Luz y silencio:

Esta mañana, Ote, mi primer Golden Retriever estaba un poco inquieto, harto de verle con la mirada clavada en la puerta le he rodeado con mis brazos para susurrarle la fugaz idea de dar un paseo por el bosque, he estado a unos segundos de quedarme sin puerta. Así que nos hemos obsequiado con un distendido paseo por el bosque, esta vez sin arco, sin flechas, solo con la compañía de un eterno amigo, una libreta y un lápiz.

En la pequeña libreta he esbozado apuntes de vegetación, árboles, rastros, huellas etc. Cuando tenía garabateadas unas siete páginas, he tomado asiento al regazo de un poderoso árbol dejando a Ote a su plena libertad. A lo lejos, una mancha peluda y dorada desaparecía en el verde envolvente, entonces, me he sumergido en el silencio contemplativo para conversar conmigo mismo.

La lentitud nada tiene que ver con el tiempo, pensaba, consiste en tomarse todo con la mayor calma posible. Hemos de aprender a usar el tiempo como aliado y no como enemigo a destruir. Aunque beneficiados o no por los progresos y comodidades incesantes, algo menos de velocidad sería una de las riquezas a recuperar. Una ampliación del tiempo, a base de administrar mejor la velocidad de nuestro paso por él.

Sumido en el silencio pensativo, observo multitud de detalles que me envuelven, el tiempo transcurre, lentamente, todo sucede a su ritmo y sin darme cuenta mi mente se desliza entre los árboles al ritmo lento e intenso de la naturaleza.

Lejos de la sociedad del ruido, percibo las levedades sonoras que emanan incesantemente de la Naturaleza, eso que sería correcto denominar silencio sonoro, tiene un valor ilimitado. No puede ser almacenado. No tiene dueños. No está en el mercado. El silencio puede despertar en nosotros el anhelo más coherente, el de rescatarnos. En nuestra sociedad el silencio no goza de prestigio, resulta indiferente a las mayorías, como esa realidad envolvente, la ecológica, que funciona para que todo funcione.

Abducido por el poder del bosque sigo reflexionando...

La lentitud ayuda a percibir a la vida deslizándose bajo la piel de este mundo. Unas cuantas dosis de calma te permiten viajar con intensidad y con sentido. Solo quien sea lento percibirá como acompañante a la libertad del paisaje y aceptará que el paisaje sea metabolizado por sus emociones, que también necesitan digerir ese alimento que es la belleza de lo que se mira.

Al linde del mundo del sueño reparador noto un húmedo hocico presionar mi nariz, atrapado por la lentitud no he podido evitar el lametón más intenso jamás recibido por humano y respondiendo a mi eterno amigo me he incorporado para iniciar una serie de interminables carreras hasta llegar a la sociedad del ruido.


Regresar