Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo, 6 de Octubre de 2002

Querido diario.

El Otoño ha llegado...

Nuestro espíritu silencioso esta de nuevo esperando, deseando la inspiración, la chispa de comprensión que encienda nuestro corazón. Dentro de esa visión ardiente, los susurros nos llamarán, pidiendo a los que escuchamos que llevemos la llama eterna, la llama que es la iluminación del amor que llevamos dentro todas las criaturas, tribus y naciones. Una vez más pediremos una tierra común, donde la paz sea el mensaje, donde ningún niño esté solo, y donde no existan corazones rotos.



Cuando el bosque adquiere todos los matices del rojo y el amarillo es cuando escucho los susurros que llegan a través del tiempo y el espacio, las voces de los antepasados de todas las razas y credos. Otoño, una estación para la reflexión.

El placer que se obtiene en el bosque otoñal es doble, al observarlo desde fuera, las distintas tonalidades de las especies recuerdan a los cuadros de los maestros impresionistas, y dentro, la luz que se filtra es «remodelada» por los tonos cálidos que todo lo inundan crea una atmósfera de ensueño -a veces potenciada por la presencia de la familiar niebla otoñal-, y el suelo húmedo, tapizado de hojarasca, desprende un característico olor que embriaga el olfato.

Los días son ya más cortos y el aire es más fresco. Aunque todavía se puede caminar sin taparse hasta las orejas, cuando cae el sol hay que ir pensando en refugiarse. Es, naturalmente, el otoño. Hay quienes odian esta estación porque anuncia el invierno y representa la decadencia. Pero no hay razón para la tristeza, más bien tenemos motivos para la alegría. El excursionismo es entre otras cosas contemplación, son los días de octubre y primeros de noviembre los más adecuados para lanzarse al campo, a la montaña y, sobre todo, a los bosques, porque es en esos días cuando la Naturaleza aparece como una espectacular fiesta de colores inverosímiles, una verbena algo fugaz pero intensa. Por eso no hay que demorarse en salir a recrearse con ella.

Robin

Domingo, 20 de Octubre de 2002

Querido diario.

Este sábado a primera hora de la mañana fui con el enano a la estación para recoger a Jesús, Marife y Laura que llegaban de Barcelona cargados con todo su nuevo equipo de tiro con arco. Llegamos al campo de entrenamiento y encontramos al viejo José que salía del bosque con cara de no haber encontrado ni una sola seta, desde la última lluvia, el bosque ha perdido mucha humedad y las condiciones buenas hasta hace pocos días para su recolección han cambiado considerablemente.

Calentamos un poco en la zona de entrenamiento, Jesús está adaptándose muy bien a su nuevo arco de menor potencia, resulta que cuando abría su anterior arco de 50 libras con su apertura de más de 31 pulgadas le sacaba una potencia real de más de 60 libras, con razón el pobre Jesús hacía contorsionismo abriendo su arco, ahora con el nuevo arco de menos potencia le veo anclar con comodidad saboreando las sensaciones del tiro con arco. Marife, su media naranja, estrenaba un longbow Century de 30 libras que compró en Zaragoza hace una semana al cual le extraía unas 26 libras, suficiente para ella, y Laurita se manejaba a gusto con su nuevo arco recurvado de iniciación. Que importante es iniciarse en el tiro con arco con potencias adecuadas que no nos sobrepasen, ya no pelearán abriendo sus arcos ni adoptarán posturas inadecuadas que con el tiempo serían difíciles de corregir.

No habían setas en el bosque, pero si en el mercado, Jesús sacó una bolsa con un kilo de setas de la mochila y Oscar el responsable del restaurante las limpió y cocinó para acompañar unas buenas butifarras, es importante un buen almuerzo antes de una mañana de recorrido por el bosque.

Con el depósito alimenticio debidamente repostado nos dirigimos hacía la zona alta del bosque donde José había colocado unas diez dianas 3d para entrenar.

A medio recorrido nos encontramos con un árbol medio derribado por el viento que obstaculizaba considerablemente el disparo sobre la diana, me apoyé en él con los brazos elevados para derribarlo hacia el lado contrario y a los pocos segundos sentí un crujido y un pinchazo en el codo, el tendón o el músculo se quejó del esfuerzo y la mala posición, después del aviso Jesús me ayudó y conseguimos corregir la caída del viejo árbol, la zona de tiro quedó en condiciones para disparar y mi codo quedó... para hacer reposo, que ya no tengo 18 años "caguentó".

Después de largo tiempo haciendo recorridos 2d, disfruté como un cosaco disparando sobre dianas volumétricas, tanto, que ya estoy esperando impaciente el próximo fin de semana para sentir de nuevo ese inconfundible "TOC" de la flecha al impactar en la diana.

Robin



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