Otoño:

Puedo sentir la penetración del otoño, la temperatura ha descendido y se respira humedad. El bosque desnudará gran parte de su árboles para entrar en un calmado reposo, durante este proceso nos mostrará una multitud de tonalidades.



Adoro los matices otoñales, es agradable pasear por el bosque cubierto de hojas secas que crujen bajo nuestros pies. ¡Con qué elegancia se dirigen a sus tumbas! ¡Qué plácidamente se dejan caer y se enmohecen! Se tiñen de miles de colores y se convierten en el lecho sobre el que caminamos nosotros los vivos. Marchan, ligeras y juguetonas, hacia su última morada. Ellas que se elevaron tan alto, con qué satisfacción regresan de nuevo al polvo y yacen en el suelo, resignadas a pudrirse a los pies del árbol para nutrir a las nuevas generaciones de sus semejantes, del mismo modo que antes se mecían en la copa del árbol. Ellas nos enseñan cómo morir.

Me pregunto si llegará un tiempo en que los hombres, con su cacareada fe en la inmortalidad, yacerán con tanta elegancia y perfección, y, con una serenidad semejante a la de las hojas en otoño, se despojarán de su cuerpo como se despojan de sus cabellos y uñas.



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