Kronus

Las legiones perdidas de Varo

En el año 9 de nuestra era se produjo una batalla en las profundidades de los bosques germanos. En las afueras de la actual población de Kalkriese, cerca de Detmold.

Esa batalla, que en aquel momento ya fue de por sí una calamidad para Roma, supuso algo que unos siglos más tarde tendría consecuencias que nadie podía preveer en el año 9.

En el año 5, el emperador Augusto tenía previsto romanizar Germania con un "tour de force" que recorrería el territorio con nada menos que nueve legiones, sin embargo, tuvo que anular el viaje en el último momento porque hubo un levantamiento en Panonia y las legiones tuvieron que ser enviadas allí a toda prisa. Dos años más tarde, el emperador Augusto, descartó una acción militar y considerando que después de más de 20 años en manos romanas, los territorios ocupados al este del Rin, tal vez no necesitaban una demostración de fuerza y estaban maduros para convertirse en provincias romanas. Con ese fin, Augusto, hizo llamar desde la lejana siria al gobernador Publio Quintilio Varo, con el fin de que completara la romanización de las nuevas provincias.


Moneda de pago de las legiones con la efigie de Varo.

A Varo, la designación le venía como anillo al dedo, ya que había sido salpicado por un escándalo de corrupción durante la última época en la que había gobernado en Siria. Había salvado la cabeza por un pelo (Augusto no toleraba la corrupción excesiva) y veía en su nuevo destino una posibilidad de lavar su nombre y su reputación.

Así pues Varo, se presentó en Germania y acto seguido comenzó a informar a los belicosos caudillos locales de que a partir de aquel momento imperaba la lex romana y entre otras cosas, estaba prohibido vapulearse entre ellos, cosa que al parecer, los germanos consideraban tan tradicional como las corridas de toros en la España de hoy.

Varo se había rodeado de un séquito de germanos "romanizados" que debían ayudarle a gestionar las nuevas provincias. Uno de estos germanos iba a tener un papel fundamental: Su nombre era Arminio.

Arminio, fue cedido por su padre como rehén a Augusto, (práctica normal entre los caudillos barbaros de la época, como prenda de que el bárbaro no se levantaría en armas contra los romanos si no quería que le devolvieran la cabeza de su hijo en una cesta). Augusto había llevado al chaval consigo durante sus campañas y no tardó en meterlo en las unidades de caballería auxiliar, donde a base de arrojo, valor, inteligencia y méritos propios durante los años de campaña con Augusto, el joven germano prosperó y ganó honores hasta el punto de que se le premió con el máximo privilegio al que un bárbaro podía aspirar: La ciudadanía romana. Para entonces Arminio era jefe de auxiliares de las legiones en Panonia, cuando recibió la orden de trasladarse a Germania a ayudar a Varo. No es necesario explicar que Arminio, como comandante de auxiliares que combatían en perfecta sincronización con las cohortes, comprendía la táctica y la estrategia de las legiones romanas a la perfección.

Acostumbrado a los sistemas que tan buenos frutos le habían dado en Siria, Varo cogió a Germania como el cocinero que coge a una gallina por el cuello antes de meterla en la olla. Sin embargo, los Germanos no eran Sirios. Eran belicosos, orgullosos e independientes y no vieron nada bien la política de Varo, quien además, incrementó la presión fiscal de una forma brutal. Obviamente, una persona puede soportar muchas cosas, pero cuando te tocan el bolsillo y no queda qué llevarse a la boca, hay momentos en los que se dice "Basta". Así que Varo hizo frente a la resistencia civil "a la germana" de la única forma que conocía: Con el control de antidisturbios "a la romana": Las legiones quemaban poblados, crucificaban a los cabecillas "rebeldes", y en general, una población podía considerarse afortunada si únicamente era diezmada. (ejecución aleatoria de uno de cada diez hombres del poblado rebelde).

Obviamente, a Arminio se le atravesó el ver a su propia gente tratada de aquella forma y con mucha posibilidad más de una vez habría recibido órdenes de Varo de ejecutar la represión.

Así, pues en el invierno del año 8, mientras las legiones se acuartelaban en sus fuertes, (en aquellas épocas, la guerra se hacía sobre todo, en verano) Arminio tramó con los cabecillas de las tribus germanas de la región, un levantamiento que debería acabar con la opresión de Varo.

En cuanto llegó el verano del año 9, Varo sacó a las legiones a su mando de los fuertes a orillas de Lippe. Las legiones era las XVII, XVIII, y XIX. Fiándose de las fuerzas auxiliares de caballería al mando de Arminio que actuaban como pantalla en los flancos y elementos de exploración por delante de las columnas, Varo se adentró en los bosques germanos.

Una legión estaba compuesta aproximadamente por 3000 legionarios, (entre las 3 legiones, debemos, pues calcular aproximadamente 9000 hombres) a los que había que añadir unos 2000 auxiliares por cada legión (un total aproximado de 6000), cada ocho hombres disponían de una mula y un mozo que les llevaría la tienda y la impedimenta, Por si no fuera poco, hay que añadir un séquito de civiles que vivía de y para las legiones: Herreros, armeros, curtidores, carpinteros, etc. ¡Hasta prostíbulos de campaña!. Cada artesano viajaba con su carromato, sus bueyes, sus familias... Se estima que las tres legiones iban acompañadas de aproximadamente 5000 civiles. Así pues, tenemos un total de 20000 personas.

Arminio, engañó a Varo, informándole de que en el interior de Alemania, en los territorios de los queruscos, se estaba cociendo una rebelión masiva. Varo hizo caso de Arminio y se adentró en Germania cientos de quilómetros. Arminio había tejido su red con paciencia y la mosca de Varo iba a caer en la trampa. Al final del verano, después de agotar a sus legiones en baldías persecuciones que no llevaron a nada, Varo le dijo a Arminio que era el momento de volver a los fuertes de invierno en el río Lippe y le pidió que trazara la ruta. Era el momento que Arminio había estado esperando.

La ruta que Arminio preparó, llevaba a las legiones a un punto de las montañas del Teutoburgo, que está espesísimamente arbolado. En ese punto en concreto, (cerca de la moderna población de Kalkriese) la ruta tenía que pasar por un cuello de botella con una abrupta montaña por un lado y un infranqueable rio de pantanosas orillas por el otro.

Un ejército legionario avanzaba un promedio de 30 Km. diarios. El procedimiento era el siguiente: Pasaban cada noche en un campamento fortificado, rodeado de una empalizada y un foso, que daba cabida a las legiones del ejército y donde podían descansar en completa tranquilidad.

A la mañana siguiente, Los primeros en ponerse en marcha eran las unidades de caballería auxiliar que debían explorar el terreno por el que debía avanzar la legión. Mientras tanto cada manípulo, cedía un número determinado de hombres a la unidad de ingenieros, que era la primera que se ponía en marcha. Su función era cortar árboles allí donde las carretas no pasaban, rellenar zanjas o levantar puentes para los hombres que seguían. Mientras tanto, la fuerza principal de legionarios que había quedado atrás, destruía la empalizada y rellenaba los fosos. Era norma que ningún campamento se dejaba atrás intacto para que lo pudiera utilizar un enemigo. Las cohortes iban partiendo de forma escalonada. y entre las cohortes, se intercalaban los civiles que acompañaban a la legión. Según el trabajo de desmontaje avanzaba, las cohortes se ponían en ruta por el camino abierto por los ingenieros.

Se ha calculado, que para una columna de 3 legiones, las primeras unidades, llegarían al nuevo campamento mientras las últimas todavía estaban dando los últimos toques al desmantelamiento del campamento anterior. Los legionarios que habían salido los primeros y que prácticamente no habían trabajado en el desmantelamiento, tenían ante sí, la tarea de comenzar a talar árboles para construir una empalizada y cavar las zanjas para el campamento de la siguiente noche. Imaginad el espacio que hace falta para poner tiendas de campaña en ordenadas hileras para 20000 personas y os hacéis una idea del tamaño a desbrozar así como de la longitud de la empalizada y su zanja de defensa. Los últimos soldados que habían trabajado duro durante todo el día para desmontar el campamento anterior, tenían el consuelo de saber que casi todo el trabajo del nuevo campamento estaría hecho.

Durante la marcha, los legionarios, llevaban su escudo colgado de la espalda, protegido por una funda de cuero (era de madera y si llovía y se mojaba, las capas de madera de que estaba hecho, podían hincharse y deformarse). Un palo en forma de T que pasaban por encima del hombro y donde llevaban el equipo estándar de cada legionario. (una herramienta de construcción, una escudilla, la cantimplora con forro de plata, dos pilums, dos picas de defensa del foso y una pequeña bolsa con sus pertenencias personales.

No se podía esperar que un legionario pudiera luchar si era así sorprendido. La columna legionaria dependía de su pantalla de caballería, para detectar cualquier amenaza a tiempo para que los hombres se aprestaran al combate. Sin embargo, esta vez, la caballería auxiliar que debía realizar esta función, estaba compuesta básicamente por germanos a las órdenes de Arminio.

Aquel amanecer de septiembre , la legión se despertó como de costumbre. El cielo estaba velado por negras nubes que presagiaban una intensa tormenta. Cuando la inmensa columna se puso en marcha, Arminio, que cabalgaba junto a Varo, pidió permiso para unirse a la avanzadilla con sus hombres, y Varo le despidió con sus bendiciones. La caballería auxiliar, sencillamente se desvaneció uniéndose a las masas de guerreros germanos que pacientemente aguardaban emboscados en silencio a ambos lados de la ruta que debían tomar los romanos.


El denso bosque del Teutoburgo.

Paradójicamente, la noche anterior, Segestes, suegro de Arminio, había advertido a Varo de la traición de su yerno, sin embargo, Varo, hizo caso omiso, creyendo que el aviso era la pataleta del anciano por la boda no consentida de su hija con un hombre que había demostrado su lealtad a Roma hasta el punto de ganarse la ciudadanía.

Pronto, según las crónicas, comenzó a llover torrencialmente, en medio de un intenso aparato eléctrico. En algún momento de aquella mañana, En medio de los retumbantes truenos, una centuria romana (80 hombres) caminaba empapada hasta los huesos en su esforzada rutina, precedidos por un grupo de carros de civiles y seguidos por un tren de mulas de la cohorte, cuando de repente, una horda de hombres con coloridas pinturas de guerra salió aullando del bosque y tras lanzar una lluvia de jabalinas sobre los sorprendidos romanos, se acercó para asestar unos cuantos golpes de espada y retirarse de nuevo a la espesura, dejando tras de sí un puñado de estremecidos supervivientes rodeados de muertos y heridos. Para los belicosos germanos, después de repetir el ataque varias veces sobre los aturdidos legionarios o los aterrorizados civiles, la rutina de lanzarse aullando por el bosque a todo correr, lanzar las jabalinas, llegar al cuerpo a cuerpo, buscar blancos de oportunidad para darles unos tajos y salir corriendo antes de que el otro pudiera reorganizarse, podía ser hasta divertido.

Es muy improbable que el ataque se produjera en el frente de 30 kms de la ruta de marcha. Este episodio tuvo que repetirse docenas de veces a lo largo de la larga columna en unos cuantos puntos en concreto donde se crearían situaciones de caos absoluto. Los cuernos de alarma de los romanos debieron resonar a lo largo de todo el camino, apagados por el diluvio, mezclándose con los truenos, hundiendo toda la columna en la alarma. Los que no habían sido atacados sabían que más adelante o más atrás resonaban los cuernos de alarma, y se preparaban para un tipo de lucha para el que no estaban entrenados. La legión estaba entrenada para formar en un frente en campo abierto. Estos ataques rápidos y aleatorios por parte de un enemigo que tras descargar su golpe desaparecía en la espesura con la rapidez con la que había llegado, tenía que crear una intensa confusión a las centurias, estiradas a lo largo del estrecho camino en el bosque. Las unidades atacadas, se recomponían como podían y trataban de ayudar a sus heridos. Si algo tenían claro los romanos es que no podían quedarse donde estaban. Tenían que seguir adelante, hasta llegar al nuevo campamento, donde se reagruparían y volverían a ser una fuerza de combate. Inadvertidamente, esta huida hacia delante, con el enemigo a sus espaldas y sin caballería nativa que les guiara, les metía de cabeza en el cuello de botella de Arminio.

Aquella noche, con mayores o menores perdidas, tres legiones ciertamente estremecidas por la experiencia se reunieron en el campamento. Tras el terreno por el que habían avanzado, se elevaban en la noche, los aullidos y gritos de los heridos dejados atrás que los germanos se aprestaron en martirizar como venganza por la opresión romana. Varo decidió quemar todo aquello que pudiera ralentizar la columna: Carros, maquinas de asedio (los romanos siempre viajaban con su artillería), etc. Los civiles fueron obligados a despojarse de todo aquello que era su método de subsistencia y se aprestaron a moverse el día siguiente con lo puesto como toda pertenencia.

Al día siguiente, Varo puso en marcha a sus legiones. Una al frente, y las otras dos cubriendo los flancos. La caballería en retaguardia, y en el centro, los civiles. Llegaron a unos prados donde hicieron buena marcha y las legiones pudieron mantener su formación. Desbandando cualquier fuerza germana que trató de ralentizarlos. Sin embargo, las hordas de Germanos les seguían a la distancia, acercándose lo justo para lanzar jabalinas sobre los romanos, pero sin llegar a entrar en combate. Pero según avanzaron, pronto volvieron a meterse en un bosque muy denso y las formaciones romanas se vieron encajonados entre una montaña y las pantanosas orillas de un rio. Las formaciones comenzaron a apelotonarse en el reducido espacio. Los romanos habían entrado en el embudo y la trampa de Arminio se había cerrado.

Durante todo el invierno, Arminio había fortificado el embudo, que en su punto más estrecho tiene sólo 220 metros. Todos sus años de experiencia al servicio de las legiones se tradujo en un sistema de Muros, defensas y zanjas inundadas con estacas afiladas.


Moderna reconstrucción en Kalkriese.

La evidencia arqueológica demuestra que estos muros y fosos se erigieron de una calidad y tamaño similar al que una legión podría construir en campaña, en una configuración precisa (en ángulo sobre la línea de avance) para anular la ventaja de las armas y estrategias romanas que Arminio tan bien conocía. La pesadilla de la mejor máquina militar de la época, la legión, había sido concebida, estaba lista y estaba a punto de caer sobre la legión como una tonelada de ladrillos sobre un seat 600.

Pronto las unidades de vanguardia vieron su avance cerrado por las fortificaciones. Varo hizo un alto, y consciente de que la horda que les había atacado el día anterior estaba a sus talones, ordenó a una porción de sus tropas levantar un campamento fortificado a toda prisa a caballo de la pantanosa orilla del rio y un pequeño montículo, mientras el resto de sus fuerzas fueron enviadas al frente a tratar de abrirse camino en las fortificaciones a cualquier precio.


Entre el pantano (verde oscuro) y las colinas (marrón)
que por cierto, también estaban fortificadas, está la zona rosa
donde se han recuperado miles de objetos de las legiones.

Durante todo el día, oleada tras oleada de legionarios se estrelló contra las fortificaciones que con tanto cuidado había levantado Arminio, defendidas por feroces germanos. Imagínate con una pesada coraza y un gigantesco escudo, tratando de salvar un foso erizado de afiladas estacas tras que el que se levanta una empalizada de dos metros, sobre la que te esperan vociferantes germanos que no dejan de lanzar jabalinas y armados con grandes espadas y hachas. Las tácticas de equipo que tanto has entrenado con tus compañeros legionarios no te sirve de nada, porque arriba de la empalizada estás sólo y se trata de un uno contra uno con un tipo con pinturas azules, trencitas rubias y músculos descomunales que además sabe que lleva las de ganar. Jodido, ¿no?

Al acabar el segundo día lo que quedaba de las tres legiones, se replegó al fortín levantado a toda prisa a lamerse sus heridas y a recontar lo que quedaba en condiciones de luchar, que ya no era mucho. Las bajas habían sido cuantiosísimas.

El amanecer siguiente reveló que miles de germanos de varias tribus rodeaban la maltrecha fuerza romana. La desesperación cundió en los romanos. Varo se suicidó dejándose caer sobre la hoja de su espada. Casi todo su estado mayor, siguió su ejemplo. Varias centurias decidieron rendirse y fueron escabechinadas in situ a la vista de sus horrorizados camaradas que habían decidido resistir. Un portaestandarte con su águila (el símbolo de la legión) se metió en el pantano, entre las lágrimas de sus compañeros para que el águila nunca cayera en manos enemigas. (las otras dos águilas si que cayeron). El jefe de las turmas de caballería legionaria (romana), creyó que podía escapar con sus hombres a lomos de sus monturas. Ni un solo jinete consiguió sobrevivir. Los ecos del bosque les hicieron llegar los gritos de la arenga que Arminio hizo a los suyos antes del asalto final. Al acabar el día las tres legiones habían dejado de existir.

A pesar de todo, algunos cientos de supervivientes, en pequeños grupos o solos, consiguieron escurrirse del cedazo germano y llegar a los fuertes romanos de la frontera. Uno tras otro los fuertes tuvieron que ser evacuados debido al levantamiento general de los germanos.

Cuando las noticias llegaron a Roma hubo pánico. Durante más de dos siglos, ningún ejército romano había sufrido una derrota de tal calibre. Augusto quedó postrado de dolor. No podía reemplazar las tres legiones sin imponer una inaceptable carga fiscal al imperio. El ejército romano quedó reducido de veintiocho a veinticinco legiones durante décadas. Cuentan las crónicas, que Augusto, en su desesperación se golpeaba la cabeza en las paredes de palacio gritando "¡Varus!, ¡Varus! ¡Legiones redde!" (¡Varo!¡Varo! ¡Devuélveme mis legiones!) Pero Varo había muerto, y sus hombres también. A los supervivientes de la masacre de Varo, se les prohibió bajo pena de muerte poner sus pies en Roma. Nadie debería conocer los detalles del desastre.


Emperador Augusto.

Las orillas del Rin estaban en llamas. La sublevación germana se extendía como el fuego en un pajar. Los fuertes tenían que ser abandonados. La desaparición de las legiones de Varo, había dejado abierta de par en par las puertas de la Galia y del norte de Italia a los germanos. No quedaban tropas entre Roma y Arminio. Afortunadamente para Roma, Arminio no explotó su momentánea ventaja y se quedó en casa a consolidar su victoria.


Moderna reconstrucción de fuerte romano en el Linde del Lippe.

La organización romana entró en juego, y con su máquina militar comenzó el lento proceso de re consolidación. En el año 14, Tiberio envió bajo el mando de Germánico, una expedición de venganza al mando de 70000 hombres reforzados por birremes que movían los suministros por la red fluvial alemana. Germánico llegó al bosque del Teutoburgo y descubrió los miles de huesos blanqueados de los romanos que los Germanos habían dejado a la intemperie para que se los comieran las alimañas. Tras enterrar los restos de las legiones de varo, Germánico se lanzó en una campaña de vengativa destrucción. Para los germanos el precio de evitar el genocidio y conseguir la paz fue entregar a Arminio (Fue asesinado a traición por su familia política) y devolver las dos águilas de las legiones de Varo. Tras conseguir lo que querían, los romanos se retiraron al oeste del Rin.

Pero el daño ya estaba hecho: Después del descalabro, los romanos renunciaron definitivamente a romanizar Germania. No hubo ningún otro intento. La frontera que momentáneamente había estado en el Elba quedó definitivamente fijada en el Rin. Los germanos mantuvieron su independencia y nunca más sintieron el roce de la romanización. Cuatro siglos más tarde, las tribus germánicas, aún libres y aún bárbaras, iban a caer sobre Roma y a hacerla pedazos.

¿Qué hubiera pasado si Varo no hubiera soliviantado a los Germanos hasta la rebelión? ¿Qué habría pasado si Arminio no hubiera destruido a las tres legiones de Varo? ¿Qué habría pasado si Germania se hubiera romanizado? ¿Qué hubiera ocurrido con el imperio romano si tras masacrar a las legiones de Varo, Arminio hubiera marchado sobre Roma?

Sin duda, la historia sería muy diferente de como la conocemos hoy.

La batalla del Teutoburgo, aunque desconocida por muchos, es uno de los puntos de inflexión más grandes de la historia de la cultura occidental.