Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Miércoles, 5 de Septiembre del 2001

Querido diario.

La humedad, el frescor matinal me anuncia que el verano está llegando a su fin. Intuyo el otoño, la estación de la transformación, la madurez, y los mil matices de un solo color, pero habrá que esperar unos días más.

Esta tarde encuentro con Blai en nuestro club de tiro (TEM). Sobre las 4:30 hemos iniciado un recorrido 2D. El recorrido del TEM no es precisamente un recorrido fácil, los tiros a sus dianas son bastante técnicos, precisan una lectura correcta de la diana y todo cuanto la rodea, el análisis, la correcta ejecución del disparo y un estado lo más relajado posible son los ases para ganarle la partida.

Diana 1:
Iniciamos el recorrido, la primera diana la encontramos junto al campo de entrenamiento, un jabalí a una distancia media, no parece un tiro difícil pero está a una distancia ni corta ni larga que puede sorprendernos. En el tiro con arco nada es fácil, no hay que infravalorar ninguna situación de tiro. Dispara Blai sus dos flechas y ambas tocan (25) las mías tocan un poquito más (30) sobre los 35 posibles en la diana. Empezamos bien, me dirijo al joven arquero pensando en su próxima participación en el campeonato de España de bosque y le sugiero que las restantes 20 dianas que nos aguardan han de ser todas "primera diana".

Diana 2:
Recogemos e iniciamos una pequeña cuesta hacia arriba en una zona tupida del bosque, al poco rato de ascender divisamos la segunda diana a resolver. Un hermoso antílope un poco alejado, Blai exclama que ese tiro suele fallarlo, de nuevo me dirijo a nuestro joven arquero, olvídate de lo de antes, encara la diana como un reto nuevo. De alguna forma, quería que Blai se desnudara de preconceptos ante lo que debía resolver, olvida que la has tirado, plantéate la diana como algo nuevo, analízala bien y resuelve. Suelto mis flechas y las dos pegadas una a otra se sitúan en el pleno del antílope (35), en silencio Blai encara su arco y las dos flechas viajan hacia su destino, la primera no alcanza el pleno pero la segunda remata la faena (30), creo que Blai me está escuchando, recogemos y seguimos ascendiendo hasta el camino de acceso al club.

Diana 3:
Lo recuerdo perfectamente, un disparo desde un camino despejado hacia un tigre en lo profundo del bosque y a considerable desnivel, un tiro hacia arriba realmente difícil. Observo los ojos de Blai, brillan, espero que el pequeño potrillo no se desboque, los recorridos guardan sorpresas a la vuelta de cualquier esquina. Blai se sitúa en la piqueta, como el tiro es elevado y unas ramas pueden obstaculizar el vuelo de la flecha, flexiona ambas piernas, le veo equilibrado. Suelta la primera y un error de lectura impide que la fleche llegue a la diana, se ha quedado corto, el segundo disparo alcanza la diana pero no pincha en zona puntuable, aparece la primera bicicleta de Blai (0/0). Es mi turno, disparo ambas flechas y escucho el sonido al contactar con la diana pero no aprecio bien si han tocado "bicho". Al recoger flechas compruebo como la primera ha tocado y la segunda se ha quedado a un suspiro de la línea (15/0). Hasta el momento Blai acumula 55 puntos y yo 80.

Diana 4:
Seguimos un sendero por la zona alta del bosque y al llegar al final nos encontramos ante una doble diana de tiro muy corto, el primer tiro no parece complicado, pero el segundo es un disparo que hay que apuntar hacia un barranco como si le disparásemos a nuestros pies, otra situación de tiro técnicamente complejo. Blai alcanza el pleno con sus dos flechas (35) y yo alcanzo zona de tocado con mi par (25).

Diana 5:
Iniciamos un descenso hasta localizar la quinta diana, una cierva a una distancia relativamente corta, pero con unas ramitas que interfieren su visión. Blai me comenta que esas ramas pueden desviar la flecha, le respondo que esas ramas son muy secas y finas, que se olvide de ellas, con su potencia de disparo y la poca distancia a la diana no van a afectar el vuelo de la flecha, aunque... podrían afectar al arquero. Convencidos ambos que las ramitas no son un obstáculo, disparamos nuestras flechas, Blai repite pleno (35), mi primera flecha no alcanza el lomo del animal pero la segunda entra en el pleno (0/15), Blai sonríe.

Diana 6:
Seguimos descendiendo hasta que en un recodo divisamos la piqueta azul del primer tiro, abajo en el barranco una especie de mapache a una distancia de unos 18 metros. Blai consigue su tercer pleno consecutivo (35) y yo dos tocados (25). Blai acumula 160 puntos y yo 145, no me preocupa, hoy he decidido disparar con toda la serenidad del mundo. Blai satisfecho me dice que ha compensado errores anteriores a lo que yo le respondo que nunca un tiro ha de reparar un error anterior, que se olvide de lo acumulado, que no pretenda nada más que plantearse cada nueva diana como si fuera la primera del circuito, que no quiera. La pretensión puede convertirse en una rama adicional en el trayecto de la flecha, plántate ante la diana, analiza y ejecuta y olvídate del resto de la humanidad. Los puntos, los resultados vendrán por si solos.

Diana 7:
De nuevo nos encontramos en un camino de tierra en busca de la séptima diana de nuestro recorrido. Mientras nos dirigimos a ella, le digo a Blai que no haga cálculos de probabilidades y posibilidades, hoy cada una de las 21 dianas han de ser la primera diana del recorrido, a cada disparo, borrón y cuenta nueva. Llegamos a las piquetas, el tiro es ligeramente hacia arriba a un gran Ciervo, pero hay que desconfiar de las dianas grandes, los plenos enormes, y las distancias cortas, un exceso de confianza y adiós buenas. Aunque parezca fácil, hay que analizar, situarse correctamente y ejecutar lo mejor posible toda la mecánica del tiro. Blai toca con su primera flecha pero la segunda se pierde en el mar de las intenciones (15/0), a mi parecer se ha precipitado o ha evaluado mal el tiro. Es mi turno, ambas flechas han alcanzado el mismo lugar, zona de pleno (35) lo que me lleva de nuevo a la cabeza de la puntuación a una distancia de 5 puntos de Blai, 180 y 175.

Diana 8:
Octava diana, una habitual en el circuito, se trata de una doble diana de distancias cortas, un gallo para la primera flecha y un conejo rodeado de maleza para la segunda. En esta octava diana nos embarrancamos los dos arqueros con dos rollizas bicicletas (0/0). Nos dirigimos hacia la novena del día. Lo dije, lo fácil a veces jode.

Diana 9:
Recuperados del fiasco anterior nos repetimos que no ha pasado absolutamente nada, estudiamos un tiro a un zorro en un profundo barranco, hay una distancia media, pero hay que considerar la considerable caída de la flecha por lo que el tiro se convierte en medio-corto. Soltamos y resolvemos dignamente, Blai (25) Josep (30).

Diana 10:
Estamos en el fondo del barranco, seguimos las tiras azules que marcan el recorrido hasta situarnos frente a un ciervo al final de un túnel de árboles, recuerdo como en esas circunstancias erramos en nuestra apreciación de distancias. Blai consigue su tercera bicicleta, yo lanzo 30 puntos más al saco de lo realizado sin perder la serenidad.

Diana 11:
De nuevo un tiro hacia abajo en una pendiente moderada, un rollizo urogallo totalmente negro nos espera entre dos árboles, estudio los árboles y centro mi vista en el cuerpo del redondo animal, durante unos segundos tengo la sensación de estar delante de una diana de esas negras de tiro de campo, suelto la primera que no clava dentro de zona y rectifico en la segunda pinchando el pleno (0/15). Blai resuelve a la perfección ambos disparos con un pleno (35). Por el rabillo del ojo observo como sus ojos recuperan un brillo especial, seguimos.

Diana 12:
Nos introducimos en una zona húmeda de helechos y mucha maleza localizando las piquetas desde las cuales hemos de resolver un disparo muy difícil hacia arriba a un oso que nos observa de frente con cara de muy mala leche, el tiro es realmente complejo, hay distancia, hay un desnivel considerable, hay una pasillo de troncos de árboles que absorben nuestra atención, es el momento de concentrarse en la diana y borrar todo lo demás, es el momento de emplearse a fondo, concentración. Suelta Blai y ambas flechas no encuentran el camino correcto (0/0), las mías cabalgan en un mar de serenidad y dan en el blanco (30)

Diana 13:
Ascendemos el barranco y seguimos otro camino de tierra, recuerdo a nuestro joven arquero que olvide puntuaciones y se sumerja en el mar de la serenidad. Blai aparenta tranquilidad, no deseo que en su interior las ganas le traicionen, me recuerdo sus 16 años. Le disparo a un faisán y lo resuelvo (35), a Blai se le van por la izquierda (0/0). Estudiamos su suelta, el agarre de la empuñadura y la colocación del brazo, algo está afectando la deriva de sus disparos. Interrumpo el recorrido y le pido que dispare varias flechas a la diana para observarle de cerca. Cuando entran, la mano que agarra el arco desciende verticalmente, cuando se le van a la izquierda, la mano a marcado esa trayectoria al desplazarse en el momento de la suelta hacia la izquierda, creo que la empuñadura está mal acoplada en su mano, la acopla correctamente y sin más observaciones seguimos nuestro recorrido.

Diana 14:
En el mismo camino nos detenemos ante una diana doble, primera flecha para un conejo a unos 17 metros, segunda para un animalillo a escasos 6 metros, un tiro muy próximo pero a la vez muy crítico. Lo resolvemos bien, yo (35) Blai (30).

Diana 15:
De nuevo descenso para tomar otro sendero a la derecha, piquetas en el suelo, al fondo un muflón que engaña, parece lejos y no lo está. Mi primera flecha acaricia los cuernos, la segunda toca los cuartos traseros (10), Blai inserta sus dos flechas junto a las mías (10) recogemos y al saco del olvido.

Diana 16:
A poca distancia nuevas piquetas, en esta ocasión un enorme jabalí nos espera al fondo de una pronunciada pendiente, para complicar la cosa disparamos desde un claro a la diana en la penumbra de un denso follaje, hay que visualizar bien la diana, hay que meterse en ella con el cuerpo, el alma y la flecha. Parten mis dos flechas alcanzando la zona de pleno (35). Parten las dos de Blai hasta dar también en el pleno (35). No le comento puntuaciones a Blai pero yo estoy en la 16 con 400 puntos y Blai con 310, si no nos obsesionamos, si seguimos disparando con serenidad podemos conseguir una buena cosecha de puntos, Blai desea superar su récord de 415, yo me atrevo a desafiar la barrera de los 500, pero no me preocupa, he disparado ocasionalmente mi arco este verano, hoy solo pretendía superar los 400, ya estoy en ellos.

Diana 17:
Advierto a Blai que solo nos faltan 5 dianas y para ver como reacciona le facilito nuestras puntuaciones, sus ojos brillan de nuevo, duda por un momento pero yo le afirmo que puede superar el récord, que es posible, pero que hay que creer en ello. Saltamos desde un puente de madera a una riera de arena repleta de mosquitos, ¡odio los mosquitos!, pero al igual que todo cuanto ha sucedido esta tarde los meto en el saco del olvido. Una especie de sapo gigante nos espera detrás de un tronco atravesado. Tomamos posición y soltamos cuerda, yo (25) Blai (15), un poco más cerca del final, el tiempo parece acelerarse, nos parece que las últimas dianas son cruciales, pero insisto en que siguen siendo "primera diana" que el querer puntuar no va a ayudarnos en absoluto, el pensamiento de "lo que podría sumar" puede entorpecer el final del recorrido, ¡a por la 18!

Diana 18:
Bajo la protección de un inmenso castaño le disparamos a un tapir, a unos metros de la diana hay un montículo que puede desviar la flecha, es necesario afinar el tiro, otros (30) a mi saco de lo resuelto y otros (15) al de Blai. Receso, le advierto a Blai que es el momento de apretar el acelerador pero desapasionadamente, hay que envolverse en el manto de la serenidad más que nunca, es casi imposible apartar de la mente la puntuación, lo que pudiera ser, lo que pudiera perderse. Blai me advierte que la penúltima diana es un tiro extremadamente largo y con caída, pero ya no me importa, estoy en 455, a partir de aquí ... todo es premio, Blai acumula 340, deberá concentrarse para superar su barrera de 415.

Diana 19:
Ascendemos, soy consciente que la ascensión es para ganar la altura de la penúltima diana, me pregunto porque tenía que ser precisamente la penúltima tan difícil. Pero antes hay que resolver la 19, se trata de un ciervo con mucho cuerno que está detrás de una multitud de árboles, pese a los árboles, encuentro el pasillo, es suficiente, suelto mis flechas (25), turno de Blai, dispara, otros (25).

Diana 20:
Seguimos un sendero hasta un promontorio donde hay que dispararle a la jodida penúltima diana, Blai tenía mucha razón, es un tiro realmente difícil para arcos tradicionales. Suelta Blai y suma (30) confiesa que ya le había disparado en otras ocasiones, a falta de una diana tiene 395 puntos, se lo va a jugar en la última. Es mi turno, me coloco en el promontorio y miro a lo lejos hacia abajo, no distingo muy bien el animal, pero parece un muflón o un alce que está comiendo con la cabeza en el suelo, mi corazón bombea fuertemente en mi pecho, tengo una extraña sensación, suelto la primera flecha y a medio vuelo sé que clavará bajo la panza del animal, primer intento fallido pero no me importa, hace una diana que todo ya es premio. Dos pasos hacia delante, tenso el arco y suelto de nuevo, la flecha inicia un vuelo largo, elegante, empieza a caer, parece que toca línea, parece.

Diana 21:
Descendemos para recoger las flechas y la rueda de la fortuna que gira, gira y gira ... mi flecha a dos milímetros de la línea de puntuación, ¡mierda! una bicicleta justamente ahora (0/0). Pero me importa un bledo, ¡a por la última!. Me toca a mi disparar primero, es una zona de penumbra al fondo un urogallo negro, negro sobre negro... no me preocupa, ahí hay una diana y voy a meter mis flechas en ella, ¡zas! ¡zas! 30 puntos que sumados al saco de lo acontecido, Josep: 510 puntos finales. Turno de Blai, le tranquilizo, le recuerdo que está teniendo un muy buen final de recorrido, que vacíe su mente y que resuelva, 30 puntos, totalizando, Blai: 425 puntos finales. ¡Récord superado!

Con la satisfacción en la cara nos felicitamos por nuestra pequeña hazaña, repasamos las papeletas de tiro, todo correcto. En el interior del bosque se oye a dos arqueros: "sin bicicletas, ¿cuantos puntos serían?". Risas y camino de regreso.

Robin

Viernes, 7 de Septiembre del 2001

Querido diario.

Esta mañana he descolgado mi viejo arco de poleas y he disparado una serie de flechas en el garaje, después he vuelto a colgar el poleas en su pared dormitorio, creo que la pared se está convirtiendo en un panteón.

Cuando sujeto el poleas veo en mis manos una "herramienta" incómoda, pesada y extremadamente delicada, los disparadores mecánicos me alejan del contacto con la cuerda del arco, algo a lo que no quiero renunciar. Cuando empuño mi recurvado de caza o mi longbow, me siento mucho más a gusto, son ligeros, su tacto es cálido y disparar con ellos es introducirse en un mundo de otras sensaciones, en absoluto carentes de dificultad. Madera, cuerda, flecha y arquero, sin ayudas adicionales.

El aprendizaje con un arco tradicional es lento, la progresión requiere constancia y acoplamiento. Si tenemos capacidad, ingresaremos en el particular mundo de las sensaciones del arco tradicional, podemos incluso llegar a sentir el arco como una extremidad adicional. Cuando tensamos la cuerda del arco y la soltamos, se produce una vibración en nuestro cuerpo, es como la melodía de un arpa mágica que activa nuestros sentidos y despierta al arquero adormecido que habita en nuestro interior. Por contra, como bien decía un amigo arquero en la red, cuando un poleas vibra suena la alarma ¿se le ha aflojado un tornillo? ¿ha perdido una pieza?.

Robin

Miércoles, 12 de Septiembre del 2001

Querido diario.


Después de la matanza,
cuando la crueldad se ha apuntado el golpe
y se rompen los corazones cansados
y se necesita curar las heridas,
suena una canción de luto,
que canta sobre todo lo que ha muerto,
la pérdida de la inocencia y de la confianza,
que ha matado la dignidad humana y el orgullo.

Nuestra próxima batalla
será encontrar el valor para sanar
haciendo frente al futuro con valentía,
hasta que podamos cantar victoria
sobre la oscura noche del alma.

En memoria de todas las víctimas del terrible
atentado terrorista perpetrado ayer en los EE.UU.


Robin

Jueves, 27 de Septiembre del 2001

Querido diario.

Estos últimos días han sido un poco ajetreados, mi hermano Miquel está ingresado en el Hospital, una trombosis intestinal le ha dejado fuera de combate temporalmente, quiera Dios que no sea nada grave.

Mi amigo Jordi ha regresado de su estancia en la Molina, ha concursado en diversos campeonatos y en el último tuvo que abandonar a mitad de concurso. Antes del campeonato le noté cansado, no por el número de flechas que llevaba disparadas sino por todo cuanto se había exigido a sí mismo, excesivo a mi parecer. En multitud de ocasiones le he repetido que es hora de darse un respiro y que el tipo de medalla que él merece no se encuentra ya en esas competiciones. Algún día se dará cuenta de que la lleva colgando, que esa medalla carente de metal es algo inalcanzable para algunos arqueros que se vanaglorian de las puntuaciones que obtienen.



Búho Gris "Jordi", ¡tal cual!


No he conocido arquero que haya vivido con tanta intensidad el tiro con arco como Jordi. Me importa un rábano que mi amigo no pulverice récords en las tablas de puntuación, a medida que transcurre el tiempo me fascina cada vez más verle disparar sus flechas. Hay que verle con que elegancia se desliza entre los árboles del bosque, fundiendose con el entorno. Cuando le observo, una amalgama de instinto y deseo envuelven, arco, flecha y arquero, unificándolos, haciendo que la acción de la suelta sea algo tan natural como el caminar por el bosque. Antes de ejecutar un disparo, su mirada se clava en la diana, el resto de su cuerpo prepara con suaves gestos la acción del tiro, en ningún momento sus ojos desconectan de la diana, todo parece sincronizado y produce una combinación de relax y éxtasis a quien tiene la capacidad de observarle. La suelta es un instante dentro de esa liturgia de disparo, no hay clicker, no hay intención, sencillamente se produce.

Robin



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