Ignacio:

Ayer mientras estaba practicando en el campo de entrenamiento, tomé mi arco y me sumergí en mi precioso bosque. Habían transcurrido apenas unos minutos, cuando noté que alguien o algo me estaba siguiendo. Apoyé mi arco en un pino centenario y tomé asiento en una losa de piedra cercana al árbol. A los pocos segundos apareció el misterioso individuo.

Como quien no quiere la cosa, un petirrojo curioso apareció entre el verde forestal, un nuevo amigo al que he bautizado con el nombre de Ignacio.



Nos observamos unos segundos y al momento empezó a saltar por el suelo dándome un rodeo y emitiendo un curioso Tic Tic. Hurgué en uno de mis bolsillos hasta recoger unas migas de pan del resto del bocadillo matutino, y en pequeñas cantidades lancé la tentación a unos metros de mi. Ignacio uno de los pájaros más curiosos que uno pueda toparse en el bosque se acercó con disimulo a las migas sin perderme de vista ni un instante.

En unos minutos Ignacio se situó a un metro de mis pies, delicadamente me levanté, pensando que el gallardo pajarillo saldría en estampida y cual fue mi sorpresa cuando solo efectuó un pequeño salto hacia atrás, cogí mi arco y reanudé mi paseo. Durante mis pequeños itinerarios Ignacio no me abandonaba, me detenía para fumar un cigarrillo observando con tranquilidad cuanto me rodeaba mientras Ignacio a escasos metros investigaba el terreno y marcaba el territorio con sus tics tics.

A media mañana regresando hacia el campo de entrenamiento, me di cuenta de que Ignacio ya no me seguía, y pensé lo grato que sería regresar otro día y reencontrar a ese espontaneo vivaracho y atrevido amigo.



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