Tejo:

Hoy he conocido a un verdadero ermitaño del bosque, el Tejo. Es un árbol triste y de follaje verdinegro, su madera incomparable viene utilizándose desde el neolítico para un sinfín de usos, antiguamente los mejores arcos eran de tejo, y esto puede darnos una idea de la persecución y casi exterminio que tuvo lugar en muchas regiones cuando se avecinaba una guerra. Su madera era muy apreciada por su resistencia y duración, su dureza tan solo puede compararse en nuestra tierra a la del boj, dicen que desafila la herramienta con la que se le trabaja.

En nuestros días, los tejos ya no forman bosques y su hábitat se ha reducido mucho, por lo que es poco habitual encontrar a este viejo ermitaño del bosque, muy raro. Este árbol es único en muchos aspectos; es venenoso y no tiene resina, la dureza y el color rojizo de su madera, la lentitud de su crecimiento, su longevidad, el aspecto sombrío pero siempre bello. El tejo es un ser misterioso, profundo e insondable. No es la visión racional el mejor medio para acercarse a este antiguo ser, para comprenderlo.

Al principio me ha parecido un árbol frío, quizás mi conocimiento de las tradiciones celtas que le relacionan con la muerte me ha distanciado de él. Transcurridos unos minutos su aparente frialdad no exenta de belleza ha transmutado en sabiduría, la sabiduría de un ser que puede alcanzar más de mil años.

El tejo es el símbolo viviente de la eternidad, se le compara con un dolmen por su condición de monumento funerario. Posee un aura muy poderosa, absorbente, pesada, como un agujero negro. Es evidente que no vendrá a llevarnos la Señora de la guadaña por dormir bajo el tejo, pero sí es cierto que se colocará muy cerca, posiblemente a nuestra izquierda.

Hoy he conocido a un viejo ermitaño del bosque, me ha mostrado la profundidad sin fondo de la muerte, la ausencia del tiempo, el vacío.

Viejo tejo sagrado, que tu fuerza de espíritu permanezca latente ante los hombres.



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