Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado 22 de Septiembre de 2012

Querido diario.

Flechas en otoño...



(Escuchando: "Dances With Wolves (John Barry)")

Calzo mis botas con cierto nerviosismo, hoy es un día especial, lo es por tensar de nuevo mi viejo recurvado en este primer día de otoño. Las lluvias recientes han favorecido las condiciones de humedad del bosque, un bosque que se irá adormeciendo poco a poco para que en invierno la vida que lo habita pueda aletargarse, pero desde el silencio eleva ahora de nuevo su voz, el musgo va cubriendo con su mullido tapiz las rocas en las zonas más sombrías, las hojas de los árboles empiezan a caer con parsimonia y el rumor del viento en las copas nos invita a adentrarnos en su misterio.



Es, sin duda, la época más romántica y más cargada de ensoñaciones. Una estación ideal para perderse y rencontrarse. Así que hoy regreso al bosque con mi arco y mis flechas, un bosque que ha recuperado sus fragancias, un bosque que invita a embriagarse con su sensualidad.



Acompañado de buenos arqueros y amigos (Emma, Víctor, Anja y Jordi) nos introducimos en el recorrido de volumétricas. El calzado se agarra perfectamente al terreno, hay humedad por doquier y las nubes nos evitan un sol que podría elevar significativamente la temperatura, es una buena mañana para disfrutar del recorrido.



Jordi equipado con su recurvado salamandra está que se sale, es absolutamente letal ante las dianas, intento seguirle pero no lo consigo, y que conste que estoy disparando bastante bien, pero nuestra estrella competitiva no tiene rival con el recurvado, al menos en este planeta.



Emma que ha dulcificado su suelta saca el máximo rendimiento de su longbow, el problema es que su arco es muy limitado en potencia y prestaciones, imagino el día que disponga de un longbow más apropiado, nuestra amazona despegará definitivamente, será un lujo estar a su lado para ayudarla a controlar su arco, y como no... controlarse ella misma.



Anja a pesar de un periodo de tiempo largo sin disparar ha retomado bien el contacto con su arco y sus flechas, es una arquera que me da buenas vibraciones en el bosque, su actitud ante las dianas es buena, solo necesita practicar más asiduamente y mejorará su rendimiento.



Víctor ha estado probando unos vástagos de mayor calibre. A pesar de que sus nuevas flechas caen un poco respecto a las anteriores por una sencilla razón de peso, alcanzan la diana sin problemas, y el vuelo es perfecto, ahora es necesario decidirse de una vez y abandonar las anteriores de menor calibre para que su arquero interior recalibre los tiros y alcance sin problemas el pleno de las volumétricas. Víctor ha disparado muy bien, aunque acusa los comentarios del resto de la patrulla, es su punto vulnerable por lo que debe aprender a aislarse en el momento de enfocar la diana.



Finalizamos el recorrido junto a Joan Lope que nos ha dado alcance en las últimas dianas, soltamos algunas flechas en el campo de entrenamiento y nos vamos definitivamente al bar a reponer líquidos. Ahora hay que esperar que la lluvia siga reactivando el subsuelo del bosque, la sequía amenazaba con una temporada de setas muy pobre.

Buenas flechas a todos.

Robin

Domingo 30 de Septiembre de 2012

Querido diario.

Después de la lluvia...



(Escuchando: "Jealous Guy (Roxy Music)")

Lluvia bendita para la verde Naturaleza, alimento de semillas, regalo del cielo para la tierra. Sonido que arrulla e inspira el Alma del Poeta. Lluvia, lluvia, lluvia que cae en las calles desiertas, y que esta noche me regala recuerdos y acompaña mi dulce espera.



Ayer sábado la lluvia se hizo dueña del bosque, a pesar del mal tiempo nos reunimos un buen puñado de arqueros en el club, bajo cubierto hacíamos volar nuestras flechas que estallaban multitud de gotas en el aire. Mañana distendida en la que acompañamos a dos arqueras instintivas, Emma y Alessandra, la primera descubrió por fin una suelta casi perfecta, la segunda con tres meses que lleva disparando con arco da la sensación de llevar años, muy estimulante para quienes les seguimos de cerca. Me acompañaron Jordi Lorenz, Javier Fernández, Joan Lope y Dani Porras, todos ellos excelentes arqueros con campeonatos a su espalda y un buen número de triunfos, aunque el mejor triunfo es que ninguna medalla ha cambiado su encanto personal, un lujo tenerlos tan cerca.



Ha caído muchísima agua, hacía mucha falta, esta mañana las nubes han ido desapareciendo, el Sol ha hecho acto de presencia y con el ambiente tan nítido he programado un paseo para esta tarde.

Entusiasmado como estoy con el tiro con arco a caballo me he acercado a la hípica de mi pueblo que está situada en un hermoso paraje junto a un bosque ancestral que conozco muy bien. He visitado unas cuantas cuadras siendo recibido con mucha curiosidad por sus habitantes, caballos de todas las razas, todos con un denominador común... desconfianza, hasta que con tiempo y paciencia ya no me han visto como un peligro y han permitido un contacto físico. Cuando estoy cerca de un caballo, cuando sus ojos se clavan en los míos... me estremezco, me siento escaneado, esos magníficos seres tienen gran habilidad para “oler” mi miedo, o mi confianza, y no puedo disimularlo. Los caballos responden cuando una persona intenta guiarles desde una emoción positiva, y no siguen a quien esta confuso, tiene miedo, o transmite algún tipo de conflicto.



Permanezco un buen rato observando las evoluciones de una joven amazona montada en una hermosa yegua, el paso es elegante, se conocen bien, y yo saboreo cada fotograma de sus evoluciones, la doma es fascinante, pero se hace tarde, es hora de montar en mi cuatro ruedas y dirigirme al bosque, es un bosque que impone mucho respeto, es sombrío con árboles imponentes.

Aparco el cuatro ruedas en un recodo del camino iniciando mi paseo arbóreo, la lluvia ha activado miles de emisores, fragancias exuberantes se mezclan en mis fosas nasales, abducido por el poder del bosque penetro lentamente en su misterio. La tarde se vuelve espesa y las sombras del viejo bosque se mezclan con las de mi alma, ni un murmullo ni un solo suspiro del viento...solo la voz del silencio. De pronto el viento vuelve a mecer las hojas de los árboles, me estremezco, la temperatura está descendiendo. Algo me inquieta, me siento observado, son tantos los ojos que siguen mis pasos, pero no he de temer nada, nada puede hacerme daño, soy ahora parte de lo que me envuelve, soy en definitiva... bosque.

Regreso a mi cuatro ruedas para descender un largo camino rural hasta alcanzar la hípica y finalmente el pueblo, el fin de semana se agota pero mi pilas están rebosantes, preparado para mi regreso al trabajo.

Hasta pronto.

Robin



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