Magia en el bosque...

Sensaciones, sentimientos y pensamientos. La compañía del árbol produce unos sentimientos lentos, sosegados, duraderos y profundos. Gran parte de la belleza de esta relación radica en que se trata de una vivencia íntima, dificilmente explicable en palabras.

No se pretende teorizar, aunque puede que algunas veces lo haga, sino de experimentar el bosque. Se trata de recuperar una vieja amistad de la que depende nuestra supervivencia y nuestro bienestar físico y espiritual.

Todas las tradiciones, religiones y creencias confluyen en el árbol y utilizan un lenguaje universal cuando intentan expresar su belleza, hay que ser capaz de sentir el corazón inmenso y sosegado que late desde lo más profundo del bosque.

Cuando el mundo se tambalea, cuando el gran Fresno se estremece, nos queda la luz, aún podemos volver los ojos hacia la belleza, recorrer los únicos caminos que merecen la pena recorrerse, los del corazón. En todos ellos, más tarde o más temprano encontraremos al árbol.


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