Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado, 2 de Noviembre de 2002

Querido diario.

Esta mañana al llegar al club he sido recibido por el viejo José que emergía del bosque con un amigo y la hija de este cargados con unas bolsas repletas de castañas, es la temporada de su recolección. Hechas las presentaciones nos hemos equipado convenientemente iniciando un placentero paseo por el más otoñal de los bosques. Nos acompañaba Nuria y su padre el amigo de José, Nuria es una pequeña de nueve años con una cualidad especial, multiplica por cinco cualquier atención que recibe devolviéndola con generosidad. A ella le iba a dedicar esta dulce mañana de otoño.

Caminábamos por el bosque, José y su amigo recolectaban algunas castañas y algunas de las escasas setas que aparecían en el linde del camino, yo me encontraba adelantado unos buenos metros de los recolectores con una diminuta mano aferrada a la mía, Nuria y el aprendiz de arquero parecía que habían congeniado bien. Le mostraba a la pequeña una multitud de señales que hay en el bosque, desde sus nueve años surgían respuestas para todo y yo me reía con sus geniales comentarios, me alucinaba ver como absorbía toda la información que nos llegaba fueran sonidos, olores o colores.

Alcanzamos un claro para descansar unos minutos esperando a los recolectores, sentado en el mullido suelo empecé a desmenuzar un terrón de tierra con mis manos, reconociendo en ella mi humanidad... sentía el impulso creador. Mientras mi espíritu planeaba como el halcón que vuela en espiral, le decía a Nuria... puedes tocar el calor del Sol, para que tu corazón no se enfríe nunca, ella elevaba su cabecita al cielo permitiendo a los rayos de sol acariciar sus mechones de pelo que ondeaban al viento.

Cuando llegaron los recolectores, José y yo iniciamos un pequeño recorrido de tiro siguiendo el circuito 2D, Nuria no se apartaba de mi lado, me observaba atentamente cuando tensaba el arco, notaba como sus ojitos se clavaban entre las plumas y mis mejillas como queriendo sentir la sensación del tiro, cuando soltaba la cuerda y expulsaba el aire retenido en mis pulmones, ella hacía exactamente lo mismo, con esa espontánea capacidad de imitar de los pequeños.

AL finalizar el recorrido le prometí a su padre que para otra ocasión le conseguiría a Nuria un pequeño arco de iniciación, aunque es muy pequeña... intuyo a una arquera inmensa en su interior, capaz de sentir con entusiasmo las sensaciones del tiro con arco.

Por la noche, en la profunda oscuridad, toco con mi corazón una cúpula llena de estrellas, el cielo nocturno se me abre, la creación fluye por mi cuerpo mientras la luz centelleante de las estrellas baila. Animando al hombre del interior, mis sentidos gritan con viveza. En ese instante los preciosos momentos persisten, el calor del día permanece con los viejos amigos y el corazón de la pequeña que ha compartido esta mañana conmigo. El valor de los recuerdos es una reserva de riqueza, una sonrisa y una pequeña mano presa en la mía es un fuego que alimentará esta noche mi alma.

Robin

Domingo, 10 de Noviembre de 2002

Querido diario.

Hoy me han contado esta vieja historia:

Un hombre, su caballo y su perro, caminaban por una calle. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que él, su caballo y su perro habían muerto en un accidente. A veces los muertos necesitan un poco de tiempo para darse cuenta de su nueva condición.

La caminata era muy larga, montaña arriba, el sol era fuerte y ellos estaban sudados y con mucha sed. Necesitaban desesperadamente agua. En una curva del camino, vieron una puerta magnífica, toda de mármol, que conducía a una plaza con el suelo de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde salía agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que en una caseta, vigilaba la entrada.

- Buen día, le dijo - Buen día, respondió el hombre.
- ¿Que lugar es este, tan hermoso? Él preguntó.
- Es el cielo, fue la respuesta.
- Que suerte que nosotros hemos llegado al cielo, tenemos mucha sed, dijo el hombre.
- El señor puede entrar y beber agua a su voluntad, dijo el guardia, indicándole la fuente.
- Mi caballo y mi cachorro también tienen sed
- Lo lamento mucho, dijo el guardia. Aquí no se permite la entrada de animales.

El hombre se quedó muy desilusionado porque su sed era enorme, pero el no bebería dejando a sus amigos con sed. Así que prosiguió su camino. Después de mucho caminar montaña arriba, con sed y cansancio multiplicados, llegaron a un lugar cuya entrada era una puerta vieja semi abierta. La puerta se abrió mostrando un camino de tierra con árboles en los dos lados que le hacían sombra. A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba acostado, cabeza cubierta con un sombrero, parecía que estaba dormido.

- Buen día, dijo el caminante.
- Buen día, dijo el hombre.
- Tenemos mucha sed, yo, mi caballo y mi cachorro.
- Hay una fuente en aquellas piedras, dijo el hombre, indicando un lugar. Pueden beber a su voluntad.

EL hombre, el caballo y el cachorro fueron hasta la fuente y saciaron la sed.

- Muchas gracias, él dijo al salir.
- Vuelvan cuando quieran, respondió el hombre.
- A propósito, dijo el caminante, ¿cual es el nombre este lugar?
- Cielo, respondió el hombre.
- Cielo? Pero el hombre en la caseta al lado de la puerta de mármol dijo que allí era el cielo!
- Aquello no es el cielo, aquello es el infierno.

El caminante se quedó perplejo.

- Pero entonces, dijo él, esa información falsa debe causar grandes confusiones.
- De ninguna forma, respondió el hombre. La verdad es que ellos nos hacen un gran favor. Porque allí se quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos...

Con mis mejores deseos.

Robin

Viernes, 29 de Noviembre de 2002

Querido diario.

Mañana posiblemente será uno de los últimos días de recolección de setas, la temporada está llegando a su fin. Este pasado domingo me reuní con José en el club, la lluvia hizo acto de presencia y no nos abandonó durante toda la mañana, a primera hora cobijados en el restaurante del club observábamos como caía la lluvia y el cielo se oscurecía, repentinamente... una mirada de complicidad me conectó al viejo José y sin mediar palabra salimos al bosque ante el estupor de más de uno que nos gritaba desde su seca seguridad "¡os vais a empapar!" nosotros... ni puñetero caso... ¡al bosque!.

Fue introducirnos a través de la primera columna de árboles y la lluvia pareció ralentizar su caída, los árboles nos guarecían. En el interior de la espesura descendió notablemente la luz, nuestra vista quedó relegada a un segundo plano, el resto de los sentidos se intensificaron y nuestro paso disminuyó considerablemente lo que contribuyó a una percepción del entorno distinta.

Escuchábamos el sonido de las gotas de agua estallando en pequeños charcos, cientos de señales audibles que nos indicaban que no estábamos solos aunque no viéramos a ningún habitante del bosque. Y yo me preguntaba... ¿donde esta la belleza? ¿que es realmente la belleza? porque lo que para muchos era un día horrible, era maravillosamente hermoso para un par de atrevidos arqueros buscadores de setas.

Al mediodía regresé a casa empapado, impregnado de barro y de bosque, doliéndome del codo izquierdo que había recibido un soberano tortazo cuando perdí un pie y caí por un barranco, el jodido barro es traicionero, pues bien, ni la cara de reprimenda que puso Montse al verme llegar hecho un desastre alteró la enorme paz que reinaba en mi interior. Afortunadamente el codo centró su atención, cuando ella me aplicaba no se cuantos potingues en la zona dolorida, libre ya del amasijo de ropa y barro, le contaba como había transcurrido la mañana, ella me miraba... como quien mira al más loco del sanatorio.

Hoy viernes noche toca sesión de bricolaje arquero, hay que reparar flechas y dejar todo el equipo en condiciones, mañana un pelotón de dianas 3D estarán esperándome a primerísima hora de la mañana, y como no, el viejo José al que nunca se le pegan las sabanas cuando se trata de calzar sus botas y dar vida a su arco.

Robin



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