La fuerza del ceder:

A media mañana, cuando discurría cerca del bosque, he abandonado a mis amigos arqueros introduciendome en el túpido bosque, tenía necesidad de ir al encuentro de un viejo amigo, un viejo árbol que en más de una ocasión me ha dado cobijo con su silencio.

Al pie de ese poderoso y viejo árbol alcé la vista observando como agujereaba la bóveda azul del cielo. Mis ojos bajaron desde la cima a la base de mi compañero, maravillandome mientras observaba como su cuerpo partía de una roca sólida. Que fuerza, pensé maravillado. La piedra que soportaba el árbol era gigantesca, aunque estaba partida en dos.

Sentí que algo tiraba del borde de mi conciencia y caí en la Quietud, escuchando. El poderoso árbol habló a mi corazón, diciendo: "La fuerza se encuentra en los que ceden. El árbol se inclina al viento y no se rompe. Esta piedra ha cedido a mis raices, dejando paso a una nueva forma de vida, y permitiendo que sus minerales alimenten mi cuerpo. A lo largo de infinitas estaciones, la piedra se erosionará, llegando a ser tierra. Con el tiempo, mi cuerpo de madera, mucho después de su uso actual, va a socorrer a los que vengan detrás de mí. Estamos dispuestos a ceder ante el proceso que da vida a las próximas generaciones. Esta es nuestra fuerza. Servimos durante todas las etapas de nuestras vidas. Esta es la fuerza que se encuentra en el acto de ceder: dejamos que ocurra lo que se supone que debe ocurrir. Dime, amigo arquero, ┐puedes hacer tú lo mismo?".

Silenciosamente apoyé la palma de mi mano en el tronco y medité esas breves pero profundas palabras. A los pocos minutos desperté. Estaba agazapado debajo de un gran árbol, un viejo conocido.

De regreso a casa, volví mi cabeza hacia atrás, el bosque quedaba a lo lejos, pero un árbol sobresalía por encima de los demás.



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