Kronus

El final de un mito

En Crecy en 1346, En Poitiers en 1356 y en Agincourt en 1415 los arqueros ingleses habían sido el factor decisivo de aquellas batallas dando la victoria a Inglaterra y siendo causa de una carnicería de franceses. Concretamente, la batalla de Agincourt había sido un mazazo de impresionantes repercusiones en Francia.

En 1428, las cosas no habían cambiado demasiado y los ingleses seguían firmemente instalados en tierras de Francia. Es más, estaban yendo francamente bien para los ingleses, quienes acababan de ponerse a asediar la ciudad fortificada de Orleans, el último reducto francés en el Armagnac.


El asedio de Orleans. Las armas de fuego comienzan a ganar
un protagonismo que pronto será imparable.

Las bandas de jinetes ingleses, -muchos de ellos, arqueros, los famosos Arlequines en sus "chevauchees" - rapiñaban a su antojo por la campiña francesa devastando la economía local.

En aquel momento, en que nadie daba un duro por el futuro de Francia, una joven se presentó ante el rey francés Carlos VII "el rey sin corona":

La tradición dictaba que los reyes de Francia se coronaban por narices en la catedral de Reims, que daba la casualidad que estaba en manos inglesas, por lo que el desafortunado Carlos VII todavía no había podido ser coronado.

Carlos VII: Para un rey joven, inteligente e impetuoso, tenía que ser una situación de profunda irritación el no poder ni ponerse la corona a la que tenía derecho por herencia.

En el Camino a Reims estaba la ahora sitiada Orleans. Aunque los ingleses no tenían suficientes fuerzas para encerrar totalmente la ciudad y su artillería no tenía suficiente potencia para arrasar las murallas y tirarlas abajo, el hecho es que la situación en la ciudad después del largo asedio comenzaba a ser algo más que desesperada. Además, para acabarlo de arreglar, una expedición francesa con aliados escoceses que había tratado de emboscar un convoy de suministros inglés en lo que se conocería como la "batalla de los arenques" por la carga de pescado que llevaba los ingleses, había salido fatal y los franceses habían sufrido otra masacre a manos de aquellos que pretendían emboscar.

En aquel momento apareció una joven doncella, llamada Juana de Arco que se presentó en el castillo de Chinon, donde moraba Carlos VII para pedir audiencia al rey. La joven argumentaba que había recibido visiones de Dios en la que éste la había enviado para liberar Francia del yugo inglés. Venía precedida por un aura de predicciones sobre la fortuna de la guerra que hasta el momento se habían ido cumpliendo.

La joven campesina, le pidió a Carlos VII que la equipara para la guerra y la pusiera al frente de sus tropas. Carlos, por increíble que parezca accedió. Que debía pasar por la cabeza de un Rey, para que decidiera darle a una joven campesina analfabeta que afirmaba que tenía línea directa con Dios el mando del último ejercito que Carlos VII tenía a su disposición? La verdad es que los franceses lo habían intentado todo con los ingleses. Por activa y por pasiva. Cada opción ortodoxa y racional había fallado, y las tropas inglesas, apoyadas por sus temibles arqueros habían ganado consistentemente una vez tras otra. Así que en un régimen que agonizaba en los últimos tramos de desesperación, apenas significaba nada, darle una armadura y enviar con el ejército a una joven que afirmaba que la voz de dios le daba la orden de tomar el ejército de su país y liderarlo a la victoria.


El único cuadro conocido del que se sabe que
Juana de arco posó para un artista, no ha
sobrevivido hasta nuestros días, por lo que
todas las representaciones que existen están
sometidas a la licencia artística del pintor.

Lo increíble del caso es que la doncella cumplió sus promesas y no sólo liberó Orleans, si no que se embarcó en una campaña que liberaría todo el valle del Loira.

El siguiente paso lo dieron en Jargueau, donde pusieron sitio a una fortificación ocupada por los ingleses, hasta que la rudimentaria artillería de la época hundió una de las torres, lo que produjo la rendición del duque de Suffolk.

Luego vino el turno de Meung-Sur-Loire. Aquí la doncella Juana no se explayó en refinamientos tales como instalar la artillería. Lanzó un rápido y contundente asalto frontal que a pesar de salirle bastante costoso, consiguió sobrepasar las defensas inglesas y permitir que al final del día, el bastión ondeara la bandera francesa.

Cuando llegaron a Beaugency, los ingleses abandonaron los puentes (críticos para las líneas de suministros) y se retiraron a la fortaleza en el centro de la población. Allí resistieron un intenso bombardeo de artillería. En estas que llegaron noticias de que un ejército inglés al mando de Sir John Falstolf venía desde París para acabar con los franceses. Para no quedar pillados entre el yunque de Beaugency y el martillo de Falstof, los franceses tuvieron un momento de genialidad y le ofrecieron a los ingleses cercados, respetar sus vidas y dejarles escapar del asedio con sus armas y sus banderas si accedían a marcharse. Los cercados, que no sabían que Falstoff se acercaba, enfrentados a lo que creían una cierta aniquilación por asedio como la que habían sufrido los de Meung Sur Loire y la increíble oferta francesa con su salvoconducto a la libertad, no se lo pensaron dos veces y aceptaron (ya se sabe que quien corre vive para luchar otro día).


Puente medieval sobre el Loira en Beaugency. Hoy en día sigue en pie.

Así pues tenemos al victorioso ejército Francés que desciende por el valle del Loira como una horda vengadora a la que no se le resiste nada. Además cuentan con la chica talismán, Juana de Arco, con lo que los hombres, supersticiosos creen que no pueden perder.

Por el otro lado, tenemos un numeroso ejercito inglés, que se acerca a los franceses y que enseguida se verá reforzado por los hombres que salen de la fortaleza de Beaugency con noticias frescas sobre la localización y composición exactas de las fuerzas francesas.

En cuanto tienen noticias de los franceses, los ingleses deciden hacer lo que ya han practicado una y otra vez en Crecy en 1346, En Poitiers en 1356 y en Agincourt en 1415: buscar un terreno de su agrado, fortificarse allí, y dejar que los franceses vengan a buscar la muerte.

Las defensas de la época consistían en instalar a los arqueros en posiciones protegidas por tres tipos de artefactos:

1.- Estacas:

Se plantaban largas y gruesas estacas capaces de empalar un caballo, plantadas justo delante de la posición de los arqueros, lo cual evitaría que la caballería pudiera cargar directamente contra los arqueros Ningún caballo con los ojos abiertos se lanzaría contra una pared de estacas, y un caballo con los ojos vendados es la mejor manera de acabar con el cuello roto (el jinete, no el caballo). Esto obligaba a los jinetes a frenar la carga, bajar del caballo y avanzar zigzagueando entre las estacas mientras los arqueros disparaban a menos de 50 metros..... Está claro que el caballero no tendría ninguna oportunidad.


Los arqueros protegidos por un bosque de estacas en Agincourt.

2.- Pozuelos:

Más allá de las estacas, los arqueros excavaban cientos de pequeños pozos con el brazo, lo justo para que cupiera la pata de un caballo hasta casi la rodilla. Cientos de estos agujeros traicioneros se abrían frente a la posición arquera, Unas briznas de hierba bastaban para camuflar las bocas de los pozuelos, haciéndolos invisibles para los caballos que avanzaban al galope hacia los arqueros, sus patas se meterían en los agujeros y se las romperían, lanzando al jinete y a su pesada armadura en un aterrizaje salvaje del que tendría suerte el hombre si no se rompía el cuello y era capaz de volver a ponerse de pie. In infante a la carrera también podía meter la pierna ahí y hacerse cisco el tobillo o romperse la pierna directamente.

3.- Caltrops (o Calthrops):

Los arqueros también llevaban consigo miles de caltrops, Conocidos desde la época de los romanos, los caltrops no eran más que piezas de hierro de cuatro puntas configuradas como un tetraedro, diseñadas de forma que cayera como cayera al suelo una de las puntas siempre quedaba hacia arriba. Miles de caltrops se sembraban delante de las posiciones arqueras. Las puntas perforarían tanto la pezuña de un caballo como la suela de uno de los zapatos o botas de la época.


Caltrops

Los caltrops se combinaban con los pozuelos y servían como un "campo" de minas para romper y herir las extremidades tanto de hombres como de bestias.

Además, tanto en Crecy como en Agincourt, el campo de batalla era un lodazal que ralentizaba los movimientos de los franceses, dejándolos expuestos al tiro de los arqueros. Las estacas, los pozuelos, los caltrops y el barro no eran más que métodos de mantener al enemigo más tiempo expuesto a los arcos sin poder alcanzarlos, para permitir que éstos hagan una mella decisiva en el número de enemigos.

Así pues los ingleses de Falstolf buscan un campo de su agrado y lo encuentran en el pueblo de Patay. Muy cerca de Beaugency. Ambos ejércitos están a menos de un día de distancia el uno del otro. Los ingleses, que se saben superiores en campo abierto comienzan sus preparaciones. Ellos no lo saben, pero los franceses están mucho más cerca de lo que se cree.

El ejército francés, se ha dividido y como de costumbre tardará horas en estar agrupado y preparado. Con el grueso del ejército viaja nada más y nada menos que la doncella de Orleans. Juana de Arco en persona. Nadie espera entrar en batalla hasta el día siguiente. Los franceses están preocupados, pues saben que nunca han podido vencer a un ejército inglés en campo abierto.

La caballería con los nobles franceses, las tradicionales víctimas de los longbows ingleses, se han adelantado a las fuerzas de infantería, a las que han dejado muy atrás.

De repente, delante de la posición de los ingleses, que están desembalando su equipo para fortificarse, pasa un venado a la carrera. Los hombres gritan y vitorean. El afortunado arquero que abata la pieza comerá carne fresca esa noche! El griterío atrae a un par de exploradores franceses que ven ante sí el ejército Inglés que está tomando posiciones y todavía no se ha fortificado.

Los exploradores regresan a donde está la caballería e informan. Inmediatamente, la caballería francesa se dirige al lugar. Pasan la cresta y allí, al otro lado del campo, encuentran nada más y nada menos que al ejercito inglés al completo. Los ingleses también les han visto y suenan los cuernos haciendo que los hombres corran apresuradamente a coger las armas. En pocos minutos los ingleses forman en orden de batalla.

Los nobles franceses, al mando de 1500 caballeros al mando de La Hire and Jean Poton de Xaintrailles están al otro lado del campo y discuten lo que hay que hacer. ¿Que hicieron los franceses en Crecy? ¡Cargar!. ¿Que hicieron los franceses en Poitiers? ¡Cargar! ¿Que hicieron los franceses en Agincourt? ¡Cargar!

La discusión se acalora. La caballería está sola, no tiene apoyo de infantería, que todavía está a Km. de distancia. Pero ahí están los ingleses! ¿Qué es lo que hacen esta vez los franceses?

¡C A R G A R!

Sin embargo hay un factor diferencial importante. Por primera vez, las posiciones de los arqueros no están protegidas. Es la primera vez que no han tenido tiempo de desplegar las estacas, cavar los pozuelos y sembrar el terreno de caltrops. Además el campo ante ellos no está embarrado. El suelo está compacto y duro.

Esta vez los arqueros no están fortificados. Acaso, alguno ha levantado alguna estaca improvisada, pero Por primera vez, será el arquero contra el caballero... pero sin el barro, sin las estacas y sin los caltrops. Los ingleses están desplegados en campo abierto y observan como los franceses también se despliegan en escuadrones y éstos en "Conrois" al otro lado del campo. De repente se inicia la carga. Comienzan a avanzar al paso. Avanzan así para no cansar a los caballos y mantener la formación apretada y compacta.

Los confiados ingleses despliegan en el centro a sus lanceros y hombres de armas. En los flancos están los arqueros. Una imponente masa de miles de arqueros. Los arqueros del ejercito continental inglés están presentes aquí. Los soldados del ejército confían en el vuelo de las flechas para arrasar con el enemigo como ya ha ocurrido antes. La masa de caballería avanza imperturbable hacia ellos. La caballería se pone al trote. Una vibración ultrasónica producida por los cascos de los 1500 caballos cargados de hombres y hierro recorre el campo y sube por las piernas de los ingleses. El estómago se anuda mientras la carga, en un despliegue multicolor avanza hacia ellos. Pero hay confianza.

Cuando las líneas de caballería llegan a la línea de los 250 metros, se escuchan las voces de los sargentos de arquería. Miles de flechas se elevan en el cielo. Los caballeros cierran los visores de sus yelmos y clavan las espuelas inmisericordemente en el flanco de las bestias. Los caballos saltan hacia delante mientras caen las primeras flechas. Aquí y allí los hombres y los caballos se derrumban. Sin embargo han pasado más de diecinueve años desde Agincourt. Los jóvenes nobles franceses que perdieron a sus padres en Agincourt, llevan nuevas armaduras. Son armaduras más gruesas que las de sus antecesores. Las flechas no están derribando hombres y caballos al ritmo esperado.

La carga de caballería retumba por el prado. Los arqueros lanzan flecha tras flecha, pero no dejan de observar, nerviosos, el espacio vacío ante ellos. Donde tendría que haber un bosque de estacas y un yermo de trampas, sólo hay hierba. Y sin una gota de barro! En ese terreno, los caballos alcanzan enseguida su velocidad máxima de carga.

Los ingleses contemplan como a los arqueros sólo les da tiempo de lanzar unas pocas descargas antes de que los caballeros se les tiren literalmente encima. Entonces ocurre lo impensable. Los arqueros, desprotegidos, ven aquella masa de caballos, hombres encerrados en armaduras con mucha mala leche y muchas cosas que vengar, y esta vez no tienen nada que los entretenga a la distancia de tiro en la zona de la muerte (50 Metros ante sus posiciones) y tienen la certeza de que si se quedan ahí los van a hacer picadillo. Unos pocos hombres pierden la cabeza y salen corriendo ante los reproches de los demás. Pronto, la carrera es una desbandada y en los dos flancos, los arqueros ingleses corren para salvar su vida.

La carga francesa choca contra las filas inglesas a una velocidad vertiginosa. Los hombres que reciben el impacto de un caballo, salen despedidos por los aires. A esa velocidad, las lanzas atraviesan un hombre y lo rompen como si fuera de papel antes de empalar al siguiente hombre. En los flancos, la carga se convierte en una persecución. Los jinetes persiguen uno a uno a los arqueros que huyen y los matan inmisericordemente. El centro inglés aguanta unos minutos y sobrepasado por los flancos, se hunde y comienza la desbandada general. Por todos lados hay gritos ingleses de "Sálvese quien pueda!" y "traición!" y "dadnos cuartel!" pero todos se dan con los talones en el culo y mariquita el último. Los caballos corren más que los hombres y los arqueros en un inútil intento por correr más, dejan caer sus arcos, sus flechas y sus espadas. Es en vano. Son masacrados por los exultantes jinetes franceses.


La carga de caballería llega a las líneas inglesas que están sin fortificar.

La derrota es aplastante. Cuando el grueso del ejército francés llega, la batalla ha acabado. Falstolf consigue huir con unos cuantos nobles ingleses, pero caerá en desgracia. Por lo demás, ha sido una desgracia. La batalla ha dejado a los ingleses huérfanos de sus mejores elementos: mandos (han muerto muchos, masacrados) y arqueros (casi la totalidad de los hombres a pie, ha sido exterminada, arqueros incluidos) Ambos partes atribuyen el resultado de la batalla a Juana de Arco (Aunque Juana no ha participado en la acción. Todavía estaba lejos y ni siquiera sabía que estaba ocurriendo). Los ingleses la califican de bruja y los franceses de santa.

Sin arqueros y sin mandos, el ejército inglés se repliega. Los franceses recuperan Reims y por fin Carlos VII puede ser coronado.

La batalla es el punto de inflexión de la guerra de los cien años que concluirá con los ingleses expulsados de Francia. Pero más importante aún, la batalla es el fin de un mito: El mito de la invencibilidad de los arqueros ingleses.

Han sido necesarios miles de muertos y decenas de años de contienda pero cuando finalmente se han enfrentado los caballeros a los arqueros sin que mediaran fortificaciones ni barro, los caballeros han demostrado su supremacía.