Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Viernes 12 de Noviembre de 2010

Querido diario.

Una vieja historia...



(Escuchando: "Legend of the Fall (James Horner)")

Cuentan que hace ya muchos años un tirador de precisión abandonó las armas de fuego y las galerías de tiro, dejando atrás la competición y el ponerse a prueba, lo abandonó todo por una especie de sortilegio surgido en el interior del bosque el día que empuño un hermoso arco de madera, un recurvado Blackwidow.

Nuestro protagonista inició entonces una nueva experiencia de tiro, pero tuvo que desaprender para aprender de nuevo, nuevos conceptos y una nueva ruta con distinto propósito, pues el camino del arco le llevaría a un lugar en su interior que desconocía. En poco tiempo y de la mano de un maestro arquero singular dio sus primeros pasos de aprendiz, volaban inseguras sus inexpertas flechas.

Cuanto le quedaba por caminar a nuestro entusiasta aprendiz de arquero... pero no desesperó, era necesario adquirir una técnica, mecanizar bien todos los gestos y formarse debidamente experimentando distintas situaciones, regresó de nuevo a la competición, pero como una etapa formativa, ya no era una finalidad y mucho menos una meta.

Y pasaron los días, los meses y unos pocos años hasta que una mañana su maestro le dio una lección magistral entorno a un cascabel que pendía de un hilo, le demostró, se demostró el mismo, que existían otros recursos y que para utilizarlos debía conocer a su ser esencial, conocerse bien a sí mismo, pues otro yo residía en su interior, otro yo que podía ser un aliado o un enemigo.

Poco a poco fue progresando ayudado por su maestro y su fiel arco, un buen arco que traducía perfectamente todos sus gestos incluso algunas veces sus intenciones. Aprendió que la competición, el medirse con otros arqueros era una etapa que debía ser vivida como un capítulo más de su formación, pero nunca como un propósito final, pues existía vida después de ella, y que esa vida era en realidad seguir un viaje de introspección en el que aprendería a cabalgar sus propias flechas, y también a ser diana en el bosque de las sensaciones. Debía buscar la satisfacción en el movimiento, y no sólo perseguir el rendimiento, sino la belleza. Saborear el placer de la armonía experimentada desde dentro, de una actitud que estaría en consonancia con su ser esencial. Porque más profunda que el sentimiento de la victoria sobre un contrario o que el orgullo por haber alcanzado una determinada puntuación, era la dicha que se desprendía de la armonía del arquero consigo mismo.

Y volaron cientos de flechas, miles de ellas, y a cada vuelo, arco y arquero fueron cómplices, hasta que llegó un día que ambos se fusionaron definitivamente, pues uno ya era parte vital del otro, nada sería igual con otro arco. Y las flechas empezaron a obedecer integrándose como un elemento más a esa nueva entidad.

Han pasado muchos años, al arquero forjado hombre se le puede ver hoy ataviado con su arco en el bosque, puede escucharse el vuelo majestuoso de sus flechas, y el semblante de felicidad cuando fundido en la naturaleza establece contacto con ese amigo interior, ese que sabe qué hacer, por eso dice nuestro protagonista... os digo yo... debéis dejar fluir vuestro tiro con arco, debéis conectar con vuestro epicentro arquero y confiar en él, no necesitaréis apuntar, lo hará ese otro, pero lo hará a través de vuestro ser, amad el tiro con arco, amad cuanto os rodea y él verá a través vuestro, su mano se fundirá con la vuestra, entonces y solo entonces su certeza será vuestra intuición y su seguridad será vuestro aplomo ante cada desafío.

Quizá alguien no entienda porque siendo ahora eficaces mis flechas no participo en competición, porqué desperdicio una efectividad que me llevaría a un buen puesto en una clasificación, y yo desde el convencimiento le digo... que la importancia de las cosas las da uno mismo, que todo es relativamente importante, todo, excepto sentirse pleno y feliz. Después de un largo y satisfactorio camino he logrado alcanzar mi propia diana, ahora solo me queda contagiar, animar, ayudar a que otros vean más allá, un poco más lejos, pues os aseguro que hay vida más allá de la competición.



Que logréis todos vuestros propósitos y sobre todo que además de ser felices mantengáis esa ilusión que poseíais el primer día que disparasteis una flecha.

Hasta pronto amigos.

Robin



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