Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado, 1 de Noviembre de 2003

Querido diario.

Esta mañana he recogido el primer cesto de setas de la temporada en el bosque del club de tiro, el mes de Octubre ha sido un verdadero desastre, parece que aunque relativamente corta... la temporada de setas aún puede dar sus frutos.

Como siempre sucede en esta época del año... después de disparar unas flechas a un par de dianas, he sentido la llamada mágica de las setas, por lo que he abandonado la patrulla de arqueros introduciéndome en lo más denso del bosque para recolectarlas. Como buen aprendiz de druida he recogido frutos del bosque, algunos madroños, unas cuantas castañas y cuatro variedades de setas, he disfrutado de las caricias (arañazos) de una vegetación recelosa que me separaba de los preciados hongos, a los pocos minutos me dirigía hacia una zona de pinos y supuestos robellones, y cuando menos lo esperaba un "tic tic" conocido ha resonado en mi corazón, dos pasos más y ante mi, el Ignacio más guapo que un aprendiz de druida podía contemplar esta mañana (Ignacio, es el nombre que le doy siempre al pájaro más intrépido y audaz que habita en el bosque, el petirrojo) como buen Ignacio que era no se ha separado de mi hasta que he abandonado su territorio, y es que los Ignacios... son muy suyos.

Mañana por la mañana de nuevo hacia el TEM, pero en esta ocasión sustituyendo la cesta por el arco y la flechas, he quedado con José a primera hora, recibiremos visita de Jordi que vendrá cargado con unos platos de foam para practicar tiro intuitivo al vuelo, prometo crónica por la tarde.

Robin

Domingo, 2 de Noviembre de 2003

Querido diario.

8:00 AM montado en el cuatro ruedas rumbo hacia mi club de tiro, rumbo hacia mis amigos, rumbo hacia nuevos desafíos. Cruzo la verja del club, apenas un par de vehículos, soy de los primeros, escucho el despertar del bosque e intuyo una mañana distinta.

José me espera en el campo de entrenamiento, nos damos los buenos días y le ayudo a reparar las luces posteriores de su cuatro ruedas que estaban llenas de agua debido a las últimas lluvias y a los muchos años y orificios que tiene el vehículo. Nos equipamos y nos introducimos en el bosque para hacer las primeras tres dianas 3D que hay antes de alcanzar el restaurante donde nos desayunamos. Seguimos el recorrido 3D y a unas cuatro dianas del final tomo un atajo para ir hacia el campo de entrenamiento, Jordi y Mª José estan aparcando su vehículo.

Nos saludamos, percibo.. siento.. el afecto fluir en la mirada de Jordi, siento el mismo afecto al contactar mi mejilla con la de Mª José, siento esos segundos de más añadidos a un abrazo.

Empieza la función... Jordi me muestra un arco-tubo hecho con desechos encontrados en la calle, hasta veinte metros funciona como funciona nuestro sentido del humor.

El arco tubo de Jordi, un invento para crios que no vale un euro

Llega José al campo de entrenamiento, saludos, pruebas de arcos, y un poco de calentamiento.

Jordi deja su Capra a JoséJosé disparando con el Capra

Nos despedimos de José

José tiene que abandonarnos, debe acompañar a un chaval que quiere hacer su primer recorrido de bosque, le dará los primeros consejos y advertencias de seguridad. Le despedimos y nos ponemos manos a la obra para nuestro "pequeño" desafío.

Aparece Jordi con una bolsa enorme de la que empiezan a salir círculos grandes de foam, otros pequeños, unos cuantos cuadrados más pesados, una pequeña pelota, y así hasta una docena de objetos para lanzarlos al aire desde la parte posterior del estramit de un soporte de dianas 2D, el desafío consistirá en cazarlos al vuelo.

Peparandome para dispararCon el arco preparado, asoma un plato lanzado por Jordi

¿Cuando suelto?La flecha ya ha partido...

Hacemos los primeros lanzamientos, yo disparo primero, después lo hace Jordi, no cazamos ni una diana volante, noto el cansancio al tirar 20 flechas seguidas, las 50 libras de mi Blackwidow pasan factura a quien no esta acostumbrado a esta cadencia de tiro, un breve descanso y a repetir, estoy haciendo algo mal y empiezo a intuir donde esta el error. Acostumbrado a presentar la flecha ante la diana espero en exceso la caída de los platillos volantes, hay que anticiparse, estudiar la caída y calcular intuitivamente cuanto he de anticiparme en la suelta. Inicio una nueva serie, no me doy cuenta y las dos primeras flechas cruzan el aire atravesando el mar de las intenciones, los platos en el suelo intactos. Abro de nuevo el arco y doy la orden para el lanzamiento del disco, pelota o cuadrado, lo veo ascender... se detiene en el aire.. inicia el descenso, dos palmos por debajo del plato lanzo la flecha... "TOC" le he dado, y lo que es mejor... lo he entendido, le digo a Jordi y a Mª José... ¡ya lo he pillado! lanza otro... "TOC" y otro "TOC", descanso...

Inicio otra serie... dos "TOCS" más... para seguir un.. "fiuuuu" y a esparragar... ¿que sucede?... sucede que el cansancio me esta ganando la partida, son series de flechas disparadas seguidas una detrás de otra, es el momento de descansar y hacer de lanzador de platos.

Soy un buen lanzador de platillos volantes...

Le toca disparar a Jordi, Mª José también se apunta, me coloco detrás del estramit y preparo los platillos volantes. Jordi inicia sus disparos y se siguen escuchando unos "TOCS" deliciosos, ¡lo hemos pillado!... aunque somos conscientes que variando el peso de los objetos lanzados o variando la distancia de tiro... la anticipación de la suelta deberá ser distinta.

Jordi a la caza del platillo volante...Relajación...

Maria José tensando su arco...

Maria José soltando su flecha al OVNI cuadrado que veis volar...

Como no podía faltar en esta mini crónica, las fotos de los trofeos antes de enrollarme en la reflexión final.

Mis platos abatidosLos caidos por las flechas de Jordi

Concluida la prueba, algunas conclusiones... cazar al vuelo con arco y flechas no es ninguna tontería y requiere un entrenamiento específico para ello, el instinto sirve de un carajo para darle a un disco que nos aparece en el aire... le daremos en base a nuestra memoria de disparos y a una gran dosis de práctica. Es bueno meterse en nuevas situaciones de tiro ante las que nos encontremos desnudos... probando... corrigiendo... resolviendo en definitiva.

Jordi me preguntaba antes de partir si me había gustado dispararle a los platos... hoy he disfrutado como en tantas otras ocasiones en las que Jordi me ha planteado algo distinto, en esta ocasión saber el instante preciso en el que debe uno soltar la cuerda, hoy no apuntábamos.. hoy soltábamos cuando debía hacerse, no es lo mismo.

Entrada la noche, escribiendo estas líneas, guardo buenas sensaciones, cierro los ojos sintiendo la caricia de una mirada, el contacto vibrante de una mejilla, la anticipación de unos platos a mis flechas, la anticipación de mis sueltas abatiéndolos.

Hoy ha sido un día de los de repetir.

Robin

Sábado, 8 de Noviembre de 2003

Querido diario.

Perdido en el bosque...

A primera hora, cuando el día despunta me encuentro en el bosque del club recolectando un cesto de "Carlets" unas características setas con el gorro morado y algunas trompetillas de la muerte, pocas... por lo visto durante la semana ha pasado el séptimo de caballería por el bosque. Nos encontramos en el campo de entrenamiento con José que ha encontrado unos robellones excelentes, me indica la zona alta de pinos donde los ha encontrado, nos desayunamos en el bar y planeo mi expedición en busca del robellón perdido.

Por esta razón esta mañana he dado descanso a mi arco, esta mañana "San Robellón" tiene que iluminar mi búsqueda... iluso de mi.

Sólo, armado con mi cesta y un cuchillo asciendo hacia una zona de pinos sobre el club de tiro, todo parece labrado como si hubieran hecho una verbena en pleno bosque, pero como uno es muy cabezón... me dejo llevar por mis piernas mientras examino palmo a palmo el suelo del bosque. Ha transcurrido media hora, intento regresar pero falla mi orientación, no escucho los disparos de las carabinas del club de tiro... mala señal, según voy descendiendo el bosque va enmarañándose de forma que no puedo elegir a donde ir, el propio bosque va engulléndome hasta que me detengo y empiezo a ser consciente de que no se donde estoy, he descendido muchísimo y nada me es familiar 360 grados alrededor.

Perdido en el bosque...

Primeros síntomas de nerviosismo, examino el reloj, el tiempo transcurre inexorable y no dispongo de medios para orientarme ni para comunicarme con bicho viviente que pueda echarme un cable para salir del embrollo, es posible que esté dando círculos o me esté alejando cada vez más de mi lugar de origen, me digo... "Robin, ¡la has cagado!" si a las dos del mediodía no estoy en casa... Montse va a inquietarse, hay que salir. Me detengo intentando tranquilizarme, si no puedo utilizar referencias visuales ya que el Sol está tapado utilizaré referencias acústicas. En la lejanía escucho el ladrido de un perro y una especie de cencerro sonando... ¿ovejas? no puede ser, este bosque es muy tupido y por aquí no pueden pasar. Trazaba la dirección a seguir para contactar con el perro cuando escucho unos disparos de cazadores...¡Mierda! hay cazadores y el cencerro que escucho debe ser del perro de caza que antes ladraba... intuyo el peligro de que me tomen por una presa y termine mis días abatido por el arma de un depredador humano... hay que hacer algo... emito una serie de silbidos al tiempo que me alejo del origen de los disparos, maldiciendo a "San Robellón" por la mañana que me tenía preparada, doy unas voces para que los cazadores sepan que no es un jabalí quien está por ahí perdiéndose más y más.

Veinte minutos más tarde, cansado, arañado a conciencia y pensando en como iba a salir de allí escucho el tintineo de la campanilla del perro cazador, dos minutos más tarde le veo descender por una ladera enmarañada de maleza, le llamo con mil y un sonidos guturales y unos cuantos silbidos, en un abrir y cerrar de ojos mi mano peina con suavidad el dulce pelo de quien esta mañana me regresaría al mundo de los encontrados. A lo lejos, la voz de un cazador reclamando el regreso del perro que al instante gira la cabeza, es entonces cuando le digo a mi "salvador perruno" ¡vámonos!. Iniciando la marcha el perro me adelanta, se detiene, regresa hacia mi para volver a adelantarse marcándome por donde tenía que ir, transcurridos quince minutos diviso un camino forestal y en una curva el todo terreno de los cazadores y el remolque de los perros. No puedo creerlo... al fin tengo un camino que seguir, no sé hacia donde pero ya poco me importa. Abrazo a mi perro salvador y le mando regresar a sus dueños, da una pequeña galopada y se detiene mirándome... "¡Marcha... te están llamando! el perro gira la cabeza y en cuestión de unos segundos desaparece entre la maleza del bosque.

Inicié entonces la que iba a ser una larguísima y dura caminata, pero al menos con un rumbo... un camino a seguir. Hora y media más tarde finalicé la ascensión y escuchando los disparos del club de tiro alcancé el portón de entrada del club, agotado por el ascenso, impregnado entero en sudor, me introduje en el primer asiento confortable de esta mañana... mi cuatro ruedas.

Llamo a casa con el móvil que desafortunadamente olvidé en el vehículo para dar cuenta de la aventura a Montse... quien me dice que como no lleve un GPS no me moveré en el futuro de las inmediaciones del club... ellas siempre tan exageradas.

Anochece, aporreo mi teclado descansando en mi confortable hogar, por la ventana observo como una espesa niebla va cubriendo el paisaje... a lo lejos el bosque ... en mi mente.. un perro, a mis pies tres perros más que curiosamente esta noche no se despegan de mi... por si vuelvo a perderme... pero... ¿como lo saben?

Robin



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