Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Martes 9 de Agosto de 2011

Querido diario.

Confiar, creer que es posible, permitir que suceda...



(Escuchando: "Celtic Dream (Enigma)")

Uno de los aspectos que más me interesa de la evolución de un arquero es su rendimiento deportivo directamente relacionado con su madurez humana. Transcurrida una etapa más o menos larga de tecnificación en la que prácticamente nunca intervengo, aparecen los problemas con uno mismo, muchos no son verdaderamente conscientes de la lucha que mantendrán con ellos mismos en el futuro. Para que se me entienda... siempre hago alusión a una dualidad del yo en cada arquero, el arquero o ser interior esencial y el Yo consciente que quiere determinado resultado y se agobia cuando las cosas no surgen como espera que sucedan.

Cuando el arquero domina la técnica en la ejecución del tiro con arco, la secuencia de movimientos transcurriría completamente por sí misma y sin proponérselo (con una seguridad instintiva) si tan sólo dejase permitir que saliera lo que sabe, lo que su arquero interior ha asimilado a través de la práctica. Si el que practica el tiro con arco se encuentra todavía preocupado por el éxito, en lugar de permitir que emerja lo que sabe con sencillez, lo hará desde la voluntad de ese yo consciente que es un verdadero tocapelotas, un yo que no le perderá de vista, que lo seguirá para intervenir y obstaculizar su tiro con arco.

La superación de ese Yo tocapelotas significa tanto la superación del Yo "orgulloso" como del "obstinado" y continuamente "activo". Esta superación debe llevarse a cabo para beneficiar una actitud general, en la que se deja salir con sencillez la técnica que se ha aprendido, es decir a favor de una actitud que permita que las cosas sucedan.

Esta actitud le corresponde otra básica de confianza. ¿Confianza en qué? ¿En el propio saber hacer? ¡No es suficiente! ¿En la suerte? ¡Totalmente engañoso! ¿En el propio Yo? Tampoco dará resultado. Así pues ¿que nos queda? sólo queda la confianza en algo que podríamos llamar la fuerza de nuestro yo interior, ese centro personal profundo que forma el verdadero núcleo de la personalidad humana.

¿Guai eh? pues seguimos... ¿y qué podemos hacer los pobres mortales ante semejante batalla de yos? algo fácil de decir pero más difícil de conseguir, hacer que el yo consciente se calle y permita actuar al yo interior o arquero esencial, ese que sabe lo que se debe hacer y al que con nuestros agobios y pretensiones impedimos hacer su trabajo. El querer lograr algo es de por sí un impedimento, una exigencia de nuestro consciente que altera a nuestro arquero interior, hay que desconectarlos, sumergirnos en el silencio y aislar al que va a ejecutar el disparo, permitiendo que la técnica que ya hemos aprendido sea realizada como por arte de magia, sin apuntar, sin pensar en el codo, en la suelta, en la distancia, en absoluto silencio para que las cosas sucedan... con sencillez.

Volvamos a la magia del ser esencial. Estamos tan orientados hacia la realidad mundana y estamos tan condicionados por el rendimiento externo, que no vemos ni apreciamos las intensas luces que de vez en cuando iluminan nuestro camino desde lo sobrenatural que surge de nuestro interior.

Hay momentos en nuestras vidas en los que nos sentimos feliz y sorprendentemente tocados y llamados desde dentro por algo muy profundo que nos pone en contacto con lo prodigioso. Pero no le prestamos atención. Esto puede suceder disparando con arco cuando dominamos completamente la técnica. Son momentos en los que, gracias a nuestro perfecto saber hacer, podemos olvidarnos hasta tal punto de nuestro pequeño Yo asustado ante el fracaso que, completamente sueltos y totalmente libres desde la profundidad de nuestro Ser esencial, nos abandonamos sencilla y completamente al movimiento. No pensamos ya en la dificultad ni en la distancia, no pensamos más en ganar o perder. Ahí no existe ya ambición ni miedo alguno. Nos encontramos sencillamente unidos por completo a nuestro movimiento, entonces puede ocurrir que de repente seamos capaces de percibir algo que mana de un centro desconocido, una riqueza interior y una armonía que ralla lo sobrenatural.

Estos momentos mágicos están dotados del más profundo significado. ¿Quién no los conoce? se producen también fuera del tiro con arco, pero, sin embargo, estamos educados para tomar en serio tan sólo los resultados externos y no el sonido interior. El verdadero educador físico, el maestro arquero no debe ser solo un maestro instructor que tan sólo proporciona una técnica y un saber hacer, ni tampoco el amigo que prepara una buena jornada de tiro con arco, sino que debe ser un verdadero maestro que pretende formar seres humanos a través de la práctica del tiro con arco, enseñará a sus alumnos a sentir hacia dentro y prestar atención a este tipo de momentos.

Hemos de liberarnos del demonio de la razón aceptando con serenidad lo que experimentamos. Entonces estaremos preparados para cultivar la transparencia a este Ser profundo que puede destellar en el resplandor de nuestra vivencia, en la perfección de nuestro movimiento y en la maravilla de un rendimiento llevado a cabo de manera correcta y sin intención... permitiendo que suceda.

Y aquí lo dejo, este contenido necesita más de una lectura, es un esbozo de un tema que me apasiona, momentos mágicos como este domingo en el recorrido del club con Emma, mi control sobre las flechas fue alucinante, sé que si hubiera contabilizado mis flechas hubiera alcanzado una puntuación muy sustanciosa, pero desde hace ya muchos años que disfruto mucho más siendo espectador de mi propio tiro con arco.

Si habéis llegado hasta aquí... tiene realmente mérito.

Un abrazo y a seguir disparando flechas.

Robin

Domingo 21 de Agosto de 2011

Querido diario.

Pasa el tiempo, pero no en vano...



(Escuchando: "Somewhere over the Rainbow (Israel Kamakawiwo)")

Se coge un poco de aire y se dice con energía... cincuenta y cuatro, y se queda uno así de satisfecho. Hoy he sido literalmente acribillado a flechazos virtuales recordándome que detrás de un nombre está también una vida, a todos les he devuelto una de mis flechas, que yo estas cosas me las tomo muy en serio, además dicen que sarna con gusto no pica. Así que con las baterías suficientemente recargadas seguimos día a día sazonando un poco la vida arquera, con mis escritos intento potenciar un poco el sabor, pero el secreto sigue estando en la masa, tirar con arco es una maravilla, pero lo es porque vivir es sencillamente una pasada.

He abierto en Facebook una página para este diario, creo que después de 14 años tiene ya identidad propia, una cosa es arcobosque.com otra mucho más personal y mucho más implicada es este viejo diario, el cual deseo mantener vivo mientras me queden fuerzas y motivación para inyectarle contenido.

A todos quienes lo seguís, gracias por estar.

Si queréis dejar huella en el diario podéis hacerlo en esta nueva ventana que quiere ser la página del Diario de Robin en Facebook, podéis escribir o bien dejar un testimonio con un solo clic en "Me Gusta" desde ella os mantendré al corriente de nuevas entradas y como no de entradas de otros blogs que me gustaría que conocierais...

Un abrazo amigos!!!

Robin

Lunes 22 de Agosto de 2011

Querido diario.

Cosas insignificantes que permanecen...



(Escuchando: "Tears in heaven (Eric Clapton)")

Hoy me permitiréis una entrada muy sencilla, puede que insignificante, pero es un grato recuerdo que permanece arraigado en mí. Se trata de un momento en mi juventud en el que redescubrí el bosque y en particular al árbol, un lugar y un ser de gran peso específico en el conjunto de mis recursos de recuperación personal.

Sucedió hace ya muchos años, en plena juventud, pero lo recuerdo como si fuera ayer. Un día que regresaba de una larga caminata por el bosque, pasé como tantas otras veces junto a un enorme árbol que ya me era familiar por haberme detenido en otras ocasiones para reponer fuerzas bajo su sombra. Ese día estaba exhausto por el esfuerzo y el intenso calor de un verano fuera de lo normal, ese día... ocurrió algo.

Como os he dicho hacía mucho calor, sudaba vencido por el cansancio cuando al pasar bajo el árbol una sensación de frescor me invitó a detenerme. Me senté junto al inmenso tronco para recuperar fuerzas, y no sé por qué ese día toqué con mis manos la gruesa corteza del viejo ermitaño, sin poder explicarlo sentí una sensación de felicidad, como si algo transpirase entre el árbol y yo. El frescor no podía ser la causa, porque en otras ocasiones también había descansado bajo su fresca sombra, pero nunca se me había ocurrido tocar la corteza de su tronco como cuando te encuentras con un viejo amigo.

Ese momento aparentemente insignificante sigue brillando como una estrella en el cielo de mis recuerdos. En mi vida han ocurrido muchas cosas, pero la intensidad de ese momento no ha disminuido, aún la conservo. Siempre que lo recuerdo sigue ahí. Ni ese día comprendí con claridad lo que había ocurrido ni hoy puedo decirlo, pero algo ocurrió. Y a partir de ese día se estableció una relación con el árbol que no había notado hasta entonces. Me hice más amigo de ese árbol, llegué incluso a darle un nombre. Desde ese día esos encuentros se convirtieron en una costumbre, siempre que pasaba junto al árbol me sentaba unos minutos y acariciaba el tronco, lo veo, lo siento como entonces.

Era yo muy joven, estoy hablando de hace muchos años, y llegó un día que la vida me llevó a otros lugares, tuve que despedirme de algunos amigos y de mi familia, también del árbol al que visité por última vez, me recuerdo abrazado a su tronco bajo una débil lluvia, una lagrima, quizá una gota de lluvia, resbalaba por mi mejilla cuando sentí con fuerza una sensación de tristeza que fluía del árbol, como despidiéndose de mí, dándome su bendición.

Al cabo de un año y medio de servicio militar regresé a ese bosque, pero el árbol ya no estaba, por alguna extraña razón lo habían derribado y se lo habían llevado.

Reemprendí de nuevo una vida libre, viví con intensidad mil cosas, pero una constante siguió y permaneció en mí, mi relación con el árbol y con el bosque como entidad. Cuando bauticé a arcobosque.com reuní dos de mis pasiones, el arco y el bosque, nunca fue un nombre casual.

Si exploráis este viejo diario encontrareis innumerables ocasiones en las que muestro mi interacción con el bosque, por supuesto que los árboles no hablan, pero invitan a escucharte a ti mismo, pues es en el interior del bosque donde siempre he practicado la introspección, es allí donde he llorado mis pérdidas y he compartido mis encuentros, es el lugar donde más cerca de Dios me encuentro, porque creo haberlo dicho hace mucho tiempo... el bosque es esa Iglesia que ningún hombre ha sabido construir.

Y ya no me extiendo... se trataba de una entrada sencilla, de una anécdota insignificante, aunque quizá... no tanto.

Cuatro días más y empiezo mis vacaciones, este año me ha tocado pringar Julio y Agosto. Atentos porque dispondré de muchas horas y me encuentro con bastantes ganas de escribir, así que desde el interior del bosque de las palabras os invitaré a acompañarme unos pocos minutos, espero ser merecedor de vuestro tiempo.

¡Un abrazo y hasta pronto!

Robin



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