Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado 29 de Octubre de 2016

Querido diario.

No es el arco, no es la flecha, es el arquero…



(Escuchando: "I'd Come For You (Nickelback)")


Solemos atribuir en muchas ocasiones la culpa de un mal disparo al material que utilizamos. Lo primero que hacen algunos arqueros después de enviar sus flechas al mar de las intenciones es mirar su arco, cuando en realidad lo que deberían hacer es mirarse a sí mismos.

Es correcto intentar ajustar el material, elegir una flecha adecuada a la potencia, conseguir que esa nueva flecha nos vuele bien, pero acertar más o menos ya no es responsabilidad de la flecha, el arco o cualquier otro elemento, es absolutamente responsabilidad del arquero.

Si escribiéramos un libro con todas las excusas de un arquero después de un mal disparo o una jornada de tiro poco satisfactoria, podríamos llenar páginas y páginas, y aunque algunas veces puedan resultar hasta graciosas, no son sino una evasión del motivo real del desacierto.

La flecha no es un vástago de madera, ni un tubo de aluminio o carbono, la flecha es realmente una proyección de uno mismo, de nuestra inseguridad o de nuestra confianza. Tened en cuenta esto antes de cambiar por enésima vez de material.

Es necesario mucho tiempo para adaptarse al nuevo material, sea un nuevo arco o un nuevo tipo de flecha, pero después de un período de adaptación el arquero interior acaba por registrar en su memoria toda esa práctica, miles de disparos repetidos a distintas distancias quedan sin que nos demos cuenta registrados en esa memoria interna, el arquero instintivo utiliza sin pensamiento alguno ese material, en definitiva no decidimos como hacer, lo hace el arquero interior, nuestra intuición.

Cuando a pesar del tiempo los errores son frecuentes deberíamos empezar a observarnos a nosotros mismos, posiblemente nuestro yo o ego consciente esté interfiriendo en la efectiva labor de nuestro yo interior, por lo que al final no suele ser la flecha ni el arco el causante, la mayoría de veces es el arquero.

Permitid a vuestro arquero interior que haga lo que sabe, puede llegar a sorprenderos, confiad en él, que es en definitiva confiar en vosotros mismos, la fe mueve montañas, creer que no puedes es la antesala del fracaso.

Hasta pronto amigos.




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