Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo 3 de Octubre de 2010

Querido diario.

Amarillos en el bosque...



(Escuchando: "Fields of Gold (Eva Cassidy)")

Una vez más cruje la hojarasca bajo mis pies, de nuevo me encuentro con el arco en la mano rodeado de un verde húmedo y sensual, esta mañana voy en busca de dos amarillos, el amarillo de las dianas de campo y el amarillo de mis setas preferidas.

Cuando me sumerjo en el bosque siento que el amanecer queda a mi espalda, las venas y las arterias de Pandora están tocadas por el silencio de la luz, y su pátina me recuerda al vaho que se adhiere al cristal. Me deslizo ahora por una pendiente en busca de una diana de campo del recorrido, abandono el sendero para que el bosque se me descubra y yo encuentre a los otros amarillos... mis setas preferidas, los "rossinyols" (rebozuelos). La luz vive en esta zona del bosque matizada por millares de hojas, entra en forma de haces, como cortinas de lluvia.



Primer Amarillo


Antes de soltar mi primera flecha mi vista se clava en una zona en penumbra, un destello amarillo me guía hasta mi primera seta de la mañana, es hermosa, de un amarillo muy intenso y de olor intenso, con cuidado la deposito en una pequeña cesta. Localizo el sendero del recorrido y alcanzo la primera de mis dianas, su amarillo me cautiva bajo el manto de los árboles, la zona es poco luminosa pero el amarillo sobre el negro de la diana me está pidiendo a gritos un par de flechas, que hermoso es tirar con arco en semejante escenario.



Segundo Amarillo


Al cabo de una hora tengo la sensación de que mi tamaño se ha alterado, cada árbol soy yo muchas veces, cada rama muchas veces mi brazo, la corteza de un árbol es mi piel repetida muchas veces. Paseo por la casa de un gigante, mientras el señor del bosque está ausente, hablo e interpreto sus huellas.



Las plantas aquí no tienen nombre y dicen cómo se llaman con la forma de sus hojas, de sus troncos y ramas, con un aroma, con un tacto que adivino sin tocar y luego confirmo al apartar una rama con la mano.

No sé si los árboles hablan del bosque o si es el bosque el que habla de los árboles. Tampoco sé en qué espacio se contiene lo que siento. Sólo sé que el coro es una multitud de voces que hablan de mí.

Escucho ahora unos susurros diminutos, son mis flechas que pugnan por volar. A lo lejos diviso una nueva diana en un entorno maravilloso.



En esta zona la humedad me envuelve y los olores me embriagan, el tacto de las plumas de la flecha en mis dedos me anticipa una suelta elegante, suelta que culminará con un impacto en la diana cuyo sonido se propagará por toda la inmensidad que me rodea, no existe una sola palabra que defina todo cuanto siento esta mañana, solo un ejército de ellas pueden haceros una idea.



Fascinado por el bosque en eclosión, aminoro mis pasos, frente a mis pies una explosión amarilla está pugnando enredada en musgo y hojas, un hermoso ejemplar embiste con una fuerza lenta e imparable contra la gruesa piel del bosque, agachado observo semejante batalla, mis dedos se deslizan suavemente entre la hojarasca y el musgo para extraer otro hermoso ejemplar que me regresará al bosque cuando se derrita en mi paladar al mediodía, intuyo una buena recolección esta mañana, recolección amenizada por impactos en otra suerte de amarillos dispuestos en la profundidad del bosque.

Si, amigos lectores, es temporada de setas, es otoño, pronto crujirán las castañas en las hogueras, y los mil colores que van del amarillo al rojo teñirán este enorme tapiz que es el bosque en Octubre.

Robin

Lunes 18 de Octubre de 2010

Querido diario.

Lápices de colores...



(Escuchando: "When You Wish Upon a Star (Cliff Edwards)")

Desde muy niño me ha fascinado el dibujo, la pintura, la escultura, las artes plásticas en definitiva. Cualquier medio para navegar el arco iris multicolor y la magia de dar forma a cualquier objeto ha captado siempre mi atención. El dibujo me atrapó el primero, harto de hacer garabatos con mis viejos lápices escolares le pedí de jovencito a un pintor que me diera clases de dibujo... el mundo fue distinto a partir de ese día. Recuerdo con una sonrisa la primera vez que entré en su estudio, mi corazón bateaba fuertemente mientras toda una serie de pinturas y esculturas danzaban a mi alrededor, fue impactante para un crío de mi edad, pero lo que me subyugó totalmente fue el taller en sí mismo, los lápices de colores, a cientos en multitud de botes, los tubos de pintura, las paletas, las gomas, los lienzos, incluso los trapos pringados de un sinfín de manchas multicolores de pintura.

Después de mi primera toma de contacto empezó el aprendizaje, primero a entrenar la mano haciendo palos rectos, inclinados, circunferencias a mano alzada y por supuesto... cientos de cenefas, degradados etc. etc. hasta que me enfrenté con mi primer dibujo a lápiz de un objeto al natural, cilindros, cubos, esferas, y finalmente una forma más interesante, tocó dibujar una mano de yeso, toda una nueva aventura para un aprendiz artista. Cada sesión de clase era un viaje de exploración a un mundo solo intuido, no conocido, algo parecido a cuando tuve mi primer arco en la mano, no sabía nada de arcos y flechas, solo sabía que el resto de mi vida sería arquero.

Pasaron los años y dibujé, modelé, pinté maquetas, figuras, y arremetí con todo cuanto se le podía dar color y forma. Sucedieron grandes pausas, generalmente ocasionadas por alguna otra fascinación, en mi vida han habido muchas, a saber... aprendiz de arqueólogo, de investigador de fenómenos paranormales (me divertí mucho en esa etapa) también de naturalista fruto de la fascinación que me producía Felix Rodriguez de la Fuente, leí mucho sobre etología (comportamiento animal) Konrad Lorenz fue una de mis primeras lecturas, y contacté con Gerard Durrell de quien aprendí y reí mucho con sus libros, también me dio por la numismática de la antigüedad, y no sigo porque me extendería mucho, en definitiva mi vida ha sido la de un aprendiz de todo, y maestro... solo de vivir con intensidad esos momentos.

Pero volvamos a los lápices de colores, un estuche de 24 colores asequibles eran un tesoro para mí, ahora, después de unos buenos años soy dueño de una caja de los mejores lápices de colores de la prestigiosa marca Caran D'Ache, tres bandejas con 120 lápices en una lujosa caja de maderas nobles, un tesoro en mayúsculas para un amante del dibujo.




Ya no somos niños, es evidente, pero hemos de conservar nuestra mirada nítida, como cuando éramos niños, hay que ilusionarse como un niño, sea dibujando, tirando con arco o acometiendo algo que nos seduzca hasta el alma. Os transcribo unas hermosas palabras de una buena amiga sobre los lápices de colores, no tiene desperdicio...

"Cajas de colores, sueños de la infancia, abrir las maravillosas cajas de madera o esas enormes latas de varias bandejas, coger un lápiz de color, olerlo, sentir esa madera recién talada, afilar su punta y rasgar con suavidad el papel buscando que los trazos no se noten.... que recuerdos me evocan. Colores fantásticos. Hermosos colores los que pintábamos cuando niños, nadie nos decía de qué color tenía que ser el sol, la luna o el mar. La caja de pinturas era un océano inexplorado hasta que rasgando las hojas plasmábamos un dibujo de lo conocido o de lo desconocido. La infancia nos dio libertad para pintar del color que nuestra alma veía el mundo. La vida transcurre, los años pasan, las alegrías pintan la vida, la tristeza y las lágrimas borran los colores y por momentos.... la vida es solamente gris. Pero cuando nuestra alma rasga las nubes y vuelve a sonreír, cuando nuestra alma sale de paseo o va al patio a jugar de nuevo... todo recupera su color, el cielo es celeste, el sol es dorado, la hierba es verde y las flores multicolores. Porque las almas pintan el mundo como solo lo ve un niño, puro, limpio, simple y hermoso."

Como un niño, rodeado de potecitos de pintura, lápices de colores, gomas, blocs, sacapuntas, y miles de cosas para darles color, forma, vida, como vida da un arquero a la flecha haciéndola volar.

Y ahora sufridos lectores, cuelgo unos pocos dibujos de hace unos 35 años, sí... de cuando aún tenía flequillo, todos ellos con lápices de colores:






Hasta pronto amigos.

Robin



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