Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo 6 de Octubre de 2013

Querido diario.

Flechas en el bosque...



(Escuchando: "6th Symphony 'Pastoral' (Ludwig van Beethoven)")

El bosque lo amalgama todo, arcos, flechas, olores, sonidos, sensaciones, sentimientos... la vida en sus múltiples manifestaciones, y en medio de todo ello, un aprendiz de hombre... Robin.

Pero antes de aflojar la brida que retiene mis dedos sobre el teclado, os cuelgo un video para que entréis en materia, después le seguirá otro para saborear el vuelo siempre delicioso de las flechas...

Vayamos pues con el primer video, mi llegada al club para resolver unas cuantas dianas 3D...



Y seguidamente va el segundo, lo acompañan unos comentarios de fondo con una suave melodía, como suave es el vuelo ralentizado de las flechas en el video, sigue su vuelo, vuela con ellas...



Y ahora sí, cierro los ojos para regresar al bosque al tiempo que relajo mis dedos para que inicien la danza de las palabras...

Bajo de mi cuatro ruedas, visualizo el bosque a través de los primeros árboles, parece como si despertara pero hay actividad, siempre la hay. Cuelgo mi carcaj repleto de flechas a mi espalda, cuando lo llevo puesto una sensación de calma se apodera de mí, a partir de ese instante todo transcurre a otra velocidad. Me introduzco en el bosque por un mullido sendero hasta alcanzar la primera diana, extraigo mi primera flecha mientras la humedad me envuelve, con ella una multitud de fragancias invaden mis fosas nasales a lo que mi cerebro responde con dios sabe que sustancias que me ponen a doscientos, percibo ese húmedo y sensual abrazo del bosque, soy como todo cuanto me rodea una pieza más de ese fabuloso engranaje que es la naturaleza.

El clic al insertar la flecha en la cuerda se expande entre los árboles, se produce un ligero silencio y entonces clavo mi vista en una diana, tenso ligeramente la cuerda para sentirla en mis dedos para inmediatamente destensarla, afianzo mis pies como si estuviera anclado en el bosque como un árbol más sin perder de vista mi objetivo, tomo una bocanada de aire fresco y elevo mi arco al mismo tiempo que lo tenso hasta quedar en posición de disparo, algo en mi interior dirige los movimientos, el arco se eleva un poco más hasta que mis dedos pierden la vida para entregársela a la cuerda y esta a la flecha que parte como un rayo entre los árboles, mi vista sigue fijada en un punto determinado de la diana al cual en unos segundos llega una estela blanca... la flecha, se produce un fuerte impacto que resuena en la bóveda del bosque, ese es el instante en el que vacío mis pulmones y bajo el arco, mi vista sigue amarrada a las plumas de la flecha hasta que un resorte oculto me pone en marcha para recuperar a mi araña voladora.

Mientras escribo estas líneas una intensa lluvia cae con fuerza, el descenso de temperatura hace que mi cuerpo se estremezca pero sigo mentalmente en el bosque... mi corazón redobla y mi arco espera paciente una nueva ocasión para vibrar con sus flechas.

Inicio un suave descenso, me acompañan innumerables cantos de pájaros del bosque que delimitan su territorio, fruto de las recientes lluvias el musgo ha cubierto troncos y algunas piedras del camino, el bosque otoñal es ya una realidad. Sigo descendiendo hasta que diviso una diana a lo lejos, me detengo a bastante distancia, calculo que unos 50 metros, ha llegado el momento de poner a prueba a ese loco que vive en nuestro interior que no sabe hacer otra cosa que disparar flechas, se produce un silencio, ya no escucho el canto de los pájaros, solo el vuelo bajo de un mirlo que me ha esquivado sorprendido por mi presencia. Mi objetivo es ahora una diana de campo, es un disparo que requiere concentración y mucha tranquilidad así que aspiro aire y elevo mi arco hasta que la mano descansa en contacto con mi cara, no hay que pensar y hay que permitir que el tiro sea algo fluido sin interferencias mentales, mis ojos se clavan en el centro de la diana mientras mi arco se eleva un poco más hasta un instante en el cual todo se produce de forma automática, de nuevo los dedos mueren para entregar su vida a la cuerda la cual entregará la energía generada por las palas a la flecha que renace iniciando su vuelo, en pleno vuelo mi vista sigue la estela de las plumas blancas, observo como no deriva a ningún lado iniciando su descenso desde el cielo hasta su objetivo, el impacto de la flecha resuena en el bosque, un sonido que me retroalimenta, he alcanzado el centro pero un poco por debajo del diez, es un buen disparo, y lo es no por su puntuación sino por todo lo que el disparo me devuelve.

Cuando voy a recoger mi flecha puedo ver las primeras setas, si sigue lloviendo puede que este año sea un buen año para recolectarlas. Abandono la diana y tomo un camino que me llevará hacia una volumétrica, no estoy siguiendo el recorrido, voy en busca de las dianas que más me gustan, me aburre repetir un recorrido una y otra vez, tampoco disparo desde la misma distancia, unos tiros desde la piqueta azul, otros desde la roja y otros desde la amarilla para acabar disparando desde el interior del bosque con una infinidad de ramas como obstáculos, es una forma de ir al encuentro de las dianas que me gusta mucho.

Y siguen volando mis flechas, como siguen volando mis pensamientos mientras me desplazo de una diana a otra, además de un buen deporte es una terapia perfecta para equilibrar mi mente, durante la semana el estrés del trabajo y las obligaciones me descompone ese equilibrio que afortunadamente el bosque y el tiro con arco me restablece, ¿se puede pedir más?

Sigue lloviendo, es un placer escribir con el repiqueteo de la lluvia en mi ventana, adoro el otoño.

Y finalizo con un video sobre mi club de tiro, es un video dedicado a sus arqueros y su escuela de jóvenes aprendices de arquero...



Hasta pronto, disfrutad del bosque, en otoño los árboles se visten de cálidos colores, disfrutarlo es gratis y retroalimenta.

Robin

Domingo 20 de Octubre de 2013

Querido diario.

Marina...



(Escuchando: "Mystic Forest (Tzvi Erez)")

Hay días especiales, y ayer sábado fue uno de ellos. Os hablaré de esa mañana y de la que fue mi compañera de tiro en el bosque... Marina, pero antes y a modo de presentación visionad el siguiente video...



Hace un tiempo que nos conocemos, Jordi Lorenz me la presentó hace unos meses. Nuestra joven arquera tiraba en sala y evidentemente inducida por Jordi quiso experimentar el tiro con arco en el bosque. Su arco es un longbow Falco de potencia moderada, quizá el hándicap de nuestra arquera es la condición física de su cuadro superior, pero bien aconsejada adquirió un arco a su medida que le está dando un excelente resultado, un arco muy parecido al de Emma o al de Margarita, si... la de los buhitos.

El primer día que acompañé a Marina en el bosque junto a Emma, Jordi y Xavier, creo que fue en Enero de este año, recuerdo que quedé fascinado por todo cuanto se ocultaba detrás de su aparente fragilidad y timidez, Marina se ocultaba detrás de Marina, pero uno es un viejo zorro y sabe ver a través de las personas, ese día quedé gratamente sorprendido por la dulzura de su suelta, un tipo de suelta factible con arcos de potencias que no sobrepasen al arquero, su estilo es parecido al de Xavier, encara con la flecha sin tensar, abre e inmediatamente suelta sin que se aprecie mucho retroceso de su mano, en algunas ocasiones la cuerda escapa por relajación y en otras pocas por una intención de abrir, algo que con el tiempo irá puliendo.



Enero 2013 con Emma y Marina



Enero 2013 con Emma, Marina, Jordi y Xavier


Han pasado los meses y por fin hemos coincidido de nuevo en el club, Jordi estaba ayer con su pequeño en el campo de entrenamiento por lo que al final nos fuimos Marina y Yo al bosque más húmedo, el de las dianas 2D y de campo. Ayer volaron flechas, flechas que abrieron un espacio entre arqueros, un espacio por el cual las palabras nos acercaron lo suficiente para conocernos un poco mejor.

Como tenía un poco dolorido el hombro a consecuencia de disparar un arco horrendo y excesivamente potente que me pidieron que probara, moderé mis disparos, quise preservarme para este próximo jueves que nos visitará Uwe procedente de Alemania. Así que no volaron muchas flechas pero si las suficientes para aderezar una mañana deliciosa.

Marina, entrañable arquera, detrás de su aparente fragilidad atisbo en ella una fortaleza poco usual, lo primero que me llama la atención es su inteligencia, es increíble con qué facilidad entiende y capta todo cuanto le transmites, conversando con ella conecté muy bien, sus ojos poderosos te atrapan sin otra pretensión que la de anclar bien su entendimiento a aquello que le quieres transmitir, no siempre sucede con todos. Hablamos, bueno... en realidad la atropellé con algunos de mis pensamientos, tratamos el interesante tema de la dualidad del arquero, del arquero interior y del yo consciente que suele desbaratar su trabajo, hice algún paralelismo con otras actividades en las que se produce este fenómeno, cuantas cosas hacemos sin pensarlas, es más... las hacemos pensando en otras cosas, como el conducir, pero... ¿quién es realmente el que conduce? lo hacemos inconscientemente, de la misma forma el arquero instintivo debe disparar sus flechas. También conversamos sobre el propósito del tiro, y de qué es o no trascendental e importante cuando uno es arquero, también hablamos de relativizar el "éxito" y no vivir subyugado a él, y como no, hablamos en varias ocasiones de esos buenos amigos que ambos compartimos, a quienes queremos a rabiar.

Observé a Marina con mucha atención mientras disparaba sus flechas, su expresión cuando fallaba el tiro denotaba cierto grado de auto exigencia, inmediatamente le surgen preguntas, ¿porque ha sucedido tal cosa? Marina necesita respuestas, algunas se las puedo anticipar yo o Jordi que es quien la educa como arquera, pero Marina debe aprender, y lo está haciendo encontrando ella misma las respuestas. De la misma forma que necesita entender porque sucede algo en la ejecución de un disparo, en el ámbito del sentir se centra más en percibirlo, entiende que no es tan importante entender como experimentar esos estímulos que puede darle el bosque navegando en esa paz que la naturaleza nos obsequia, entiende perfectamente que para disfrutarlo hay que sintonizar, ah!! Marina... que potencial escondes en esa frágil y aparente tímida imagen.



Al igual que el primer día que compartimos el vuelo de nuestras flechas, ayer por la mañana pude disfrutar con más intensidad su acción de tiro, me importaba un bledo que la flecha se clavara en el centro de la diana o no, sus disparos me siguen abduciéndo, su suelta es dulce, casi inapreciable y la salida de la flecha tanto puede sorprenderle a ella como al que la está observando, y su cara, sus expresiones, lo dicen todo, y dicen mucho, porque mucho se cuece en esa cabecita, impagable e interesante aprendiz de arquera.

Esta noche de domingo, antes de ponerme a escribir estas líneas, he recibido un mensaje de Marina en el móvil (celular) comentándome que en la tirada del castillo de Montjuïc de esta mañana ha disfrutado mucho, que ha disparado tranquila y convencida, y que ha sido así por nuestra mañana de flechas y pensamientos en el bosque, algo que me ha alegrado muchísimo.



Querida amiga, hay mucho por salir, pero debes permitirte tiempo, no te castigues cuando las flechas no te obedezcan, en realidad lo hacen siempre, ellas hacen exactamente lo que les transmites, así que con calma y con un análisis desapasionado ve puliendo tu tiro con arco, tienes buenos amigos arqueros que te asistirán cuando te encalles, pero sobre todo, y no me cansaré de repetirlo, disfruta del tiro con arco, y aprovecha para reconocerte y conocerte según vayas avanzando, la mejor flecha que un arquero puede disparar es aquella que alcanza el centro de sí mismo.

Hasta pronto amigos.

Robin



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