Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Martes, 9 de Septiembre de 2008

Querido diario.

Dulce de leche...



Hace poquito más de un año que llegó, y en este poco espacio de tiempo el muy ladrón nos ha robado el corazón, es dulce... como un dulce de leche, y estoy seguro que en el futuro tensará su arco y hará volar sus flechas, de momento, practica con el resto de la familia, como lo hace Cupido, con unas flechas que no pueden verse, pero que se sienten cuando se te clavan en el corazón.

Se llama Abel, es el hijo de Meri, le dieron un nombre antiguo, como antigua es su dulce mirada, pero bajo esa dulzura que le caracteriza... aguarda la semilla de un hombre, un hombre que debe crecer para hacerse fuerte, pues su corazón va a necesitar mucho espacio por lo inmenso que se le intuye.

Y como sé que la madre lee estas viejas páginas del diario, concedámosle abrir este mes de Septiembre, pues no hay nada más hermoso que la imagen de un niño, un niño que algún día será un hombre, aunque Robin... mucho antes le hará arquero.



Y ahora sí, volvamos al trabajo, las vacaciones son ya historia... pero no hay que deprimirse, y si asoma algún síntoma de desánimo, un beso de dulce de leche disipará la niebla, así que... ¡a navegar!

¡Hasta pronto!

Robin

Sábado, 27 de Septiembre de 2008

Querido diario.

Atardecer...

Tres semanas alejado del tiro con arco, alejado también de este diario. Mi madre ha entrado en barrena con una depresión galopante lo cual ha acaparado mi atención estos días, ahora espero y confío que la medicina pueda insuflarle el aire suficiente para revitalizar su llama interna y poder dentro de los límites de su edad, brillar de nuevo. Tengo fe en ello.

Hoy he regresado al bosque, me he recargado de energía y he podido dar la bienvenida al otoño, esa época del año en la que el bosque estalla en mil colores, cálidos todos ellos, es momento de intimidad y de introspección.



Un fuerte viento agita nerviosamente las ramas de los árboles, me introduzco en el interior del bosque, las primeras hojas caídas danzan caprichosamente a su merced, y de nuevo las dianas volumétricas a lo lejos esperan mis flechas. Regresan las sensaciones... la presión de la cuerda en mis dedos, el chasquido del arco al soltar, el sonido del impacto en las dianas, a lo lejos un viento poderoso que ruge, más cerca... el murmullo de los árboles a mi paso, mi corazón late profundamente adaptándose a la cadencia del bosque.

Vivir y sentir al compás de lo que me rodea me hace consciente de una mayor cantidad de realidades. De nuevo tenso mi arco, a lo lejos una sugerente cabra blanca espera dos impactos, la cadencia disminuye, los sonidos se apagan, la lentitud acierta cuando la sumo a mi deseo de acertar, una vez más las flechas dan en el blanco. Esa lentitud tirando con arco es lo que más me conecta a las dianas. Mientras me dirijo a recoger mis flechas percibo de nuevo el sonido de la naturaleza, siempre melodiosa, por tanto musical. La sonoridad del bosque me pregunta y yo respondo con mi sentido de la audición desplegado lo que me provoca un placer difícil de describir.

Andar por el mullido bosque me sosega, siempre lo hace, atrás queda la lucha diaria, ahora he de disfrutar de estos momentos, grabarlos intensamente en mi memoria sensitiva, pues a ellos regreso cuando la jungla de asfalto se me hace asfixiante.

Seguid atentos, el otoño justo empezó a mostrarse.

Robin



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