La cabaņa:

El suelo de madera cruje bajo mis pies, imagino que está lloviendo, las gotas de lluvia resbalan por el borde de la ventana y caen en los cantos rodados que ocupan la ladera debajo de la cabaña, con una cadencia intermitente, me gusta oir esa pauta, me relaja. La niebla se aproxima desde las altas cumbres de las montañas, diciendome que las estaciones están cambiando mientras yo observo silenciosamente los movimientos de la naturaleza.

Hoy, la lluvia podría transformarse en nieve. Dentro de la cabaña, con el fuego encendido protegiéndome del frio húmedo de la mañana, disfruto del silencio del bosque. Incluso oyendo el agua que corre en el rio y canta para mi, siento el respeto hacia esas montañas majestuosas y su tranquilidad vigilante.



A través de la ventana, esta visión del caracter sagrado de la vida se convierte en mi maestra. Me habla de la insignificancia del drama humano, pidiéndome que me confunda con la niebla que cubre el valle inferior. Como un gigante, de pie en el borde del agua, quedo en silencio, escuchando el fluir del río. Por un momento infinito, me convierto en árbol, viendo todo lo que ha pasado anteriormente. Después, entre la niebla, la claridad penetra en mis sentidos. He oído la pauta eterna. Contiene la música de todas las formas de vida y respira al unísono con los latidos de todo ser viviente.

En ese momento eterno, mientras oigo la pauta, la niebla se desvanece y la luz del abuelo Sol entra en mi corazón....



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