Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo, 1 de Octubre del 2000

Querido diario.

Al enano le hemos comprado una consola de videojuegos, y yo he querido probar mi habilidad/torpeza jugando al tenis, siendo un piloto de formula 1, haciendo de indiana jones, y eliminando de la faz de la tierra a una invasión de zombies virtuales.

Mi raqueta ha sucumbido, mi ferrari parecía un auto de época, me han masacrado con todas las armas que uno puede imaginar, he muerto de todas las formas posibles para volver a renacer y volver a morder el polvo, no he encontrado tesoros, ni pasadizos secretos, ni el botón adecuado en ese diabólico chisme que controla el cerebro de la bestia. La maldita consola de videojuegos ha estado a una brizna de salir volando por la ventana, con mi ayuda claro. Ellos, los bajitos, se manejan a placer. A un servidor casi le da algo después de tanto esquivar balas, mamporros, atropellos y ataques de zombies virtuales. ¡Dios! que pesadilla, y sin embargo a los enanos les encanta, dicen que es un desafío.

Mi desafío es despertar cada día para hacer de funambulista en el circo de la vida sabiendo que no hay posibilidad de repetir partida, en ese particular juego no intento ganar carrera sino llegar a tiempo, procuro devolver con la mayor dignidad todos los golpes de raquetas ajenas, evito balas emponzoñadas de envidia y los tesoros los tengo en casa, en mi familia y en mis amigos. ¡Ah!, se me olvidaba... el pasadizo secreto no hay que buscarlo, se me aparece cada vez que abro mi alma en el interior del bosque de corazones que de alguna forma están unidos a mí.

Han finalizado los juegos olímpicos de Sydney. La participación española no ha logrado todos los éxitos soñados, pero endulzaremos un poco este mal sabor de boca recordando nuestra inolvidable olimpiada del 92, en ella, tres arqueros contribuyeron con su victoria por equipos a la forja del exito de la participación española.

Si fuimos capaces entonces, podemos serlo de nuevo, aunque habrá que estar convencido de ello.



Robin

Miércoles, 4 de Octubre del 2000

Querido diario.

¡Ya está aquí!

Puedo sentir la penetración del otoño, la temperatura ha descendido y se respira humedad. El bosque desnudará gran parte de su árboles para entrar en un calmado reposo, durante este proceso nos mostrará una multitud de tonalidades.

Adoro los matices otoñales, es agradable pasear por el bosque cubierto de hojas secas que crujen bajo nuestros pies. ¡Con qué elegancia se dirigen a sus tumbas! ¡Qué plácidamente se dejan caer y se enmohecen! Se tiñen de miles de colores y se convierten en el lecho sobre el que caminamos nosotros los vivos. Marchan, ligeras y juguetonas, hacia su última morada. Ellas que se elevaron tan alto, con qué satisfacción regresan de nuevo al polvo y yacen en el suelo, resignadas a pudrirse a los pies del árbol para nutrir a las nuevas generaciones de sus semejantes, del mismo modo que antes se mecían en la copa del árbol. Ellas nos enseñan cómo morir.



Me pregunto si llegará un tiempo en que los hombres, con su cacareada fe en la inmortalidad, yacerán con tanta elegancia y perfección, y, con una serenidad semejante a la de las hojas en otoño, se despojarán de su cuerpo como se despojan de sus cabellos y uñas.

Robin

Viernes, 13 de Octubre del 2000

Querido diario.

¡Al fin lo pillé!

Como bien sabes unas de mis aficiones son la numismática y la historia antigua. Un día uní ambas aficiones iniciando estudios sobre la acuñación de moneda antigua, me sumergí en el extenso Imperio Romano. Cada moneda que añadía a mi colección conllevaba el estudio del emperador y de su reinado así como el tipo de acuñación monetaria. Cuando me interesé por las provincias de Roma dí de narices con mi propia tierra redescubriendo la antigua Hispania y con ella la acuñación Ibérica que actualmente capta la mayor parte de mi interés numismático.

Pues bien, una pequeña pieza de plata, un denario ibérico de la ceca de Ikalkusken situada entre Cuenca y Valencia me ha evitado en todos los mercados y subastas numismáticas que he estado visitando. Ayer dí por finalizada mi búsqueda, Ikalkusken duerme actualmente en mi colección esperando que una lectura adecuada y mi propia imaginación revivan el ajetreo de un pequeño disco de plata de unos 2200 años de antigüedad.

Aparquemos el metal y regresemos a la madera. Hace muchos días que mi arco está sumido en un temporal letargo, mañana si la lluvia no hace acto de presencia desentumeceré arco y arquero pateándome el bosque que está de un exuberante que embriaga. Es en esta época del año cuando en las inmediaciones de mi club puede verse a un arquero deslizarse entre el follaje con un arco en una mano y una cesta en la otra, le puedes ver disparando una serie de flechas o recogiendo entre el musgo uno de los manjares que le vuelven loco, las setas.

Querido diario, el próximo día 23 operarán a Montse, nos han dicho que la hospitalización será de 5 días y la recuperación de un mes. Pediré al gran Arbol que nos de fuerzas, que los días sean horas, y las horas minutos, que el temor desaparezca y la sonrisa reine de nuevo en su cara.

Robin

Domingo, 15 de Octubre del 2000

Querido diario.

He tenido la oportunidad de leer una buena historia y en ella he revivido una de las miles de preguntas que de crío formulé sin obtener respuesta. He trasladado esta historia a estas páginas y me he introducido en ella porque de alguna forma es la historia de todos en algún momento de nuestra vida.

Cuando yo era un crío me encantaban los circos, y lo que más me fascinaba de los circos eran los animales, me llamaba mucho la atención el elefante.

Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal ... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra, y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio era evidente: ¿Qué lo retenía entonces?, ¿Por qué no huía?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores, pregunté entonces por el misterio del elefante y alguien me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: -Si está amaestrado... ¿Por qué lo encadenan?

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca ... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mi alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:

"El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño".

Cerré los ojos e imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse, y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que seguía...

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que NO PUEDE.

El tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sentimos poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

Jamás... Jamás ... intentó poner a prueba su fuerza otra vez ...


Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas "no podemos" simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo: No puedo... no puedo y nunca podré. Crecemos portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvemos a intentar.

Hay que intentar de nuevo poniendo en el intento todo el corazón.

Robin

Miércoles, 18 de Octubre del 2000

Querido diario.

El lunes por la noche estaba hablando por teléfono con Jordi cuando me vi sorprendido por un pequeño pájaro medio aturdido que entró en la habitación. Me despedí apresuradamente de Jordi y observé al inusual visitante aposentado en una estantería a escasos metros de mí. Con extrema cautela volví a mi teclado para seguir aporreando teclas. La noche iba deslizando su manto y el sonido de un teclado al parecer fascinaba a un pequeño ser alado. No intenté nada porque sabía que acentuaría el estrés del pequeño visitante. Observaba como inclinaba su pequeña cabeza clavandome su intensa mirada. Fingí no darle importancia y evité mirarle fijamente para no proyectar la imagen de un depredador en su mente. Transcurría el tiempo y el pequeño visitante se acomodaba a su nuevo entorno, disimuladamente iba reduciendo la distancia entre ambos, pensé, este atrevido me recuerda a un viejo conocido. Cuando penetró en el haz de luz que emitía la lámpara de mi escritorio un pecho anaranjado iluminó un nombre en mi cabeza: ¡Ignacio!.

Me levanté y el pequeño despegó. Su fugaz vuelo finalizó cuando colisionó con el duro cristal de una ventana, lo tomé en mis manos, le acaricié con suavidad su frágil cabeza y sin más demora lo lancé al exterior para que recuperara su libertad. Creo que habían transcurrido treinta minutos cuando escuché un "Tic tic" en la terraza, no podía verle pero sabía que resguardado por la oscuridad de la noche un pequeño ser alado me observaba. El "tic tic" desapareció, y con él el nocturno visitante, pero algo prendió en mi cabeza, el recuerdo del pequeño Ignacio, el recuerdo del arquero que quería crecer, el recuerdo de su maestro. El inesperado pequeño terapeuta alado había encendido una mecha en mi interior.

Hoy, consumida la mecha del recuerdo, el interior del arquero ha explosionado. Este año 2000 sin duda ha sido nefasto, pero como todas las cosas este año ha tenido un principio y muy pronto tendrá un final. Ha llegado el momento de retomar el viejo camino y empezar a prepararme para un 2001 cargado de desafíos en compañía de mi arco, Jordi y Blai.

Esta mañana he hablado con Jordi, he hecho un balance de lo poco que ha dado de sí este 2000 y le he pedido un encuentro para planificar nuestras participaciones deportivas en la próxima temporada, le he sugerido formar un pequeño "team" entre Él, Yo y Blai. Cada uno tendrá su particular reto deportivo, en competición estaremos cada uno frente a nuestras dianas pero de alguna forma nos tendremos, nos desplazaremos juntos, nos daremos inyecciones de moral y nos revisaremos mutuamente para corregir defectos.

En Noviembre, cuando las intervenciones quirúrgicas sean historia, subiremos a Pardines, estoy seguro que regresaremos de nuestra querida montaña con un arco en la mano y el mundo en la otra.

Robin

Viernes, 27 de Octubre del 2000

Querido diario.

¡Prueba superada!

Esta mañana hemos abandonado el Hospital y Montse está recuperándose maravillosamente bien. La estancia en un Hospital puede no ser una experiencia grata, pero en nuestro caso si lo ha sido, unos excelentes profesionales de la medicina han derrochado humanidad para acunarnos durante cinco días.

Las primera horas fueron difíciles, la incertidumbre de lo que podía suceder, el temor a la intervención, el miedo anidado en los ojos de quien ha compartido su vida con la mía me encogía el alma. Cuando vi a Montse partir en camilla hacia el quirófano, cuando vi alejarse unos ojos llorosos encadenados a los míos, sentí un desgarro en el alma, en ese breve pero profundo instante comprendí muchas cosas.

Durante cuatro horas me sumergí en el recuerdo, recorrí todos y cada uno de nuestros instantes que unidos conforman nuestra vida juntos. Cuando me la devolvieron tomé sus manos en las mías y esperé durante mucho tiempo que disipara el efecto de la anestesia. Tras una larga espera unos ojos que seguían encadenados a los míos se abrieron y una sonrisa disipó la niebla que inundaba mi alma.

La vida querido diario es aquello que nos va sucediendo mientras estamos haciendo otros planes.

Que el "Gran Arbol" nos conceda serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las cosas que sí podemos cambiar, y sabiduría para distinguir la diferencia.

Robin



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