Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Domingo, 1 de Noviembre de 2009

Querido diario.

Regresando al bosque.



(Escuchando: "I Gotta Feeling (Black Eyed Peas)")

¡Tres meses!, exactamente tres meses es el tiempo que he estado apartado del arco y del bosque. Aunque mi pensamiento ha permanecido siempre allí, estas últimas semanas acusaba fuertemente el síndrome de abstinencia arquera, también añoraba el bosque. Ayer sábado regresé, también regresó mi arco, y con él... el vuelo de mis flechas.

Llegué al club muy temprano, lo que me permitió hacer unos ejercicios de calentamiento y efectuar unas primeras sueltas lo más concentrado posible. De nuevo, mi tiro con arco estaba allí, como si no hubiera dejado de disparar ningún día, lo único quizás, una menor resistencia física a tensiones y disparos consecutivos, posturalmente todo correcto y la suelta mucho más que correcta.



Mi cuatro ruedas y mi arco

Ajustando material


Dejé por un instante mi arco apoyado en un árbol y di un corto paseo por el interior del bosque del club, sentía como todo a mí alrededor iba despertando, la humedad del suelo fluía ascendente, con ella, cientos de fragancias vegetales penetraban mis fosas nasales impactándome sensitivamente...



... A lo lejos podía escuchar voces en el restaurante del club, los arqueros estaban llegando despachándose unos buenos almuerzos. De nuevo concentrado en el bosque fui recolectando energías mientras andaba la mullida alfombra de hojas secas del camino, escuchaba atento una multitud de pequeños sonidos, el bosque se desperezaba y el día adquiría luz e intensidad apareciendo colores vivos allí donde permanecían los grises del amanecer.



De repente un repetido ladrido me advirtió de la llegada de José, era Fliser que le daba la bienvenida, nervioso le apremiaba para escapar de la atadura de su cadena, Fliser adora el bosque, pero un bosque con José lanzándole piñas a lo lejos para salir como un rayo tras ellas.



Regresé al campo de entrenamiento, inicié unas cuantas series más hasta que me sentí en condiciones de iniciar un recorrido de bosque sobre las dianas volumétricas del club.

Formé patrulla con Jordi (Chuqui), el viejo José y el incombustible Fliser, a mitad de recorrido se nos uniría Víctor en la que sería una excelente mañana para un regreso al tiro con arco.



Fliser sentado atento al disparo de José



Chuqui disparando su arco mecánico


Andar por el bosque, tensar el arco, subir pendientes, bajar barrancos, no pensar en otra cosa que en la inmensidad que te rodea, reír con los amigos con los que estas compartiendo estos instantes, y disfrutar de la intimidad en el momento del disparo de tus flechas, un momento en el que amigos y bosque desaparecen para regresar cuando la flecha impacta en la diana... eso y mucho más es mi tiro con arco.



Aquí estoy encarando un zorrito a lo lejos



Alcancé al zorrito en el centro del pleno


Al iniciar el recorrido me asaltaban dudas, pensaba que mi experiencia como arquero no sería suficiente para dominar a mi arco, en definitiva... a mis flechas, pero descubrí que no debía dominar nada, que solo debía dejar fluir algo que sabía hacer sobradamente, y así fue, algunas flechas se perdieron por errar en mi apreciación de la distancia, eso es algo que sí requiere entrenamiento, esa apreciación es necesaria mantenerla fresca, pero también se recupera con rapidez. Aunque dudé al principio, retomé la autoconfianza y no puse ningún obstáculo más entre mi arco y las dianas.



Chuqui a unos segundos de recoger flechas



Saboreando esos instantes antes de la suelta


Algunas de las últimas dianas eran situaciones nuevas para mi, se había modificado el circuito con el fin de evitar pasar por una zona de riesgo cercana a un campo de tiro con armas de fuego, así que pude disfrutar de novedades en un circuito que conocía bastante bien, me gusta mucho más ahora, es más agradable de finalizar al evitar ascensos duros.



Víctor y José haciendo de las suyas


Finalicé el recorrido con un buen sabor de boca, disfruté de un bosque muy acogedor y agradable, también de una compañía excelente, con ganas de regresar el próximo fin de semana.

Disfrutad plenamente del tiro con arco amigos arqueros, disparad siempre para vosotros y no os preocupéis tanto por como os ven los demás, el tiro con arco es un acto íntimo y debe ser siempre un diálogo con uno mismo.

¡Buenas flechas!

Robin

Sábado, 7 de Noviembre de 2009

Querido diario.

De nuevo... en el bosque.



(Escuchando: "Never-ending Road (Loreena McKennitt)")

Y llega otro fin de semana, más flechas, más bosque. A primera hora repaso y recuento toda mi parafernalia, está todo a punto y preparado para partir, monto en mi cuatro ruedas y le doy fuerte con las espuelas para trotar una carretera que me devolverá al bosque. Muy cerca están ya los latigazos de la cuerda de mi arco, el sonido de los impactos en las dianas y la confortable compañía de otros arqueros, los únicos que entienden todo cuanto puede dar el tiro con arco.

Sin Fliser, sin Víctor, repetimos patrulla "Chuqui" José y yo. Antes soltamos unas primeras flechas en el campo de entrenamiento. Vuelan bien dirigidas hacia su destino... dan en el blanco. Esta mañana ya no me asalta ninguna duda, puedo confiar en mi naturaleza arquera, en mi experiencia, en lo mucho que disfruto resolviendo dianas.

Antes de iniciar el recorrido observo que los culatines de las flechas de José no encocan correctamente en la cuerda, se le caen cuando tensa la cuerda de su arco, hay peligro de sueltas en vacío por desubicarse el culatín antes de soltar la cuerda, le pregunto si ha cambiado el tipo de culatines y me dice que no, me extraña... examino la cuerda y compruebo como un mogollón de hilo ha sido enrollado intentando sustituir un serving que hace tiempo pasó a mejor vida... y le digo al viejo tozudo que esa cuerda es un peligro, que todo alcanza su fin algún día. Desafortunadamente no tenemos cuerda de repuesto, pero invito al viejo arquero a devolver su arco a su maleta y coger otro de los que tiene, en esta ocasión un ligero recurvado de unas 35 libras que será perfecto para José.

Debidamente equipados iniciamos nuestro recorrido de bosque. Vuela el primer par de flechas cazando a la primera diana, me siento a gusto cuando mi pie contacta con la piqueta de tiro, tengo esa sensación de seguridad que hace que uno se sienta capaz, no hay dudas, solo hay deseo de disparar con mi arco.

Las primeras dianas caen abatidas por mis flechas, a más acierto, más seguridad, más confianza, pero soy consciente que alguna de ellas acusará algún gesto inesperado y se desviará, pero todo está previsto, todo entra en mi plan de tiro y nada va a alterar mi estado de ánimo frente al resto de dianas. Con una sensación casi total de control repito disparos, me refiero a clavar dos flechas una junto a la otra, algo muy satisfactorio, sobre todo si la primera está en la zona de máxima puntuación, aunque hay quien tiene el vicio de hacerlo fuera de la diana, y eso... ya no es tan satisfactorio, pero no, hoy la cosa funciona a la perfección, no busco el punto de disparo... me lo encuentro, mi brazo eleva el arco y se detiene de una forma automática, parece que otro esté tirando con mi arco, despues de elevar mi brazo izquierdo, tenso la cuerda, en apenas dos o tres segundos el arco se detiene en un punto y la mano se relaja produciéndose la suelta.



Repetir un buen tiro, toda una satisfacción


Van cayendo una a una las dianas, hay pocos errores, algunos producidos por una suelta involuntaria, solo en un par de ocasiones la flecha no encuentra la diana, y en una tercera... la Diosa fortuna que hoy también me acompaña hace que una flecha destinada a buscar setas y perderse bajo los árboles quede amarrada a la diana por lo que es el fino pellejo del animal, va una foto de testimonio...



Salvado por un pellejo!!


Estamos a más de medio recorrido en la zona alta del circuito, aprovecho para saludar a un viejo conocido que habita en este bosque, un hermoso árbol que me había acompañado siempre junto a un puesto de tiro en un anterior diseño del recorrido de volumétricas. El viejo habitante del bosque contrastado por un hermoso cielo azul me pide una foto, y yo no dudo en hacérsela...



Un viejo conocido que habita en el bosque


Descendemos el bosque disparando a las últimas dianas y finalizamos el recorrido, lo mejor, la ausencia de la fatiga muscular que me ha permitido disparar mis últimas flechas con comodidad, totalmente ajeno a la tensión de la cuerda. Han sido tres meses de abstinencia, mi cuerpo ha estado ligeramente adormecido, pero mi tiro con arco ha permanecido despierto esperando mi regreso.

Robin

(Última entrada en el diario)

Lunes, 30 de Noviembre de 2009

Querido diario.

Avalon, la isla de cristal...



(Escuchando: "Avalon (Roxy Music)")

Existe un lugar al norte del tiempo y al este de la realidad, donde los libros abren una puerta al mundo de la imaginación. La capacidad de cambiar la realidad reside en nuestro interior, siempre podemos ponernos la capa y tomar la barca hacia Avalon...

Avalon es el nombre de una isla legendaria de la mitología celta situada en algún lugar de las islas Británicas donde, según la leyenda, los manzanos dan sabrosas frutas durante todo el año y habitan nueve reinas hadas, entre ellas Morgana. El mismo nombre del lugar derivaría de la palabra celta abal, manzana.

Se dice que la palabra Avalon es una adaptación de la palabra celta [Annwyn] o [Annuvin], que designa al legendario reino de las hadas, pero, ya en el siglo XII, Geoffrey de Monmouth pensaba que el nombre derivaba de la traducción de "isla de las manzanas". Esto es altamente probable, debido a que, en el idioma bretón, manzana se dice aval, y en idioma galés se dice 'afal' (con la pronunciación de la "f" como "v").

Avalon también fue llamada Ynys Witrin, que significa Isla de Cristal. (fuente: Wikipedia)

Como Camelot, Avalon está en todas y en ninguna parte: es contrario a su propio espíritu tratar de fijarlo en algún lugar. Reside en la dimensión del mito, donde la verdad es múltiple. El Arturo histórico pudo haber sido enterrado en Glastonbury; pero el Arturo real espera en aquel lugar donde «la curación no falla nunca», ese lugar que Geoffrey de Monmouth llamó Avalon.

La temperatura ha descendido notablemente, el invierno es ya una realidad, es ahora tiempo de refugio, tiempo de lectura, tiempo de viajar hacia Avalon.

Robin



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