, es mi otra mitad, la mujer que amo, la mujer que esta noche soñará abrazada a mí, como tantas y tantas noches a lo largo de tantos y tantos años.

La gran belleza queridos amigos acaso sea entender que no sólo formamos parte de la vivacidad, sino que somos una de sus secuelas y que estamos al mismo tiempo instalados en ella, como estamos dentro de nuestros hogares.

Hasta pronto.

Robin

Domingo 14 de Julio de 2013

Querido diario.

Diurno en el bosque...



(Escuchando: " Banda sonora (Memorias de Africa)")

Primeras horas de la tarde, calzo mis botas y regreso al mismo bosque ahora a plena luz del día para redescubrir cada uno de los rincones y momentos que se sucedieron durante una hora en la madrugada del sábado.

La música de la naturaleza ejecuta ahora una partitura distinta, es curioso como algunos músicos repiten en el concierto. Es más ruidosa la banda sonora nocturna que la de estas horas de la tarde, un chasquido en mitad de la noche se escucha amplificado, pero la verdadera marcha triunfal se ejecuta siempre antes de salir el Sol por la mañana, durante media hora los pájaros enloquecen con sus cantos hasta que minutos antes de amanecer un silencio misterioso se apodera de todo el bosque.

Después de una buena caminata me encuentro lejos del pueblo, de nuevo frente a la entidad arbórea que la otra noche parecía querer cerrarme el paso, ahora tengo la sensación de que los primeros árboles me están dando la espalda, es como si quisieran ignorar todo cuanto no está en el interior del bosque. Repito el mismo camino para introducirme en su espesura, la luz en forma de pequeños rayos se filtra por la densa copa de los árboles, el efecto de éstos en el sombrío interior del bosque es muy hermoso. Restos de la humedad nocturna flota vaporizada entre los árboles, da una sensación algo fantasmagórica pero de una belleza indescriptible.



Mientras sigo el camino voy localizando puntos diana como yo les llamo, entonces me detengo y los observo como si tuviera que dispararles, sin arco, sin flechas, pero focalizando sobre cada uno de ellos. Podía haber traído mi arco y mis flechas y mi diana cubo portátil, pero hoy mi atención pese a algún punto diana se centra en lo que me envuelve, en la entidad, en el bosque.

Me encuentro ahora frente al árbol al que me abracé, lo observo desde sus raíces y tronco hasta su copa, me abrazo de nuevo a él y elevo mi vista al cielo observando el suave balanceo de su copa, cierro de nuevos los ojos percibiendo ese ínfimo movimiento del tronco, y me dejo llevar como si de un baile se tratara, es ahora el árbol quien conduce al arquero totalmente entregado, de nuevo ese sentimiento de paz anega una vez más mi alma, soy parte del bosque y percibo una sensación de bienvenida.



Me despido del viejo ermitaño y reanudo camino hasta alcanzar el tronco derribado, tomo asiento y dejo volar mis pensamientos, formulo algunas preguntas esperando que el bosque con su magia envolvente permita que las respuestas surjan de mi propio interior, alcanzando un estado de paz como el que disfruto ahora brotan como por arte de magia respuestas a un sinfín de cuestiones, la mayoría de las veces tenemos las respuestas a nuestras propias preguntas, pero nuestra vida ajetreada las bloquea, el bosque es un desbloqueante fabuloso, al menos a mí siempre me ha ayudado en mis diálogos de introspección.

Extraigo una pequeña libreta de dibujo y empiezo a garabatear algunos apuntes con mis lápices, siempre la llevo en mis paseos, al dibujar procuro captar pequeños detalles de plantas o algunas formas curiosas que la naturaleza moldea de forma caprichosa, tomar esos rápidos apuntes me permite fijar mi atención en mil detalles y profundizar en ese micro mundo que se esconde a nivel de nuestros pies. Pasa el tiempo y guardo la libreta, pienso ahora en la lentitud de la naturaleza. Como contrasta con nuestras prisas, aquí no rige el reloj, ni el calendario, existe un reloj biológico pero nada ni nadie está pendiente de él, todo sucede a su tiempo. La lentitud en realidad no tiene nada que ver con el tiempo. Consiste en tomarse todo con la mayor calma posible. Se trata de usar el tiempo como aliado y no como enemigo a destruir. Vivir es arder a fuego lento, a pequeños sorbos, aceptando la pausa para degustar las suaves ondulaciones de lo que acontece.

La lentitud ayuda a percibir la vida deslizándose sobre la piel de este mundo. Una buena dosis de calma te permiten pasear con intensidad y con sentido. Es algo sencillo, hermoso. Sólo quien es lento percibe como acompañante la libertad del paisaje y acepta que el paisaje sea metabolizado por sus emociones, que también necesitan digerir ese alimento que es la belleza de lo que se mira.

Y llega el momento de regresar, tengo una docena de flechas de madera para emplumar, y algunos vástagos como los que utilicé para hacer las flechas de Emma que también emplumaré para que nuestra amazona pueda ir por el bosque bien equipada.

Escucho el ladrido de un perro, es uno que vive en la hípica de las afueras del pueblo, le veo a lo lejos, viene al trote para recibirme, somos viejos amigos y se alegra siempre de verme, así que tengo compañero para un trecho de mi camino de regreso.

El bosque queda atrás, abrazo al perro que se lanza literalmente a mis brazos, y cuando le tranquilizo me giro para dar un último vistazo a los árboles que guardan el bosque. Es hora de partir, debo lanzar como mínimo cien veces una enorme piña que el perro como un poseso localizará y devolverá a mis pies, como lo hacía blanca, mi querida perrita del club de tiro, cuantas veces la recuerdo, cuantas veces lloro su ausencia, cuantas veces he percibido sus dulces pisadas, estoy seguro que algo de ella sigue en el bosque, el mismo bosque que la acogió cuando la muerte nos la arrebató.

La tarde cae, la noche, una vez más nos cubre con su mágico manto, mientras escribo estos párrafos sin guion siento cierta emoción pensando en la creatividad de todo cuanto nos rodea en la naturaleza, su belleza, su misterio, su tenacidad... quisiera que se mantuviese vivaz, segura y duradera, el amanecer, el canto de los pájaros, las nubes, las hojas y su interlocutor, el viento. Son los que, en legítima defensa, nos llenan los ojos de acontecimientos que nos contemplan. Son inexorables realidades que están aunque no estemos, que estuvieron cuando no estábamos y muchas estarán cuando nos hayamos ido, incluso como especie.

Y así finalizo este arbóreo fin de semana, hasta pronto amigos.

Robin

Martes 23 de Julio de 2013

Querido diario.

Wolf, el tercero y último de mis Golden Retrievers.



(Escuchando: " Banda sonora (Memorias de Africa)")

Lentamente se va apagando, apenas se sostiene de pie y da unos pasos, es necesario llevarle a cuestas cuando hay escaleras, necesita mil y un cuidados, mi ahora viejo pero entrañable compañero de vida está llegando al fin de su viaje. Solo pido no tener que intervenir, esta vez no, que inicie por su propio pie el último viaje.

Robin



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