CRONICA PERSONAL DEL XVII CAMPEONATO DE ESPAÑA

Jordi Durall

Segundo día


Me despierto por un ruido, alguien me ha hecho una foto con flash, ¡no! es un rayo que ha iluminado la habitación, llueve, me levanto, me fumo un cigarrillo mientras oigo llover y los rayos van iluminando a sobresaltos las casas de enfrente, los encuentro interesantes y divertidos.

No puedo volver a dormir, espero que la tormenta acabe y podamos tirar solo con el suelo mojado. Desayunamos y emprendemos la marcha. Primer error: me he puesto un impermeable grueso como si fuera a pescar bacalao, acabaré empapado por dentro.

Nos dan la salida, hoy hay que hacer dos circuitos, me toca el azul y está lloviendo. Me han cambiado de patrulla por ranking, viene el señor Verdaguer, un hombre grueso y bajito envuelto en un impermeable rojo, que más que un impermeable es como un poncho que le dará muchos problemas, porque la cuerda lo rozará, y por culpa del aire se le atravesará con la trayectoria de la cuerda, acabará con su impermeable roto, luego viene otro arquero con capucha e impermeable verde que le cubre de tal manera que parece un bulto jorobado, mi impermeable es amarillo, parecemos un desfile de Aghata Ruiz de la Prada y luego el otro, es un tipo con gafas, sin impermeable, decidido a calarse hasta los huesos, lo conseguiría, y un extraño sombrero. No me acuerdo de como se llama aquel actor que hizo la película de "Aguirre o la cólera de Dios" él es clavadito, serio y callado, da la impresión de no querer saber nada de nadie... y sigue lloviendo.

En la primera flecha... ¡mal! la flecha en vez de salir recta ha salido dando bandazos, no me doy cuenta de lo que pasa hasta tirar la segunda, las plumas están muy mojadas, las he sacudido antes de tirarlas pero eso no ha bastado, el problema son los pompones de la cuerda, están tan llenos de agua que al añadir peso a la cuerda, esta sale dando unos bandazos enormes, intento arrancar los pompones y no hay manera, están demasiado bien atados, el error es llevar un equipo tan ajustado y ahora el peso del agua lo hace inútil y no hay manera, y empieza a llover más fuerte.

La cosa va así: tiramos las flechas y vamos a puntuar, el Aguirre .....que puntúa también se tiene que limpiar las gafas, yo tengo que hacer lo mismo, sacamos las papeletas para puntuar que acabarán siendo pasta de papel y al final casi ni se pueden escribir los números en ellas, mi bolígrafo especialmente diseñado para escribir incluso con agua se ha ahogado y ya no sirve. Aguirre me tiene que dejar el suyo, esto es un maravilloso desastre, el de la capucha verde lleva plumas de plástico y no le van mal las cosas, el señor Verdaguer desesperado, esto ya no es tiro con arco.

Empieza el tramo en que además tenemos que meternos entre las ramas, yo, muy gentilmente les cedo el paso, el primero en pasar se ducha a fondo, el suelo es una pista de barro, empieza el patinaje artístico, en la diana 10 empiezo a buscar un atajo para dejarlo correr e irme, en ese momento el Aguirre empieza a cantar... "¡No le pegues más al burrooooooo, no le pegues más y no me tires más tomates... no me tires más tomaaaates!". Le entiendo en el acto, este arquero canta para no colgarse con la cuerda de su arco de la rama de algún árbol, está hasta el borde, yo, lo mismo, le agarro del brazo y le digo: -¡Tranquilo! me gustaría oir la tercera estrofa de esta canción tan bonita, se lleva la mano hacia el costado -¿Quieres un cigarrillo? -¡Venga! saca el cigarrillo, y en el breve trayecto de su mano a la mía la lluvia lo deshace, -¡Vamos a por otro!... logramos encender y fumar el cigarrillo, al rato aparece un juez para recordarnos que esta prohibido fumar en el bosque, ni le contestamos, ahora además tengo otro problema, tengo delante de mi tres chorritos de agua que salen de mi sombrero, uno por delante, otro por la derecha y otro por la izquierda, lo peor es que al sacar las hojas de puntuación los tres chorritos convergen por el centro e impactan en las hojas de puntuación que se han pegado unas a otras ¡cosa mala! así que ahora la ceremonia ha cambiado: primero, quitarse el sombrero y sacudirlo, luego las gafas que ya no hay nada con que secarles el agua, las chupo con la lengua, luego me cantan las puntuaciones, me quito el guante, Aguirre me pasa el bolígrafo, y como si despegara carteles de la pared, despego una hoja de otra con sumo cuidado, apunto y luego a deshacer toda la ceremonia en sentido inverso... y sigue lloviendo, llegamos a una diana en la que para tirar tienes que ponerte en una piedra de granito inclinado, resbala, salto, la rodilla dice ¡crack! se me escapa un ¡ay! porque hasta este momento no me he permitido ni una queja, ¡nada de cagarse en esto y en lo otro! ni acordarse de las putas ¡no! estoy que no puedo más, pero tranquilo, es posible que ya no esté aquí... pero sigo en la procesión.

El Aguirre sigue cantando su canción y llegamos a 3 dianas para el final, sigue lloviendo pero menos... ¡que más da ya! hay una diana que es un cocodrilo, tiro último, no hemos mirado la diana en el cartel y el pleno que puntúa es el del lomo, mis compañeros han tirado al pleno lateral, yo ya no tiro... yo a lo que salga, apunto al pleno lateral y la flecha se va al pleno del lomo, bajamos a ver que hemos hecho y allí esta el juez, sacude el sombrero, límpiate las gafas, saca las hojas de puntuación, quítate el guante, y entonces va el juez y nos dice que el pleno que puntúa es el de la espalda, mi flecha está allí por casualidad, los otros que se enteran de que no vale, estallan, como me he aprendido la canción del burro y los tomates me pongo a cantar, me encuentro con la mirada de Aguirre, ¿Lo hago bien? le pregunto, inmutable no dice nada, al final logro hacerle reír en el bar, me dirijo a los jueces y les digo que no renuncio, firmo la siguiente papeleta en blanco: un cero global, que si puedo vendré mañana, me voy al coche y me cambio de ropa, me voy al restaurante... la comida es gratis.

Mañana .....será otro día.

Jordi Durall



Primer día

Segundo día

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