Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Miércoles, 4 de Septiembre de 2002

Querido diario.

He recibido algunas fotos de mi escapada a Pardines del pasado día 16 de Agosto:


El grupo a mitad del recorrido


El enano en acción y la flecha de Fernando iniciando el vuelo


El entorno de Pardines siempre acogedor fue una vez más punto de encuentro arquero, guardo gratos recuerdos de todas y cada una de las ocasiones en las que he compartido risas y flechas en ese rincón del pirineo.

Tenemos movida familiar, este fin de semana celebraremos la boda de Yolanda la mayor de la prole y Jordi nuestro oso-yerno, después de unos buenos años de convivencia han decidido pasar por la vicaria, el sábado partiremos rumbo a un pequeño monasterio cercano a Balaguer (Lérida).

Todas las mujeres de nuestro clan familiar están ultimando los preparativos, su actividad estos días alcanza el frenesí, el teléfono no cesa y los hombres del clan nos dejamos llevar por los acontecimientos.



Estos días de vacaciones aprovecho para charlar a fondo con el enano, debatimos mil cuestiones practicando la cultura del debate, intento estructurar un poco su propio criterio, creo que la ausencia de referencias es algo que puede impedir el tipo de ejercicio crítico que posibilita la formación del criterio personal en nuestros enanos.

Los padres tenemos la posibilidad de transmitir valores a nuestros hijos, probablemente muchos de los valores que pretendamos transmitirles no llegarán a ser integrados por ellos, pero, en cualquier caso, será bueno que conozcan cuales son los valores de los adultos con los que conviven, aunque sea para llevar la contraria, para ser diferentes, para rechazar sus planteamientos. En la transmisión de valores de los adultos hacia los jóvenes intervienen muchos factores difícilmente controlables por los adultos, seguramente esto es una suerte. Al margen de la acción supuestamente educativa de los padres, hay reacciones de grupo, modas, medios de comunicación, interacciones personales entre amigos y otras personas, y muchas otras variables inaccesibles a la acción de los adultos. Por lo que sería una absoluta ingenuidad creer que los valores que tendrán los hijos dependerán solamente de los padres, pero creer que no tienen ningún papel sería igualmente una grave equivocación.

Educativamente hablando no supone ningún problema que los jóvenes contemplen en los medios de comunicación debates sobre los más diversos temas, al contrario, no deja de ser un aprendizaje en el ejercicio de la tolerancia y el diálogo, lo que sí puede suponer un problema es que a su lado vivan unos padres que no manifiesten sus opiniones. En este caso los jóvenes serán sistemáticamente vulnerables a los razonamientos ajenos, y se dejarán guiar más por la forma en que es expuesta una idea que por el análisis que la acompaña.

Tampoco es razonable que en el contexto de la vida familiar se pretenda utilizar el debate como forma habitual de llegar a conclusiones. Es necesario que los adultos que tratamos con jóvenes "nos mojemos" manifestando nuestras opiniones personales, de esta forma, seguramente proporcionaremos a nuestros enanos la posibilidad de encontrar su propio criterio y sus propias opiniones.

El bien más preciado que los adultos podemos dar a los jóvenes es el testimonio de la propia realidad interior, no como referente absoluto a seguir, sino como punto de referencia para que ellos vayan formando su criterio personal.

El hombre encuentra en el debate la posibilidad de enfrentar sus ideas con las de los demás, pero para poder debatirlas, es necesario previamente tener ideas propias.

Robin

Jueves, 12 de Septiembre de 2002

Querido diario.

Aprovechando la nueva temporada de recolección de setas, este martes fui al bosque a recolectar unas de mis preferidas, los "rossinyols" (rebozuelos), y unas cuantas "trompetes de la mort" (trompetas de la muerte) que acompañaron unas buenas "botifarres" (salchichas) adecuadamente regado todo ello con un buen vino Raimat abadía. Lo jodido del caso es que este año han llegado las setas pero permanecen los mosquitos, yo decía... "¡aquí hay una seta!" y ellos... "aquí hay un recolector de setas" total, que al final me han obsequiado con un "look" de picaduras a cada cual más bestia, ni repelentes ni manotazos les hacían desistir de probar el Raimat Abadía que circulaba por mis venas, al final todos contentos y con la panza llena.

El bosque estaba en muy buenas condiciones, las numerosas lluvias de este atípico verano han mantenido un cierto grado de humedad que lo ha preservado, también a los mosquitos. Cuando recolecté suficientes setas me sumergí de nuevo en el bosque, como siempre, sin rumbo, caminando hacia donde me dirigieran mis pasos, cada diez minutos me detenía y escuchaba los mil y un susurros del bosque, atardecía y crecían en intensidad, a lo lejos la noche anunciaba su llegada. Rodeado de robles, hayas y encinas seguí mi camino hasta llegar a un roble inmenso, me recordaba esos robles sagrados de los celtas donde celebraban sus ritos secretos, es a partir de su nombre druir que ha derivado el nombre de druidas como se conoce a sus sacerdotes.

Inmovil debajo del gran roble, escuchaba el sonido del rumor de las hojas de los árboles, pues en ellos se susurran las leyendas de los Antiguos. Se que existe un árbol, un poderoso roble sagrado, que es como mil robles fundidos en uno, un árbol que yergue hasta el cielo, y cuyas ramas se extienden tan altas que desaparecen en la vastedad del infinito. Las raíces de este poderoso árbol también se entierran en lo más profundo de la tierra, extendiendose hasta las mayores profundidades que conforman la base de los Mundos Inferiores. De la mano de los espíritus guias del bosque he de viajar algún día a través de las ramas y de las raíces de este noble árbol.

La tarde estaba a punto de caer, la noche extendería su manto de estrellas en una media hora, en la espesura del bosque apenas se distinguían formas, me guiaba por la luz que me llegaba a través de los árboles, una ráfaga de aire fresco hizo que me estremeciera, era hora de regresar.

Robin



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