Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo, 7 de Octubre de 2001

Querido diario.

Ayer por la mañana reencuentro con Blai y José en nuestro club.

Primera hora, desembarco en el campo de entrenamiento, felicidad al estrechar mis manos con las de José y Blai. Despertamos a nuestras maderas disparando unas flechas en la zona de prácticas, más tarde nos introducimos en el bosque.

¡La humedad ha regresado!, su fragancia ha penetrado en mis pulmones, a los pocos minutos la humedad del bosque ha activado un resorte adormecido en mi interior... y sorprendiendo a mis dos amigos he exclamado: "¡SETAS!" - mis dos amigos se miran y dicen al unísono: "-¡Oh no!, este se nos escabulle por el bosque persiguiendo setas". Afortunadamente para mis dos amigos el aprendiz de buscador de setas deberá esperar unos cuantos días más, mis ansiadas setas al parecer aún están desperezándose y sus cabezas no han empezado a empujar el manto que las cubre.

Buenas noticias por la tarde, suena el teléfono y Blai me relata su participación en el campeonato de Cataluña 3D celebrado en Dosrius. Ha quedado en primera posición dentro de la categoría junior, y lo mejor es que ha obtenido 175 puntos en el primer circuito y 193 en el segundo, un resultado que celebraremos el próximo fin de semana en nuestro club (Blai, ven sin sextercios que el almuerzo lo pago yo). Creo que este muchacho dará que hablar en los campos de tiro, su eficacia es directamente proporcional a su sencillez, y eso es algo que necesitamos urgentemente en competición, más Iriartes, más Blais, más buenas referencias de buen rollo que darán al recorrido de bosque una faz más amable.

Robin

Sábado, 20 de Octubre de 2001

Querido diario.

Esta mañana ha llovido con mucha intensidad, el cielo oscurecido anunciaba un día de reclusión doméstica, pero esta tarde el Sol ha brillado con fuerza, la atmósfera nítida invitaba a pasear por el bosque.

Al salir de casa una bocanada de aire fresco me ha puesto en marcha. Caminando sobre el asfalto de la carretera pienso en todo lo que esta sucediendo en el mundo, venganza con daños colaterales por un lado y terror de ataques biológicos en otro. En medio de los conflictos ... siempre los mismos, el pueblo de a pie, víctima siempre de quienes les es indiferente la vida de los demás, de quienes hacen sus guerras químicas, biológicas, ideológicas, religiosas, guerras todas ellas con los bienes, la sangre y la vida de otros.

Quiero guardarme bien de atribuirle un sentido a las guerras y otras atrocidades. Sigo creyendo en el hombre, en que es capaz de lo bueno y de lo malo, capaz de salir de todos los desvaríos y volver a la razón.

Abandonando el asfalto, mis pies agradecen el contacto con el mullido bosque, hay humedad por doquier y la luz del Sol atraviesa miles de gotas que cuelgan suspendidas en el follaje de los arboles. Mi mirada aun puede escoger, diversos caminos me pertenecen, cincuenta pasos más tarde estoy inmerso en uno de ellos. El viento respira misterioso y mi corazón corre a su encuentro, paso a paso, haciendo camino.

La luz disminuye... la densidad del bosque invita a la reflexión, no hay mejor catedral, no hay mejor iglesia que la que ningún hombre ha construido, ¡el bosque!

Envuelto en un círculo de magia eterna, sigo fiel a mi voz interior, mis pasos me conducen hasta lo que fuera un inmenso árbol, ahora abatido, solo queda su herida mortal, su tronco seccionado parece una lápida en la que puedo leer toda su historia, los anillos y las deformaciones reflejan con fidelidad toda su lucha, todo el dolor, todas las enfermedades, toda la felicidad y la prosperidad, los años de miseria y los de abundancia, las agresiones superadas y las tempestades resistidas.

Acariciando suavemente la madera lápida del viejo ermitaño del bosque prosigo mi camino, el cielo me sonríe, pleno de luz atraviesa la copa de los árboles hasta alcanzar mi rostro. Una treintena de pasos más y diviso un pequeño llano cubierto de hierba que invita a extender mi cuerpo en ella.

Después de unos minutos de descanso reanudo la marcha, me encuentro en un bosque de encinas, y como quien no quiere la cosa unas deliciosas setas se descubren a mi paso, de mi mochila extraigo una bolsa de tela donde deposito las exquisiteces con las cuales el bosque obsequia a sus amantes.

Hoy, el arquero ha sido diana, en ella han impactado mil flechas sensitivas procedentes de mil rincones del bosque.

Cae la tarde, los árboles empiezan a murmurar, es la hora del regreso.

Robin

Martes, 23 de Octubre de 2001

Querido diario.

¡Repoblación!

Plantar un árbol, cuidarlo, repoblar un lugar o el simple hecho de tratar de protegerlo, puede tener el significado y la transparencia que podamos y sepamos darle.

Hubo un tiempo en que los recursos eran inagotables porque la misma naturaleza se encargaba de renovarlos. Hoy ya no es así, donde se ha perdido la capacidad de recuperación, debe actuar el hombre.

La red nos proporciona la posibilidad de colaborar con un simple clic de nuestro mouse.

PlantaTuArbol.com es un proyecto de conservación de la naturaleza realizado por la Fundación Natura con la colaboración de muchas empresas.

El objetivo de este proyecto es el de plantar miles de árboles en áreas naturales quemadas u otras deterioradas. Cada vez que hagas un CLIC (máximo un clic por día), estarás colaborando con el proyecto sin ningún coste para ti. Tu aportación será pagada por empresas colaboradoras.

¡¡Pulsa aquí y¡¡Pulsa aquí y planta tu árbol!!planta tu árbol!!

Pero... no es suficiente plantar diez, cien, mil o un millón de árboles, el árbol debe crecer en todos los terrenos y, sobre todo, hemos de hacerlo arraigar en la tierra fértil que es la imaginación del niño, enseñándole sus secretos y sus querencias, hablándole de su función en nuestra casa y Madre, la tierra, contándole historias de árboles y gentes que vivieron felices bajo su protección, trepando ramas en su compañía y desgranando los misterios del bosque y de sus habitantes.

Cuando el mundo se tambalea, cuando el gran árbol se estremece, nos queda la luz, aún podemos volver los ojos hacia la belleza, recorrer los únicos caminos que merecen la pena recorrerse, los del corazón. En todos ellos, más tarde o más temprano encontraremos al árbol.

Robin

Domingo, 28 de Octubre de 2001

Querido diario.

Un humeante café en una vieja taza de porcelana, debajo, una mesa de hierro forjado que sostiene un viejo mármol que solo Dios sabe cuantas tazas habrá sostenido. A su alrededor nos reunimos unos cuantos amigos los domingos por la mañana, un bar de época que invita a charlar y hacer tertulia.

Esta mañana como ya es habitual hemos iniciado la tertulia hablando de historia antigua, concretamente sobre los pueblos prerromanos de la península ibérica, hemos hablado, como no, del antropólogo e historiador Julio Caro Baroja. No sé como ha derivado la conversación pero al cabo de una hora estabamos hablando del concepto de la belleza en el mundo actual.

Hablando de belleza y espiritualidad, sobre la separación entre espíritu y materia. Hablaba a mis amigos de cuando la belleza se convierte en una mera envoltura física, y de como el mercado utiliza nuestro deseo de belleza para vendernos una versión mezquina de lo que no puede comprarse ni venderse, y como nos protegemos de esta manipulación desvalorizando lo físico como carente de sentido o menos importante que lo afectivo, lo mental y lo espiritual. De esa forma perpetuamos la separación de espíritu y materia, nos quedamos con una espiritualidad que carece de la vitalidad y el fuego de lo físico, y hay expresiones de nuestra creatividad y nuestra sexualidad que dejan de funcionar desde las profundidades de nuestro corazón y la intención de nuestra alma.

Llevaba mucho tiempo hablando, y para no monopolizar lo que debía ser una tertulia derivé de nuevo la conversación hacia otros temas.

Conservo apretones de manos y abrazos de despedida, puedo sentirlos transcurridas muchas horas.

Y ahora querido diario sigo con mi monólogo, hay cosas que quiero dejar escritas, quizás para releerlas en otra ocasión.

La condición física es un don. Nos permite literalmente tocarnos los unos a los otros. No me interesan las teorías ni las prácticas cuya finalidad está fuera de aquí. Les decía que no deseo prepararme para ir a ningún cielo o para evolucionar hacia la falta de forma.

Quiero aprender a estar aquí plenamente dentro de este cuerpo y de este mundo, es para lo que estamos en él. Vivir en un mundo imbuido del poder de lo erótico, la sensación física, inseparable del corazón y del alma, que nos llama a vivir. Cuando vivimos eróticamente, el sentido envuelto en nuestras mismas células se desenvuelve al tocar y ser tocados. Esto es belleza. Esto me ha enseñado el bosque.

Ver la belleza no significa restringir nuestra visión y considerar dignas sólo algunas de sus manifestaciones. Ver la belleza significa ampliar nuestra capacidad de reconocer el hecho de la interconexión de todas las manifestaciones de la vida y deleitarse con los olores, sonidos, sabores y visiones que nos rodean y conspiran para llevarnos a vivir plenamente. Quiero palpar la fuerza vivificadora de la humedad del bosque y reconocer el olor del mar cuando acaricia la playa en el aroma de mi transpiración, en la sal de mis lágrimas, en la resbaladiza humedad que emana de mi piel cuando estoy amando. Quiero concentrarme en las puntas de mis dedos, en la forma y el peso de mi mano, en la sangre y los huesos y las miles de terminaciones nerviosas, mientras me llevo una manzana a la boca, dejo que la punta de la lengua resbale por la solidez redonda y lisa de la superficie fría, y siento el jugo que brota cuando mis dientes penetran en la piel y en la crujiente pulpa. Quiero saborear las semanas de lluvia y de sol, la madurez del árbol, la labor del granjero y de quienes recolectan, la jornada de los hombres y mujeres que hacen llegar los frutos del huerto a la mesa. Quiero recibir esa belleza que me recuerda que no hay separación, que cada acto vital, cuando estoy plenamente despierto, es inevitable que a la vez sea cópula y plegaria.

Viviendo plenamente la realidad, hermosa o dolorosa, me abre a la belleza que me rodea y me empuja más y más profundamente hacia mi propia vida.

Robin



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