Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Martes 19 de Agosto de 2014

Querido diario.

Reemprender el camino...



(Escuchando: " Higher Love (Steve Winwood)")

Ayer inicié mis vacaciones de verano, hasta aquí bien, pero hace unos quince días tuve que ser atendido en el hospital por una complicación en uno de los stents que me colocaron hace siete años, todo ha ido perfecto y de nuevo siento fluir el líquido vital con fuerza en mis venas. Este taponamiento ha sido el resultado de un año y medio sabático, mejor habría que decir un año y medio de idiota, comí lo que me vino en gana y la pastilla de los triglicéridos la mandé al mundo de los olvidados, así que lo que me ha sucedido en cierta manera me lo he buscado. Cierto es que este año y medio ya no me lo quita nadie... pero no voy a tentar al diablo de nuevo, así que una dieta estricta y la medicación adecuada. Me encuentro bien, muy bien, incluso puedo asegurar que hace años que no me sentía tan bien como estoy ahora, he tomado la decisión de abandonar el club de los idiotas y solicitar mi ingreso en el de los sensatos, espero que alguien me avale para entrar en él, no sé si lo merezco.

Sustos aparte, hay que seguir adelante, reemprender el camino. Hay dos cosas que me han quedado muy claras, la vida es hermosa pero también no es para siempre. He pensado mucho en la muerte durante mi estancia en el hospital, no en el sentido de que yo me vaya, eso hace años que entiendo que es un proceso natural, pero me ha dolido el alma pensar en todo lo que dejaría atrás, familia, amigos, y todo, absolutamente todo cuanto me rodea. Afortunadamente la muerte es perfecta, si no estás no echarás nada en falta, como tampoco transcurrirá el tiempo para ti, la muerte es la culminación de la vida, y no voy a ser yo quien le discuta nada al creador.

Pues bien, manos al teclado y a escribir estas viejas páginas, y para escribir hay que vivir, sentir, hacer y deshacer, ahora dispondré de tres semanas con mucho tiempo libre, he de finalizar cosas iniciadas y como no… empezar nuevos proyectos.

Un abrazo a todos y hasta mi próxima visita a este viejo libro, que no va a tardar.

Hasta pronto.

Robin

Viernes 29 de Agosto de 2014

Querido diario.

Historia de un aprendiz...



(Escuchando: " A nice ride - Seabiscuit BSO (Randy Newman)")

A nuestro aprendiz le llamaré Guillermo, he elegido este nombre al azar, conozco pocos arqueros con ese nombre, pero podéis llamarle como os apetezca, la historia es una historia que se repite, la mayoría de veces inevitable. Es muy poco probable que cualquier principiante en el tiro con arco se libre de ser arrojado a la corriente de las fórmulas técnicas. Es muy fácil terminar ahogándose en las aguas que fluyen de algunos libros, de las enseñanzas de arqueros muy experimentados, y de los consejos de los amigos que "saben". La elevada probabilidad de lograr algunos disparos excelentes seguidos por otros relativamente torpes, nos suele hacer vulnerables a todo ese torrente de explicaciones y de remedios.

Cuando Guillermo vio la tremenda diferencia que había entre sus mejores y sus peores disparos, la aseveración de los expertos en el sentido de que hay una manera correcta y otras incorrectas de manejar el arco y las flechas se volvió demasiado convincente para seguir ignorándola. De manera que flirteó con el aspecto técnico dejándose seducir por algunas de las principales formulaciones técnicas. Puso su esperanza en que, si agarraba el arco de la forma correcta, asumía la postura adecuada y mantenía en su mente el "pensamiento" de la suelta correcto, obtendría el control del tiro.

Guillermo entendió que el tiro con arco tenía que ver con el control, y se dejó llevar por el apremiante afán humano de incrementar el control, un afán que, cuando no lo moderamos, se convierte en compulsivo y, termina siendo una obsesión. Aun así, a la mayoría de arqueros les encantaría encontrar un atajo para lograr el dominio total: disparar cada flecha al centro de la diana o al lugar elegido en ella, con una gracia, una facilidad y una precisión perfectas. Y luego, ¿qué? Luego, todos los que fueran testigos de este dominio quedarían asombrados y admirados. ¡Sí!

Hasta aquí el sueño de Guillermo. Su realidad consistió en grandes esperanzas seguidas por pequeños brotes de desesperación. Terminó resignándose y creyendo que solo quienes contaban con una gran capacidad física, capacidad económica para mejorar el material y con el tiempo necesario para practicar diariamente podían llegar a dominar el tiro con arco. Su realidad consistió en imponerle un conjunto tras otro de instrucciones a un cuerpo desobediente, y en juzgarlo cuando no lograba actuar según esas instrucciones, Su realidad consistió en tensión en el rostro, los hombros, espalda, brazos, piernas, etc. Su realidad consistió en que un "truco" siempre llevaba a otro, y luego a otro y a otro más, lo que a su vez le llevaba a desaprender los tres primeros. Por suerte y por su experiencia en otros ámbitos deportivos pudo salir de la corriente técnica antes de ahogarse en ella. Aunque de vez en cuando seguiría mojándose los pies en sus aguas, nunca volvió a zambullirse en ellas.

Nuestro protagonista, Guillermo, quiso ver entonces hasta donde podía llegar sin contar con la ventaja de los conocimientos técnicos, y con este fin, fijó una meta semanal para mejorar su puntuación disparando una sola vez por semana, y empezó entonces la exploración para superar los obstáculos internos de la duda, el miedo y la falta de concentración, que impiden el aprendizaje natural. Al mismo tiempo daba a conocer las destrezas innatas básicas que todos tenemos, las cuales hacen posible el aprendizaje y el más alto rendimiento.

La respuesta de su entorno arquero a este enfoque interno fue notable. Como era de esperar hubo una resistencia considerable entre algunos elementos de la enseñanza establecida del tiro con arco, cuya autoridad dependía en gran medida del conocimiento de la técnica. Luego se encontró con arqueros experimentados que sabían que su camino era correcto, pero no se sentían cómodos hablando de ello. Como es natural, los arqueros se mostraban escépticos ante cualquier planteamiento que pareciera apartarse de la dinámica de causa y efecto, que enseñaban la mayoría de entrenadores. Con el tiempo Guillermo mejoró su rendimiento, subieron las puntuaciones, se hicieron regulares sin altibajos importantes y lo más importante, empezó a disfrutar con intensidad disparando su arco.

Al mismo tiempo que Guillermo se abría al aspecto mental del tiro con arco, otros muchos se interesaron por la psicología deportiva, como es mi caso. En mi actualidad mi interés sigue amarrado al aspecto mental y emocional del tiro con arco. Cuando me inicié en el tiro, lo hice durante diez años tirando precisión con armas de fuego, después abandoné las armas y me inicié con los arcos de poleas, precisión pero distinto, hasta que por fortuna descubrí el tiro con arco intuitivo con arcos tradicionales, recuerdo muy bien ese día, el que fue mi maestro me prestó su recurvado Black Widow, y solo necesité disparar tres flechas con él, para abandonar la precisión pura y dura y sumergirme en el inexplorado mundo de las sensaciones y emociones en el tiro con arco desde mi propio ser interior, y allí seguiré con seguridad hasta que disparé mi última flecha. Fue entonces cuando descubrí que no estaba solo, que habían dos arqueros en mí, el arquero interior y el yo consciente, mi trabajo fue que este yo consciente permitiera disparar sin presión al arquero interior, pero esa es una historia que creo que ya la he contado en este diario, no obstante la voy a añadir a este texto porque es crucial para entender la evolución de Guillermo en el camino del tiro con arco, si, seguramente pensareis que Guillermo podía haberse llamado Josep, o Robin, en realidad puede tener cualquier nombre.

Y seguimos con el tema de la dualidad entre el Yo interior o arquero interior y el Yo consciente o Yo coñazo:



Hace ya muchos, muchos años descubrí que en mi cabeza habían dos entidades, una que tiraba con arco y la otra que le decía como debía hacerlo. Me fui dando cuenta que una de esas entidades, la que no paraba de hablar a la que denominaremos "Yo consciente" pensaba que lo sabía todo sobre como tirar con arco y supervisaba al otro, al "Yo interior" que tenía que disparar el arco.

Lo más alucinante era que no solo daba instrucciones el Yo consciente al Yo interior, sino que encima le criticaba por sus errores pasados, le advertía de los posibles fallos que podría tener en el futuro, y le sermoneaba cada vez que cometía uno. Era fácil ver que el sentimiento principal en la relación entre ambas identidades era la desconfianza. El Yo consciente no confiaba en que el Yo interior pudiera disparar bien la flecha, y en función de ello intentaba forzar al Yo interior para que obedeciera sus instrucciones verbales.

Con el tiempo noté que cuando tenía más confianza en mis disparos había un correspondiente descenso de instrucciones del Yo consciente, podía disparar perfectamente bien sin él. Cuando estaba en racha no había comentarios de Yo consciente.

Cuando tomé conciencia de Yo consciente, se me hizo cada vez más evidente que esa vocecita que gruñía órdenes dentro de mi cabeza como un sargento perjudicaba a mi rendimiento. El Yo consciente era más un estorbo que la gran ayuda que pretendía hacerme creer que era. A partir de entonces empecé a buscar formas de reducir la interferencia del Yo consciente y ver qué pasaba cuando confiaba en el potencial del Yo o arquero interior. Descubrí que cuando podía callar a Yo consciente y dejar que el Yo o arquero interior aprendiera y disparara sin interferencia, mi rendimiento y mi ritmo de aprendizaje mejoraban considerablemente. El arquero interior era bastante más competente de lo que el Yo consciente reconocía.

Es por esa razón que como maestro no suelo darle al Yo consciente del aprendiz (siempre hambriento de instrucciones) una gran cantidad de información técnica sino que, en su lugar, confío mucho más en la capacidad de su Yo interior o arquero interior.

Resumiendo, descubrí que el coñazo de Yo consciente (el ser verbalizador y productor de pensamientos) es un jefe pésimo cuando intenta controlar el sistema muscular del cuerpo. Cuando se permite el control al arquero interior, mejora la calidad de los disparos, el nivel de disfrute y el ritmo de aprendizaje.

Pasado un tiempo comprendí que ese Yo consciente era realmente un compuesto de diferentes personalidades del ego que surgía en determinados momentos, seguía siendo útil agrupar todos estos elementos bajo la etiqueta identificadora de Yo consciente como origen de la interferencia con nuestro ser natural. Descubrí que para reducir la interferencia y mejorar el rendimiento no era necesario analizar por qué se producían la duda, el miedo, las críticas y los lapsus de concentración, era suficiente con darse cuenta de su intrusión y acto seguido concentrar la mente en algo real del entorno cercano. Esta idea dio lugar a una serie de ejercicios de concentración que en otra ocasión comentaré.

El objetivo finalmente no es el de tratar de convencer al Yo interior o arquero interior para que haga lo que es capaz de hacer, sino reducir las interferencias de ese Yo consciente, que impiden que el arquero interior se exprese plenamente.

Sin embargo descubrí que, como les sucede a la mayoría de los tiranos, al Yo consciente no le gusta perder el control y resiste todos los esfuerzos por minimizar su influencia. El proceso de reducir su control a favor del arquero interior resultó bastante complicado, requería el desarrollo de técnicas de concentración diseñadas para mantener a Yo consciente (alias Yo coñazo) ocupado en actividades que no interfirieran al arquero interior y permitirle disparar conscientemente la flecha. Una vez que Yo coñazo se enfocaba en un ejercicio de concentración su interferencia con el arquero interior decrecía de forma considerable y el rendimiento mejoraba de inmediato.

Liberar a la mente del control consciente es posible, pero concentrarse hasta el punto de llegar a la absoluta exclusión de todos los pensamientos es algo considerablemente difícil.

Empecé con Guillermo y termino con mi propia historia, ¿es curioso no? Bien, lo dejamos por hoy, seguiremos más adelante, esta es una historia interminable, y lo es si tenemos claro que siempre debemos ser aprendices, aunque si podemos mejorar día a día, nunca lo sabremos todo, el aprendizaje no debe tener un final.

Hasta la próxima amigos.

Robin

Sábado 30 de Agosto de 2014

Querido diario.

No lo intentes, esfuérzate en hacerlo....



(Escuchando: " Amergin's Invocation (Lisa Gerrard)")

Muchas personas se quedan algo perplejas cuando les sugiero que intentar algo con todas sus fuerzas es una virtud cuestionable. Una y otra vez, en nuestra cultura nos han enseñado que "Si la primera vez no tienes éxito, inténtalo y vuelve a intentarlo". De ahí que para muchos de nosotros la palabra "intentar" signifique tener éxito, y no intentar se haya convertido en un sinónimo de aceptar el fracaso. Pienso que el éxito viene con más facilidad cuando hacemos un esfuerzo pero no lo intentamos, voy a explicarme.

Parte de la dificultad de este concepto es semántica. Uso la palabra "intentar" para referirme al esfuerzo del Yo consciente que es su forma de reaccionar ante las dudas que tiene sobre sí mismo. "Esfuerzo" es la energía necesaria utilizada por el Yo interior o arquero interior con objeto de llevar a cabo con éxito una empresa y se basa en la fe, o la confianza en sí mismo. La fe es el fundamento natural de toda acción con éxito, y no hay que aprenderla. Los bebés no intentan aprender a caminar o a hablar, pero sí que hacen un esfuerzo. No se tensan en exceso cuando agarran firmemente tu dedo, usan sólo los músculos necesarios, esta podría ser una buena imagen para mantener en la mente cuando sostienes tu arco, sostenlo con el tipo de firmeza con el que los bebés agarran tu dedo, en mi caso suelo decir a mis aprendices que sujeten el arco como si sujetaran un gatito por el cuello, sin apretar para no ahogarle pero con cierta firmeza para que no se caiga.

Cuando comprendemos que el Yo consciente, después de introducir la duda, intenta tomar el control de nuestros actos, nos vamos acercando al meollo del asunto. Primero debilita la fe en el arquero interior o Yo interior, luego se ofrece a tomar el control tanto como le dejemos. Su táctica es establecerse primero como tu juez interior, para juzgar tus acciones como buenas o malas, y más tarde juzgarte a ti. Tras unos cuantos disparos malos te dirá que te equivocaste y te dirá lo que tienes que tener presente la próxima vez para no cometer el mismo error. Después de un buen disparo (que probablemente ocurrirá cuando no estés pensando en ninguna instrucción) querrá decirte cómo lo hiciste para que puedas hacerlo otra vez. Pero la próxima vez casi nunca funciona.

La naturaleza del Yo consciente (el charlatán) es, en esencia, coercitiva. Te alaba y te castiga. Es el sargento que quiere llevar la voz cantante y piensa que el soldado (el arquero interior) es un estúpido. Utiliza la preocupación por los resultados para incitarte a depender de él. El efecto natural es que el arquero interior, que siempre ha sabido cómo hacer bien las cosas (o cómo aprender fácilmente a hacerlas), queda tan anulado que terminas fallando. No importa lo acostumbrados que podamos estar al Yo Consciente, ni lo que hayamos logrado progresar a pesar de su control, el hecho es que ese control por medio de críticas y juicios a uno mismo nunca es efectivo ni satisfactorio.

El tiro con arco tradicionalmente es un deporte que se desarrolla en silencio. Pocos arqueros tolerarán que otra persona les hable una vez que están delante la diana. Entonces, ¿por qué somos tan tolerantes con la voz perturbadora del Yo Consciente charlando en nuestra propia cabeza? Si otro arquero en un recorrido de bosque nos dijera, "Será mejor que tengas cuidado con ese árbol o esa rama que está a la derecha de la diana", probablemente le acusaríamos de tratar de ponernos nerviosos e intentaríamos ignorarla. Pero si el Yo Consciente nos susurra la misma frase en nuestras cabezas la escuchamos como si fuera un amigo en el que confiamos. Por supuesto el desastre, de una manera u otra, suele seguir a ese intento. En mi caso cuando mejor tiro con arco es cuando hay silencio fuera y dentro de mí, olvidaría ese árbol o rama y centraría mi atención solo en el punto donde quiero impactar mi flecha.

Existe un estado mental que conduce a la excelencia por encima del modo de intento y el modo inconsciente. El verdadero profesional en cualquier campo, para tener éxito en las cosas que hace y para aprender a hacer lo que todavía no ha conseguido hacer, actúa con una sólida fe en su potencial. Mantiene unas metas altas sin permitirse a sí mismo estar tan apegado emocionalmente a las mismas que termine sintiendo miedo al fracaso. Su sentido de su valor personal es independiente de sus logros externos. No escucha las dudas sobre sí mismo, ni actúa por inercia. Baila al ritmo de las intuiciones de su Yo interior. En este estado mental su atención al detalle es aguda y selectiva. Ve cada situación como es, no como le gustaría que fuera, y sin hacer juicios de valor percibe en cada situación oportunidades para avanzar en la dirección de sus metas. Aunque hace más cosas que la mayoría, sus actos parecen relativamente exentos de esfuerzo. Lo que parece difícil de conseguir en el modo de intento, a él le parece fácil. Este estado mental al que llamo "modo de conciencia" conduce a un rendimiento óptimo y es un tema del que hablaré con mayor profundidad más adelante, por hoy ya es más que suficiente.

Permitid a vuestro arquero interior que haga lo que sabe, puede llegar a sorprenderos, confiad en él, que es en definitiva confiar en vosotros mismos, la fe mueve montañas, creer que no puedes es la antesala del fracaso.

Hasta pronto amigos.

Robin

Domingo 31 de Agosto de 2014

Querido diario.

La concentración relajada....



(Escuchando: " Tell me now - what you see (King Arthur BSO)")

Se trata simplemente de la capacidad de enfocarse totalmente en algo. Ocurre cuando el compromiso, las habilidades y la atención pueden canalizarse en una dirección única. Es ser realmente consciente y estar libre del miedo, la duda y la confusión.

Los practicantes de artes marciales, tanto orientales como occidentales, saben desde siempre que cuando están totalmente concentrados, su mente no es interrumpida por lo que llamamos "pensamiento consciente" y es entonces cuando tienen lugar sus actos más precisos, eso es algo que sé por experiencia propia de cuando en mi juventud practicaba Taekwondo. Como dice el maestro en el libro El zen y el arte del tiro con arco: "Un simple pensamiento consciente en la mente hace que el trayecto de la flecha se aleje del blanco".

Una descripción más académica, aunque igualmente inspirada de este estado, incluso en el trabajo, nos la da el profesor Mihaly Csikszentmihalyi, de la Universidad de Chicago. Este estado es lo que él llama "fluir":

En el fluir una acción sigue a otra según una lógica interna que parece no necesitar la intervención consciente del actor. Él la experimenta como un flujo unificado de un momento al siguiente en el cual él tiene el control de sus actos y en el que hay muy poca distinción entre él y el entorno, entre estímulo y respuesta, o entre pasado, presente y futuro.

Continúa diciendo que la experiencia de este estado de fluir es tan inherentemente agradable que con frecuencia es buscado por sí mismo, más que por las ventajas extrínsecas que de él puedan resultar. Señala que este estado ha sido experimentado tanto en plena batalla como en campos de concentración, lo que demuestra que se puede lograr incluso durante las actividades más penosas. Es lógico pensar, entonces, ¡que también podrá lograrse en el campo de tiro!

Por supuesto, hay muchas descripciones, tanto de artistas como de deportistas de cualquier tipo que dicen haber estado en onda o haber jugado "en la zona". Lo alaban, lo recomiendan y proclaman tanto su valor intrínseco como los sorprendentes resultados que con frecuencia genera. Sin embargo, esta gente con frecuencia se sienten conmovidos y sorprendidos por lo que han logrado en dicho estado, atribuyéndose menos mérito a sí mismos que a algo que está más allá de su control. Normalmente es difícil enseñar cómo se logra ese estado, pues sé intuitivamente que ninguna palabra llevará al aprendiz o al maestro a cruzar la puerta de esta valiosa experiencia. Recuerdo ahora cuando escribo este ladrillo una ocasión en la que quien fue mi maestro me dijo un día tras someterme a una prueba de confianza en mí mismo "Josep, existen otras fuerzas que mucha gente desconoce, ellas te llevarán a lograr tus metas, pero no puedo llevarte a ese estado, lo alcanzarás, solo pretendo que seas consciente de él cuando eso ocurra" evidentemente entonces no sabía de qué me hablaba, pero no olvide su advertencia, nunca lo he olvidado.

Sigamos…

Al igual que al estado de concentración relajada se le suelen atribuir nuestros mejores logros, a su carencia se le suele culpar de nuestros peores resultados. Esto es verdad tanto para los más elevados niveles de competencia deportiva como para los más bajos. Del mismo modo, cuando el trabajo se realiza en un estado de concentración relajada, tanto las personas como los equipos trabajan con armonía y efectividad. En su ausencia, pensamientos y actos se muestran fragmentados, lo cual lleva a una mala comunicación e inevitablemente a fallos en el equipo y en el resultado. Tanto en la persona como en el equipo surgen divergencias y conflictos, los cuales impiden una acción coherente y coordinada. No hay método ni fórmula mágica que automáticamente ponga a la persona en el estado mental óptimo. Tal vez ese estado que buscamos esté ya aquí, pero al intentar mentalmente no pensar, de hecho, estamos pensando, y caemos en una situación semejante a la del perro que da vueltas a un árbol persiguiendo su cola. Es interesante que el Yo Consciente llegue a proponer formas para librarse de sí mismo. Y todavía más interesante es que lleguemos a creer que puede lograrlo.

Y ahora lo dejamos un tiempo, regresaré a mis paseos de introspección en el bosque, no es bueno empanarse la mente en exceso, siempre he dicho que la prisa es un mal consejero, en ese aspecto en oriente nos ganan por goleada a los occidentales.

Hasta pronto amigos!!

Robin



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