Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Miércoles 2 de Noviembre de 2011

Querido diario.

Escribiendo con nocturnidad y alevosía...



(Escuchando: "Memorias de África (John Barry)")

Y llegaron las lluvias... y despertó el bosque de los mil matices, los olores, las sensaciones. Escuchad con atención... son los pasos de decenas de arqueros sobre la mullida alfombra vegetal, es el tintineo de sus flechas retozando en el carcaj, es el bosque húmedo que recibe a sus amantes, para juntos, una vez más, embriagarse de placer, compartiéndose, reconociéndose, con la lluvia envolviéndolo todo, reconectando el ciclo de la vida.

Esta semana la noche le está arrebatando espacio al día, con el cambio horario anochece a media tarde, el oscuro y tupido manto de la noche se extiende en estos momentos sobre quienes desde nuestro pupitre reconectamos con nuestros sueños. Andar y desandar esos senderos que me conducen por el húmedo bosque de una diana a otra, escuchar el chasquido de la cuerda de mi arco, observar el vuelo de las flechas atravesando esa atmosfera tan impregnada de vida.

Como decía una gran escritora: Escribir es recuperar una y otra vez aquel día que creíamos que podría oírse crecer la hierba, cuando la noche podía llegar a ser más brillante que el sol. La noche, el mundo nocturno, que puede ser también el mundo más vivo, es un mundo real y absolutamente cierto, es un mundo mágico que forma parte de la vida cotidiana, en el que las criaturas de la oscuridad existen con tanta o más intensidad que las que habitan bajo el sol más duro y aparentemente verdadero. Escribir es una forma de ser y de estar, un largo camino de iniciación que no termina nunca, como un complicado trabajo de alquimia o la íntima y secreta cacería de mí mismo y de cuanto me rodea.

Escribir también es creer en uno mismo, para poder creer en tantas cosas, y descubrir tantas cosas, que están ahí, aunque no se vean. Cosas buenas, o bellas, o simplemente ciertas. Hay que creer en uno mismo, y así en los otros, para que la oscuridad se encienda. Ésta es una de las razones que me impulsan a escribir, a adentrarme en el bosque de las palabras, tratando de revelar la belleza de todo lo que hay en él, de todo lo fantástico y mágico que no vemos, pero que es necesario descubrir. ¡El bosque de las palabras! la palabra hermano, la palabra miedo, la palabra amor, son palabras muy simples, pero llevan el mundo dentro de sí. No siempre es fácil, ni sencillo, descubrirlo. Hay que intentar alcanzar el oculto resplandor de esas palabras, de todas las palabras, o de una sola que todavía nadie ha escuchado pronunciar.

Escribir es como una memoria anticipada, el fruto de un malestar mezclado de nostalgia, pero no sólo nostalgia de un pasado desconocido, sino también de un futuro, de un mañana que presentimos y en el que querríamos estar, pero que aún no conocemos, una memoria anticipada más fuerte que la nostalgia del ayer, nostalgia de un tiempo deseado donde quisiéramos haber vivido.

Hace unas pocas horas la lluvia ha cesado, la noche oscura es ahora un cristalino espejo en el que se reflejan miles de estrellas, tantas como almas las sueñan, las observan, o las identifican con tantos y tantos que ya se han ido. Entre ellas busco a mis padres, a mis amigos que partieron, a todos los fieles perros que han compartido su vida conmigo, porque estoy seguro, que mis hermosos cuatro patas también son estrellas en esta noche de magia.

Hasta pronto.

Robin



Octubre 2011

Noviembre 2011

Diciembre 2011

Calendario (diario de Robin)