Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Sábado 22 de Noviembre de 2014

Querido diario.

La memoria viviente del bosque (introducción)



(Escuchando: " Rain Forest Meditation Music (Rudy Adrian)")

Hay pocos placeres mayores que ver nuestra emoción fluir por el bosque, allí en su profundidad, hay placeres pendientes que sólo esperan que los aceptemos para madurar en nuestro interior. Convivir con el bosque, con aguas que manan junto a mis pies o frutos que se endulzan delante de mis ojos, son públicas realidades que nos pertenecen a todos.

Es necesario vivir todo lo que se pueda con lo que vive en el bosque, sin modificarlo ya que es manifiestamente inmejorable. En su profundidad late el silencio, el sosiego, las transparencias, los cantos espontáneos, millones de vidas individuales y por supuesto, otros habitantes intangibles para quienes han perdido la capacidad de soñar.

Esta es una increíble entrada en este diario, pues voy a relatar como fue mi primer encuentro con un ser excepcional, un ser que es la memoria viviente del bosque, un escritor y narrador de historias. Este entrañable amigo habita en el bosque de los sueños, pues fue a través de ellos como le conocí.

El encuentro se produjo un día que me encontraba disparando algunas de mis flechas en una zona alejada y sombría de un antiguo bosque que evitaré ubicar. Después de una larga serie de disparos quise descansar un poco y disfrutar de todo cuanto me envolvía, me senté en el mullido suelo y apoyé mi espalda en un poderoso y antiguo árbol. Fue casi de inmediato cuando frente a mi vi moverse algo entre los arbustos, antes de poder identificar a mi visitante pude escucharle pronunciar en una lengua extraña lo que parecía ser una buena colección de improperios, todos ellos aderezados con una buena dosis de mal humor. Al poco rato unos ojos muy abiertos se clavaron en los míos, un ser diminuto con un enorme libro a sus espaldas cuya nariz le precedía ostensiblemente me estaba observando, y fue entonces cuando el silencio se hizo dueño y señor del bosque permitiendo que resonara entre los árboles el latido de mi corazón acelerado por tan inesperada sorpresa.

Estuvimos un buen rato mirándonos hasta que finalmente y como si nos conociéramos de toda la vida el pequeño ser se acercó hasta tomar asiento en la hierba frente a mi, sin mover sus labios escuché su voz en mi mente, esta vez era un sonido suave y muy amigable, me dijo que sabía quién era yo y lo que sentía por el bosque, y que eso era algo que nos hermanaba.



Mientras le miraba atónito... el menudo y narigudo visitante observaba mi arco y mis flechas interesándose mucho por mi carcaj pues hurgaba en cada centímetro del viejo transportador de flechas con su aguda vista. Tomando una buena bocanada de aire me dirigí a él, y le pregunté porque había tardado tanto tiempo en darse a conocer, su única respuesta a mi pregunta fue que aún no estaba preparado. Y fue a partir de ese instante cuando empezó a hablar, y de la forma que lo hizo mi corazón se fue serenando.

Me contó que en algunas ocasiones elegía a un humano para establecer contacto, pero siempre en ese bosque ya que era un lugar donde podían conectar nuestras distintas realidades, y que la elección era muy difícil pues siempre andamos muy ocupados con nuestras cosas, la mayoría pierde de adulto la capacidad de soñar, y que son generalmente niños con quienes ha conectado durante los últimos años, pero que desde hace ya tiempo le he inspirado confianza suficiente para permitirme verle. Sabe también que escribo mis cosas en mi viejo diario y le parece estupendo, su enorme libro que siempre le acompaña es también como un diario sobre la vida en el bosque, y que quien sabe... quizá yo podría escribir sobre nuestro encuentro algún día.



Me contó también que él formaba parte de un grupo de seres encargados de conservar la historia del bosque, anotan cada suceso y dibujan a todos sus habitantes en sus enormes libros, y que me había elegido a mí para añadirme como especie visitante. Le interrumpí, y le dije que aunque era un visitante sentía el bosque como si fuera mi hogar, siempre que lo visitaba era como si regresara a casa. Movió su cabeza afirmativamente y escuché de nuevo su voz, me decía que si no hubiera sido de esa forma no se hubiera manifestado ante mí. Me dijo también que tenía la misión de contarme muchas cosas y advertirme de otras que estaban por llegar, cosas que podían afectar a la integridad del bosque, me alarmé un poco pero su voz me condujo de nuevo hacia un mar de tranquilidad y fue entonces cuando me dejé llevar y me abandoné a un sueño mucho más profundo que ahora no consigo recordar.



Desperté bajo el viejo ermitaño, el viento agitaba sus poderosas ramas y decenas de hojas caían danzando por el aire, pronto anochecería, era ya tiempo de regresar a mi otro hogar. Me despedí del bosque, abracé al viejo árbol y miré alrededor entre la maleza, nada se movía, ni rastro del sorprendente ser. Estaba iniciando el camino de regreso junto a un riachuelo, cuando puede escuchar una voz conocida que me decía:

-Mi nombre es Rolf y mi bosque palpita en tu interior, hasta pronto hermano arquero.

-Hasta pronto Rolf.

Continuará...

Nota: Rolf es un ser irreal que habita en el bosque de los sueños, es un entrañable duende que desde su irrealidad le hablará a Robin sobre realidades, ha sido creado como portavoz de todos y cada uno de los habitantes del bosque, y por ellos hablará de lo que fue, de lo que está siendo y de lo que puede llegar a ocurrir. Como yo, ha visto desaparecer calmas, transparencias, silencios y demasiada belleza, ha llegado el momento de que la Naturaleza hable. Crear un duende ecologista y futuro aprendiz de arquero es algo que mi imaginación hace tiempo que me pedía, y yo cuando se trata de bosques, arcos y flechas... me lanzo de cabeza.

Hasta pronto.

Robin

Domingo 30 de Noviembre de 2014

Querido diario.

La falta de confianza en uno mismo...



(Escuchando: " I'm Gonna Find Another You (John Mayer)")

La duda es la causa fundamental de error en cualquier deporte, en el tiro con arco lo es también y mucho. Dudar de uno mismo causa tensión, la falta de confianza en uno mismo, dudar de la propia capacidad es la causa subyacente en la tensión excesiva y el exceso de control.

Se ha escrito mucho sobre el miedo, la ansiedad, y el estrés, pero poco sobre la falta de confianza en uno mismo. Una de las razones por las que la inseguridad no ha sido estudiada más a fondo es que es fácil confundirla con el miedo. La inseguridad y el miedo son definitivamente amigos, quizá incluso parientes, pero no son gemelos idénticos. A menudo sentimos miedo ante la presencia de una amenaza real o imaginaria, esto ocurre cuando somos vulnerables al daño o imaginamos que lo somos.

Pero dudar de uno mismo no tiene relación con nuestra vulnerabilidad ni con el peligro, aunque se cuestione nuestra competencia y nuestra capacidad para evitar el peligro o, todavía peor, nuestra propia valía. Independientemente de la presión que sintamos ante determinada diana o situación de tiro, no sentiremos ansiedad si antes no dudamos de nuestra capacidad para resolverla. El miedo aumenta conforme nuestro sentido de la propia capacidad disminuye. Por tanto, si podemos reducir la falta de confianza en nosotros mismos, nuestro miedo automáticamente disminuirá.

En mi diccionario se define a la duda como "incertidumbre de la mente" o "desconfianza en la fiabilidad de algo". No son definiciones complicadas. Son cosas que ocurren todos los días. El que la duda sea útil o no para una persona viene determinado por el objeto hacia dónde esté dirigida. Puedo beneficiarme a mí mismo por dudar de la validez de muchos anuncios, pero la cosa cambia cuando la duda se dirige hacia ti mismo.

En una ocasión le pregunté a un adolescente si había sentido falta de confianza en sí mismo, y él respondió:

-Por supuesto. Como todo el mundo.

- ¿Cómo lo describirías? -le pregunté

-Bueno, es una voz en mi cabeza que dice que soy estúpido y que no puedo hacer algo.

-Y ¿qué te ayuda cuando oyes esa voz?

-Si me doy cuenta de que es una voz, entonces no hay problema.

-¿Y qué haces cuando te das cuenta de que es una voz?

-¡La Llamo estúpida!

Pensé entonces que esa era una respuesta maravillosa. Darse cuenta de la voz significaba para él que no era exactamente su voz sino una voz que estaba ligeramente separada de él. Y a causa de esta separación, podía llamarla estúpida. Hizo algo que a muchos arqueros nos vendría estupendamente hacer. Dudó de su duda.

Cuando hace unos años tomé conciencia de esta voz que minaba mi confianza pude reconocer en ella al Yo Consciente del cual os he hablado en varias ocasiones.

Muchos arqueros experimentan incertidumbre en su primera diana, están inciertos sobre lo que va a pasar. Entonces, basándose en los primeros disparos, surge alguna confianza o alguna duda.

Por supuesto, la voz de la duda no se detiene aquí. Después de fallar unas cuantas flechas hace otra valoración como "soy un arquero pésimo" Las cosas empeoran, y la voz concluye, "La verdad es que no sirvo para la competición", casi como una especie de sentencia judicial acerca de nuestra capacidad mucho antes de alcanzar la mitad de un recorrido. Por último, tienes una sensación desagradable en tu pecho y empiezas a creer que "Algo está mal en mí". A veces también escuchas en tu interior: "No valgo como persona" y, lo que es peor, te lo crees.

No es difícil ver que cuando crees en el poder de este tipo de declaraciones, tienden a hacerse realidad. Cuando la duda se dirige hacia la propia capacidad de aprender y rendir, o hacia nuestro propio ser, puede ser bastante destructiva. Un cuestionamiento innecesario sobre los propios valores y sobre nuestro potencial como ser humano por cualquier razón que sea, puede convertirse en la causa principal de la brecha existente entre lo que una persona es capaz de hacer y experimentar y lo que en verdad hace y experimenta.

Vamos a ver si podemos arrojar alguna luz sobre este oscuro asunto. ¿Podemos averiguar qué podría acabar con esa inseguridad, en lujar de dejar que ella acabe con nosotros? El primer paso es reconocer que no nacimos dudando de nosotros mismos. Es difícil encontrar un niño pequeño que no tenga confianza en sí mismo. Los niños pueden tropezar y caerse cuando aprenden a caminar, o el castillo que están construyendo puede venirse abajo al colocar mal una pieza, pero estos sucesos todavía no son motivos para dudar de sí mismos. De hecho, al observar a los niños antes de la edad escolar podemos ver sin lugar a dudas que todos tienen una fe incuestionable en sus capacidades. Es maravilloso verla y, yo añadiría, es horrible socavarla. Es decir, la duda no es nuestro estado mental original, sino algo que hemos aprendido o hemos aceptado en el camino.

El segundo paso es reconocer que nuestras dudas no han destruido totalmente esa fe original. Toda acción humana está basada en una fe innata en las capacidades del cuerpo. Una persona no puede dar un paso sin la convicción de que podrá dar el próximo. Para bajar unas escaleras el cuerpo se aventura en el espacio, dando por supuesto que una pierna y luego la otra se moverán hacia adelante y sostendrán su peso. Esta fe no funciona a un nivel consciente en el sentido que elegimos tenerla o no tenerla, más bien es una parte esencial del movimiento continuo.

Si empezaras a dudar de que tus piernas se pueden mover correctamente para llevarte escaleras abajo, esa vacilación podría arruinar la continuidad natural de la acción. Entonces empezarías a pensar en cómo deberías bajar las escaleras. Para corregir esto podrías comenzar por darte a ti mismo un conjunto de instrucciones para corregir tu manera de moverte. Si permites que la duda se desarrolle, destruirá toda tu fe inherente, y deteriorará la fluidez natural de tus movimientos. Pronto tus movimientos escaleras abajo parecerán tan mecánicos y cohibidos como muchas de las sueltas que veo en el campo de entrenamiento.

Un tercer paso es hacer una distinción importante: la distinción entre la voz de la duda y tú. Cuando la duda llama a tu puerta, nadie dice que tengas que abrirla, mucho menos invitarla a tomar un café. Sin embargo, si fuiste educado en un entorno de falta de confianza y siempre teniendo que demostrar tu valía, es posible que termines tan enredado en ella que no puedas distinguir entre ti mismo y la duda. Si la invitas a pasar, puedes escucharla, pero no tienes que creer todo lo que te dice.

Algunos arqueros con experiencia son conscientes que hay una conversación produciéndose en sus cabezas dentro y fuera del campo de tiro. El valor que le veo a reconocer este diálogo interno es que me permite separarme de la voz saboteadora de la duda, efectivamente es la jodida voz del YO CONSCIENTE, el que critica mi suelta ante la diana, asimismo es el que me hace intentar objetivos que están por encima de mi capacidad y luego me llama estúpido cuando fallo, y por encima de todo, es el que intenta asegurarse de que suelte la flecha correctamente, según sus últimas ideas de lo que es correcto. El YO INTERIOR es el que tiene que disparar la flecha, aquel al que va dirigida esta voz crítica, desconfiada y exageradamente controladora del YO CONSCIENTE.

Y hasta aquí por hoy, seguiremos más adelante con los mecanismos de la inseguridad y la doctrina de lo fácil. De nuevo hemos hablado de ese incordio censurador que habita en nuestra mente, a ese… no le hagáis demasiado caso, apagad el interruptor y permitid que vuestro arquero interior aprenda y resuelva, siempre fallando primero para acertar después.

Hasta pronto amigos !!!

Robin



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