Diario de Robin

Aprendiz de Arquero
Aprendiz de Hombre

Viernes, 1 de Diciembre del 2000

Querido diario.

A este 2000 le quedan pocos días, y a los arqueros muchas flechas que disparar.

Atapuerca:

Recientemente he tenido la oportunidad de ver un documental sobre el yacimiento arqueológico de Atapuerca y me ha fascinado. Atapuerca es algo más que un conjunto de yacimientos, es la clave de la evolución humana en Europa. La aparición de los cráneos fósiles más completos del mundo, así como huesos fosilizados con una antigüedad de 800.000 años ha permitido definir una nueva especie humana: "Homo Antecessor" que designa a los primeros que poblaron Europa.

Antes de Atapuerca se sabía poco de Europa, apenas un puñado de restos fósiles esparcidos por el continente y sin fechas fiables hasta la aparición de los Neandertales hace 200.000 años. Gracias a Atapuerca sabemos que los primeros europeos llegaron hace un millón de años, cómo eran, y cómo se transformaron en los Neandertales, que dominaron el continente.

Mientras los Neandertales vivían en Europa, y los últimos Homo erectus en Asia, otro nuevo grupo de seres humanos, nuestra propia especie Homo sapiens estaba surgiendo en Africa. Hace unos 30.000 años, los Neandertales y los Homo erectus desaparecieron sin dejar rastro. El nuevo grupo proveniente de Africa tomó las riendas. Luego, hace 10.000 años el clima entró en un periodo cálido. Aquella segunda oleada africana se diversificó en distintas razas. América se pobló. Se inventó la agricultura y la ganadería. Y, no mucho tiempo después, los humanos aprendimos a tirar con arco, escribir y aporrear teclas.

Los yacimientos paleontológicos de la Sierra de Atapuerca acaban de ser declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Más información: Atapuerca.com

Robin

Sábado, 2 de Diciembre del 2000

Querido diario.

Hoy he conocido a un verdadero ermitaño del bosque, el Tejo. Es un árbol triste y de follaje verdinegro, su madera incomparable viene utilizándose desde el neolítico para un sinfín de usos, antiguamente los mejores arcos eran de tejo, y esto puede darnos una idea de la persecución y casi exterminio que tuvo lugar en muchas regiones cuando se avecinaba una guerra. Su madera era muy apreciada por su resistencia y duración, su dureza tan solo puede compararse en nuestra tierra a la del boj, dicen que desafila la herramienta con la que se le trabaja.

En nuestros días, los tejos ya no forman bosques y su hábitat se ha reducido mucho, por lo que es poco habitual encontrar a este viejo ermitaño del bosque, muy raro. Este árbol es único en muchos aspectos; es venenoso y no tiene resina, la dureza y el color rojizo de su madera, la lentitud de su crecimiento, su longevidad, el aspecto sombrío pero siempre bello. El tejo es un ser misterioso, profundo e insondable. No es la visión racional el mejor medio para acercarse a este antiguo ser, para comprenderlo.

Querido diario al principio me ha parecido un árbol frío, quizás mi conocimiento de las tradiciones celtas que le relacionan con la muerte me ha distanciado de él. Transcurridos unos minutos su aparente frialdad no exenta de belleza ha transmutado en sabiduría, la sabiduría de un ser que puede alcanzar más de mil años.

El tejo es el símbolo viviente de la eternidad, se le compara con un dolmen por su condición de monumento funerario. Posee un aura muy poderosa, absorbente, pesada, como un agujero negro. Es evidente que no vendrá a llevarnos la Señora de la guadaña por dormir bajo el tejo, pero sí es cierto que se colocará muy cerca, posiblemente a nuestra izquierda.

Hoy he conocido a un viejo ermitaño del bosque, me ha mostrado la profundidad sin fondo de la muerte, la ausencia del tiempo, el vacío.

Viejo tejo sagrado, que tu fuerza de espíritu permanezca latente ante los hombres.

Robin

Domingo, 3 de Diciembre del 2000

Querido diario.

Como bien sabes en bosque tan importante como la precisión, suelta, etc. lo es la apreciación correcta de las distancias. Esta tarde un arquero me preguntaba si 40 metros se considera lejos en 3D. Como respuesta mi propia definición de cerca/lejos. Cerca es cuando tenemos la seguridad de alcanzar la diana. Lejos es cuando dudamos y soltamos la cuerda sin convicción y nos quedamos atentos al vuelo de la flecha en espera de un regalo de la diosa fortuna, en espera de que la flecha aporte a su vuelo la seguridad que a nosotros nos ha faltado, algo imposible porque el vuelo de la flecha es fruto de nuestra propia acción.

Puede una diana, estar situada a una distancia de 45 metros hasta la piqueta desde donde se le efectuará el disparo, pero al mismo tiempo puede estar a 500 metros de distancia de la seguridad en la toma de decisiones del arquero, o a 5 metros de su inseguridad, que es lo mismo.

Algo que hace singular al recorrido de bosque es la toma de decisiones. Me explico:

En precisión conocemos la distancia, tenemos el arco preparado a priori para ella, simplificando podríamos decir que precisión consiste en repetir una secuencia de tiro y efectuarla con tal grado de perfección para puntuar lo máximo posible, sacando a cada flecha el máximo rendimiento.

En bosque hay que ejecutar la secuencia de tiro lo mejor posible y ser lo más preciso, pero hay algo decisivo, el instante de la toma de decisiones previo a la acción de tirar. ¿Como me posiciono ante la diana? ¿Que distancia es la que me separa hasta la misma? ¿Como afectará a mi flecha el desnivel del terreno? ¿Aseguro los tiros con las dos flechas? ¿Arriesgo y voy a por el pleno aunque a priori tenga un 70% de posibilidad de mandarlas a esparragar? ante esas preguntas hay que tomar decisiones y cuando dudamos tenemos un elevado porcentaje de fallar. La duda es algo que nos induce a errar, esta inseguridad es fruto principalmente de la falta de práctica de tiro y más con arco tradicional sin elementos de ayuda. Sumemos a todo esto que cada diana es distinta y que en ella hemos de fijar la zona de máxima puntuación, de nuevo tomando decisiones, los efectos de luz, obstáculos naturales, etc.

Robin

Sábado, 9 de Diciembre del 2000

Querido diario.

Acabo de leer un informe sobre los daños causados por el fuego en nuestros bosques. Es desolador. En cincuenta años, España ha perdido un millón de hectáreas forestales por el fuego, una tragedia que se suma al proceso de deforestación que está sufriendo la Tierra. En este siglo que finaliza se han perdido 1.600 millones de hectáreas forestales en todo el planeta y la cubierta forestal original de la región mediterránea se ha reducido un 17%.

¡Fuego en el bosque!

Ahora toca huir. Los que pueden, claro. A los árboles, al matorral y al paisaje en su conjunto sólo les queda retorcerse de dolor antes de convertirse en un gigantesco cenicero. No hay mayor tragedia que la del fuego, mayor espanto para los animales. Ninguna ayuda mejor que prevenirlo, porque cuando mandan las llamas lo único que vale es huir de su voracidad desoladora. Después vendrá el lamento ante la tragedia.

¿Se nos ocurriría encender fuego en una gasolinera para hacer una paella o asar unas chuletas? ¿No se nos ocurriría? entonces ¿porqué lo hacemos en un lugar donde el riesgo es muy similar?

¿Se llevará a cabo algún día una verdadera política de prevención de incendios?.

Además de los incendios forestales, los bosques españoles están sufriendo las consecuencias de la sequía que atraviesa el sur de Europa, que provoca el deterioro de la superficie foliar (la de las hojas) de nuestras áreas boscosas. El 20% de nuestros bosques está enfermo por esta causa. Coníferas y frondosas están siendo seriamente afectadas por ese grave problema. Querido diario sólo hay que salir a dar un paseo por nuestras montañas para cerciorarnos de esta terrible situación.

Esta mañana he dado un paseo por las inmediaciones de mi club de tiro, el manto vegetal del bosque está totalmente labrado por un ejercito de malos buscadores de setas, restos de botellas, neumáticos, bolsas de plástico, latas y una interminable lista de residuos humanos tirados a orillas de los caminos, por lo visto quien los tira debe pensar que aquello que no ve, no existe.

Generamos más porquería de la que la naturaleza puede soportar, puede que algún día la propia naturaleza efectúe una limpieza de cutis y elimine a estos "jodidos granos" que somos los humanos, nos lo habremos ganado a pulso.

Robin

Viernes, 15 de Diciembre del 2000

Querido diario.

Tenemos la Navidad a la vuelta de la esquina, lo habitual es enviar una tarjeta navideña, digamos que es lo típico, pero como esto pretende ser un diario quisiera estampar en él algo distinto ¿que tal una bonita historia?

Esta es la historia de los tres árboles:

Hace ya mucho tiempo, en la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles, juntos, pensaban sobre lo que querían llegar a ser cuando fueran grandes.

El primer árbol miró hacia las estrellas y dijo, "Yo, quiero guardar tesoros. Quiero estar repleto de oro y ser llenado de piedras preciosas. ¡Seré el baúl de tesoros más hermoso del mundo!"

El segundo árbol miró un pequeño arroyo realizando su camino al océano y dijo, "Yo quiero viajar a través de aguas temibles y elevar reyes poderosos sobre mí. ¡Seré el barco más imponente del mundo!".

El tercer árbol miró hacia el valle que estaba bajo la montaña y vio hombres y mujeres trabajando en una aldea. "Yo, no quiero irme de la cima de la montaña nunca. Quiero crecer tan alto que cuando la gente de la aldea se pare a mirarme, levantarán su mirada al cielo y pensarán en Dios. ¡Seré el árbol más alto del mundo!"

Los años pasaron. Llovió, brilló el sol, y los pequeños árboles crecieron alto. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña. El primer leñador miró al primer árbol y dijo: "¡Qué árbol tan hermoso es este!" Y con la arremetida de su hacha brillante el primer árbol cayó. "Ahora deberían convertirme en un baúl hermoso, contendré tesoros maravillosos", dijo el primer árbol. El segundo leñador miró al segundo árbol y dijo: "Este árbol es muy fuerte, es perfecto para mí." Y con la arremetida de su hacha brillante, el segundo árbol cayó. Ahora navegaré por aguas temibles", pensó el segundo árbol, "Seré un barco imponente para reyes temidos y poderosos". El tercer árbol sintió su corazón sufrir cuando él último leñador lo miró. El árbol se erguía derecho y alto apuntando ferozmente al cielo. Pero el leñador ni siquiera miró hacia arriba y dijo: "Cualquier árbol es bueno para mí". Y con la arremetida de su hacha brillante, el tercer árbol cayó.

El primer árbol se emocionó cuando el leñador lo llevó a una carpintería. Pero el carpintero lo convirtió en una caja de alimento para animales de granja. Aquel árbol hermoso no fue cubierto con oro, ni llenado de tesoros, sino que fue cubierto con polvo de cortadora y llenado con alimento para animales de granja hambrientos.

El segundo árbol sonrió cuando el leñador lo llevó cerca de un embarcadero, pero ningún barco imponente fue construido ese día. En lugar de eso aquel árbol fuerte fue cortado y convertido en un simple bote de pesca, era demasiado pequeño y débil para navegar en el océano, ni siquiera en un río, y fue llevado a un pequeño lago.

El tercer árbol estaba confundido cuando el leñador lo cortó para hacer tablas fuertes y lo abandonó en un almacén de madera. "¿Que estará pasando?", se preguntó el árbol, "Yo todo lo que quería era quedarme en la cumbre de la montaña y apuntar a Dios..."

Pasaron muchos días y muchas noches. Los tres árboles casi habían olvidado sus sueños. Pero una noche, una luz de estrella dorada alumbró al primer árbol cuando una joven mujer puso a su hijo recién nacido en la caja de alimento.

"Quisiera haberle podido hacer una cuna al bebe", le dijo su esposo a la mujer. La madre apretando la mano de su esposo sonrió, mientras la luz de la estrella alumbraba a la madera suave y fuerte de la cuna. La mujer dijo: "Este pesebre es hermoso". Y de repente, el primer árbol supo que contenía el tesoro más grande del Mundo.

Una tarde, un cansado viajero y sus amigos se subieron al viejo bote de pesca. El viajero se quedó dormido mientras el segundo árbol navegaba tranquilamente hacia el centro del lago. De repente una impresionante y aterradora tormenta llegó al lago. El pequeño árbol se llenó de temor, sabía que no tenía la fuerza para llevar a todos esos pasajeros a la orilla a salvo con ese viento y lluvia. El hombre cansado se levantó, y alzando su mano dijo: "calma". La tormenta se detuvo tan rápido como comenzó. Y de repente el segundo árbol supo que él llevaba navegando al Rey del cielo y de la tierra.

Un viernes por la mañana el tercer árbol se extrañó cuando sus tablas fueron tomadas de aquel almacén de madera olvidado. Se asustó al ser llevado a través de una impresionante multitud de personas exaltadas. Sé llenó de temor cuando unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió feo, áspero y cruel. Pero un domingo por la mañana, cuando el sol brilló y la tierra tembló con júbilo debajo de su madera, el tercer árbol supo que el amor de Dios había cambiado todo. Esto hizo que el árbol se sintiera fuerte, cada vez que la gente pensara en el tercer árbol, pensarían en Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo.

La próxima vez que te sientas mal por no conseguir lo que tu querías, solo siéntete firme, y sé feliz porque Dios, SIEMPRE, está pensando en algo mejor para darte.

¡Feliz Navidad querido diario!

Robin

Jueves, 21 de Diciembre del 2000

Querido diario.

Lento silencio.

Esta mañana, Ote, mi primer Golden Retriever estaba un poco inquieto, harto de verle con la mirada clavada en la puerta le he rodeado con mis brazos para susurrarle la fugaz idea de dar un paseo por el bosque, he estado a unos segundos de quedarme sin puerta. Así que nos hemos obsequiado con un distendido paseo por el bosque, esta vez sin arco, sin flechas, solo con la compañía de un eterno amigo, una libreta y un lápiz.

En la pequeña libreta he esbozado apuntes de vegetación, árboles, rastros, huellas etc. Cuando tenía garabateadas unas siete páginas, he tomado asiento al regazo de un poderoso árbol dejando a Ote a su plena libertad. A lo lejos, una mancha peluda y dorada desaparecía en el verde envolvente, entonces, me he sumergido en el silencio contemplativo para conversar conmigo mismo.

La lentitud nada tiene que ver con el tiempo, pensaba, consiste en tomarse todo con la mayor calma posible. Hemos de aprender a usar el tiempo como aliado y no como enemigo a destruir. Aunque beneficiados o no por los progresos y comodidades incesantes, algo menos de velocidad sería una de las riquezas a recuperar. Una ampliación del tiempo, a base de administrar mejor la velocidad de nuestro paso por él.

Sumido en el silencio pensativo, observo multitud de detalles que me envuelven, el tiempo transcurre, lentamente, todo sucede a su ritmo y sin darme cuenta mi mente se desliza entre los árboles al ritmo lento e intenso de la naturaleza.

Lejos de la sociedad del ruido, percibo las levedades sonoras que emanan incesantemente de la Naturaleza, eso que sería correcto denominar silencio sonoro, tiene un valor ilimitado. No puede ser almacenado. No tiene dueños. No está en el mercado. El silencio puede despertar en nosotros el anhelo más coherente, el de rescatarnos. En nuestra sociedad el silencio no goza de prestigio, resulta indiferente a las mayorías, como esa realidad envolvente, la ecológica, que funciona para que todo funcione.

Abducido por el poder del bosque sigo reflexionando...

La lentitud ayuda a percibir a la vida deslizándose bajo la piel de este mundo. Unas cuantas dosis de calma te permiten viajar con intensidad y con sentido. Solo quien sea lento percibirá como acompañante a la libertad del paisaje y aceptará que el paisaje sea metabolizado por sus emociones, que también necesitan digerir ese alimento que es la belleza de lo que se mira.

Al linde del mundo del sueño reparador noto un húmedo hocico presionar mi nariz, atrapado por la lentitud no he podido evitar el lametón más intenso jamás recibido por humano y respondiendo a mi eterno amigo me he incorporado para iniciar una serie de interminables carreras hasta llegar a la sociedad del ruido.

Como siempre ocurre querido diario,
cuando persigo a mi "velociperro"
llego exhausto y en último lugar.
Ote puede alcanzar la velocidad
de mis mejores flechas,
unas veces haciendo carreras,
otras veces entrando en mi corazón.

Robin

Domingo, 24 de Diciembre del 2000

Querido diario.

Esta noche Nochebuena, mañana... Navidad.

La Navidad, fiesta del amor y de la infancia es actualmente objeto de propaganda, es un pretexto para desaforadas orgías comerciales, hace tiempo que ha dejado de ser la expresión de un sentimiento. Es todo lo contrario, sucedáneo y falsa imitación del sentimiento. Una vez al año hacemos como si otorgáramos gran valor a los bellos sentimientos, como si celebráramos con gusto una fiesta entrañable. Este quedar prendidos momentáneamente de la belleza efectiva de tales sentimientos puede ser muy auténtico, cuanto más auténtico y más emocionante sea, más hay que calificarlo de sentimentalismo. El sentimentalismo es nuestra típica actitud en las contadas ocasiones en que elementos residuales de lo cristiano afloran a nuestra vida cotidiana.

Quisiera despedir el año con algunas imágenes. Imágenes que rebosen pureza, cuyo protagonista sea la luz, nuestra principal fuente de vida.

La vida es una imponente rebeldía, una alegre transgresión en medio de la inerte materia. Un pacífico estallido de desobediencia que siempre intenta, por medios más lentos y más silenciosos, frenar el desorden. Como hija de la luz que es, la vida ilumina con su fulgor la piel de un escaso planeta. Luego explora, para colarse por todas las rendijas como si no tuviera más afán que diluir las sombras, que no son pocas. En cualquier caso la luz, el primer requisito, quién sabe si último, desafía siempre, desborda en casi todas partes. La luz es mucha, casi constante, efectiva y afectiva, gasta poco y entrega mucho.

Que la luz hacedora de vida ilumine nuestro interior.

Robin



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